Habla, pregunta

Habla, pregunta
Habla, pregunta

Cuando empiezas a tener una trayectoria profesional de cierta envergadura llega un momento en el que automatizas absolutamente todos los procesos y tareas de tu actividad profesional, hasta tal punto que no aprecias el cómo haces las cosas. Es como conducir, al principio estás atento a los cambios de marcha, a los intermitentes, al embrague… pero a medida que vas adquiriendo experiencia tienes tan interiorizado todos esos procesos que lo haces de manera automática, casi inconsciente.

Esta circunstancia es muy buena señal pues significa que has aprendido, has llegado a ese punto en el que “dominas” la técnica. No obstante es un arma de doble filo pues tiene como consecuencia dos aspectos fundamentalmente:

1- Has perdido atención a cómo haces las cosas, a cómo puedes mejorar tu forma de hacerlas, simplemente las haces como las has aprendido porque o te lo han reconocido, o al menos nadie te ha dicho que está mal.

2- No pones en valor tu trabajo, tu dedicación, tu forma de hacer las cosas, lo ves como algo normal.

En mi trabajo me encuentro a muchas personas que tras años de profesión se encuentran en la situación de búsqueda de empleo, con un escenario muy distinto, como sabéis, a lo que estábamos acostumbrados y, si no todas, la gran mayoría de ellas no conocen su valía, no son conscientes del impacto que tiene que lo que han venido haciendo. Lo que para otros es un logro, para ellas es algo normal, rutinario: “Era mi trabajo” suelen decir.

A todas estas personas les recomiendo lo mismo a la hora de que reflexionen sobre su carrera profesional antes de la preparación de una estrategia de búsqueda de empleo, y es que hablen con sus compañeros de trabajo, que hablen con su entorno más cercano, que hablen, si es posible, con sus antiguos jefes y, en definitiva, con cualquier persona que con la que haya colaborado en entornos laborales o incluso no laborales.

Este ejercicio, que al principio puede suponer cierta incomodidad, es uno de los ejercicios más sanos que hay, pues te permite elevar a tu consciente todo aquello que hacías y sobre todo el cómo lo hacías, siendo este último aspecto la clave. Te permite ver como otros valoran determinadas competencias o labores que para ti no eran más que rutina, te permite poner en valor tus fortalezas y detectar tus puntos a desarrollar, te permite visualizarte en 3 dimensiones, eliminar determinadas creencias que tu sólo te has construido y contrastar tus propias reflexiones o conclusiones. En definitiva, te permite medir cuál es tu aportación a tu entorno, cuál es tu impacto, cuál es tu huella.

No cometáis el error de “arreglaros” solos, pues lo más normal es que no lleguéis a apreciar la dimensión real de vuestra valía. Estamos en unos tiempos en los que, entre otras, se valora mucho la capacidad de mejora de una persona de cara a su empleabilidad. Esta capacidad de mejora es imposible verificarla y contrastarla sin preguntar y hablar con aquéllos que han compartido contigo alguna etapa de tu vida laboral o personal. Aplica a tu persona y a tu desarrollo las técnicas de innovación, tú eres tu mejor producto y servicio y por supuesto, siempre puedes mejorarte.

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Autor: Antonio Guerra

Consultor de #RRHH y Empresas en @talento_local, Conocimiento, Desarrollo, PERSONAS

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