Fracaso

Comparto con vosotros el último artículo que escribí para la revista La Publi, y que fue publicado el pasado 20 de abril.

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¿Fracaso?

Comer y vivienda digna, son las necesidades básicas de toda persona. Si además consigues esos objetivos haciendo lo que más te gusta, mejor que mejor, la cosa funciona. El problema es cuando añadimos a esas prioridades “otras” que quizás no lo sean tanto, bien porque nos las imponemos nosotros sin medir razonablemente nuestro deseo, aptitud o actitud para cubrirlas, bien porque nos han sido impuestas por nuestro entorno.

El ritmo frenético que vivimos y la imagen de “éxito”  que nos venden en la publicidad y en el mundo de los negocios nos generan unas expectativas que realmente no son nuestras y que por tanto no han brotado de nuestro fuero interno. Estas expectativas pueden ser muy dañinas si no son bien gestionadas, causándonos una sensación de fracaso y frustración del todo innecesaria, llegando incluso a perjudicar a nuestro entorno más cercano, a veces de manera dramática. ¿Y es que acaso el éxito es un concepto absoluto?, ¿debemos llegar todos a la misma meta?, ¿debemos conseguir todo lo que nos dicen que debemos conseguir para ser personas de éxito? Cada uno tenemos nuestra idea de éxito, la clave es identificarla en nuestro interior y ponernos en marcha para alcanzarlo.

No es lo mismo no conseguir lo que realmente necesitas que no conseguir lo que realmente no necesitas. Uno de los aprendizajes de la época que estamos viviendo es que lo que antes creíamos que nos venía dado por el mero hecho de nacer, ahora hay que currárselo y no esperar a que te lo den hecho. Es lo realmente necesario lo que debe llevarnos a la acción, a poner todos los recursos a nuestro alcance para conseguirlo, olvidándonos o dejando a un segundo plano aquello que no es primera necesidad aunque, por otro lado podría suponer una mejora, pero no siempre es así. No se trata por tanto de tenerlo todo, si no de tener lo necesario, la base, los cimientos para, a partir de ahí, mejorar en lo que la expectativa de cada uno le dicte.

Uno de los aspectos que más me preocupa actualmente es la cantidad de personas que se sienten frustradas no por no tener seguras las cosas que realmente necesitan, sino por no tener aquellas cosas que si bien mejoran nuestro estilo de vida, realmente no son prioritarias, perdiendo del todo el enfoque de que ya poseen lo realmente necesario, y que lo único que deben hacer es seguir luchando por no perderlo, disfrutar con los suyos y en mejorar en aquéllos aspectos que sean realmente necesarios. Personas éstas quizás arrastradas por el consumismo y competitividad feroz al que nos incitan por todos lados, lo que provoca que acaben fijándose sólo en los demás, en lo que hacen y en lo que tienen, no en lo que son o aportan, y es entonces cuando pierden el Norte, cuando dejan de mirar en sí mismos y entran en el círculo vicioso del cabreo y frustración, primer paso que lleva a la larga al bloqueo total, a dejar pasar la vida por unas trivialidades que no son de primera necesidad. Es entonces cuando de verdad han fracasado.

El fracaso es un sentimiento que está ahí, formando parte de la vida como puede ser el éxito, no existen el uno sin el otro. Es muy difícil evitarlo ya que a nada que se tuerzan las cosas aparece de tal modo que si no es bien canalizado, puede hacernos perder la motivación para esforzarnos  y centrarnos en aquello que tengamos que hacer, poniendo foco en todo lo malo y trasladando la culpa a todo lo que nos rodea, eximiéndonos de la responsabilidad que tenemos nosotros mismos en hacer lo que esté a nuestro alcance para salir adelante.

No obstante, el fracaso es un sentimiento que, adecuadamente gestionado, puede actuar como el mejor acicate para volver a levantarse e intentarlo de nuevo, y que nos ayuda a centrarnos en lo que realmente merece la pena y necesitamos, y nos ayuda a reflexionar, nos ayuda a ver en qué podemos mejorar, nos ayuda, en definitiva, a hacer nuestro camino y preparar el caldo de cultivo adecuado para andarlo, eso sí, siempre alerta porque siempre habrá obstáculos, internos y externos.

Por otro lado, el fracaso actúa, al igual que el cuerpo humano avisa cuando algo no funciona, como alarma, para darte cuenta de que debes cambiar algo, algún hábito, alimentación, actividad deportiva, procesos de trabajo…, de ahí la importancia de ser consciente de la existencia del fracaso y saber perfectamente todo lo que estás haciendo en aras de un objetivo para rectificar a tiempo, o incluso a destiempo llegado el caso, aunque en esto de rectificar, nunca se llega demasiado tarde si nos conduce a un buen fin que no debe ser otro que sentirnos bien con nosotros mismos.

Focalízate en lo que te gusta y sobre todo ponte objetivos que realmente puedas cumplir pues una de las sensaciones de fracaso más repetida son las pequeñas o grandes proposiciones que te planteas pero que finalmente no cumples, bien porque te pusiste el listón muy alto, bien porque no dispones del tiempo necesario o bien porque sencillamente no es algo que verdaderamente necesites o no emanaba de lo más profundo de ti.

En definitiva, haz de tu vida algo sencillo en cuanto a rutinas y expectativas, bien escalonadas en el tiempo pero poniendo foco en la acción, para ello conocerte a ti mismo se  vuelve clave y es la base sólida para paliar el fracaso y aprender de él cuando lo sientas, porque no dudes que los sentirás en algún momento de tu vida. Por ello es importante que conviertas el fracaso en tu aliado, enfocándolo como un aviso de cambio, como una puerta a una nueva etapa, como una llamada de atención de tu interior, como una invitación a la reflexión, como una llamada a la acción.

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Autor: Antonio Guerra

Consultor de #RRHH y Empresas en @talento_local, Conocimiento, Desarrollo, PERSONAS

2 comentarios en “Fracaso”

  1. Estoy muy de acuerdo. Gran reflexión. Hay que ser humilde y vivir con lo necesario y no perder la prespectiva ni las esperanzas.

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