La tristeza como valor

Tristeza
Tristeza

¿Por qué no? forma parte de nuestro catálogo de emociones, aunque, por lo general, es de esas que tratamos de esconder, quizás porque muestra nuestra vulnerabilidad y nuestro lado más sensible. En una época en la que se trata de fomentar el optimismo y el pensamiento positivo por todos lados, reivindico la tristeza como una emoción tan “necesaria” e importante como la alegría. Para empezar tiene un aspecto que yo considero clave, y es que la tristeza te permite elevar a tu consciente todas aquellas vivencias o circunstancias que te han llevado a ese estado. Te permite, por tanto, reflexionar, analizar tus sentimientos y conocerte mejor.

No todas las tristezas tienen por qué significar vulnerabilidad, hay tristezas que demuestran la intensidad que le pones a la vida, hay tristezas que vienen tras una lucha constante por conseguir algo que finalmente no has logrado; hay tristezas que vienen por la pérdida de un ser querido; hay tristezas que vienen por la pérdida de una determinada situación, personal o laboral, cómoda o estable; o por situaciones pasadas que sabes que no volverán, o por el dolor ajeno. La persona que no sienta tristeza tras estas circunstancias, en mi opinión, tiene un problema. La tristeza te hace más fuerte…. si quieres. Por tanto la clave es como gestiones ese estado emocional. ¿Qué valores le veo a la tristeza?

1- Puedes visualizar aquello que has perdido y revivirlo, volver a sentir lo que sentías cuando lo tenías. Es importante tener presente lo que has pasado, las vivencias que has tenido, ya que puedes ser consciente de cuáles son tus cimientos, de aquellos principios y valores que has ido consolidando o descartando hasta formar tu personalidad actual. En definitiva conocer las bases para plantear tu futuro, rectificarlo, mejorarlo, elegirlo. El peligro, en este aspecto, es que te puedes quedar anclado en ese pasado, y esto es precisamente lo que se debe evitar. La clave es que si una vez fuiste feliz, puedes volver a serlo, pero debes conocer con qué “herramientas” contabas para serlo, y cuáles siguen siendo útiles para volver a serlo. En definitiva te das cuenta de lo valioso que es el momento presente, siempre nos pasa que valoramos las cosas cuando ya no las tenemos.

2- El conocer tu lado más emocional y tus posibles vulnerabilidades, aunque sea paradójico, te hace más fuerte. Tan peligroso es no saber cuáles son tus puntos fuertes como no saber cuáles son tus puntos débiles. Los primeros no pueden existir sin los otros y viceversa. El conocimiento de todas tus facetas te prepara para reaccionar adecuadamente ante futuras eventualidades y, no se trata de ocultar tu vulnerabilidad, ya que detrás de ella hay unos valores que forman parte de tu esencia, hay unos miedos, pero hay también una posibilidad de mirarte de frente al espejo y afrontarte, y poner soluciones para evitar que esos puntos débiles oculten tu lado más potente, y das una oportunidad a mejorarte, por lo que das una oportunidad a que tu entorno mejore.

3- Compartir la tristeza con tu entorno permite que te conozcan mejor, permite estrechar lazos o descartar los lazos que no te aportan o que no te permiten aportar. Al mostrarte permites que se entiendan determinados comportamientos tuyos, permites que se comprendan el por qué de tus opiniones. Mostrar tu personalidad no es peligroso, siempre y cuando te hayas aceptado a ti mismo, siempre y cuando lleves sujetas las riendas de tu vida, siempre y cuando todas tus facetas muestren integridad y capacidad de reacción. Parece que en un entorno laboral no es bueno mostrar determinados sentimientos, pero no puede haber una gestión emocional de las personas si no se conocen todas las emociones que las conforman. Integridad y tristeza no son incompatibles, todo lo contrario, eres el fruto de todas tus facetas, lo que importa es que haya autoaceptación y equilibrio.

4- Llorar no es malo, normalmente te sientes mejor después del llanto, es como si eliminaras lastre, es como si te limpiaras por dentro, es una “gimnasia” necesaria, es una puerta de tu esencia que se abre. A veces es necesario “disfrutar” el llanto, pero como todo en la vida, en su justa medida. Estamos en una sociedad en la que rehuimos de escuchar penas, pero éstas forman parte de la realidad. En plena efervescencia del individuo y del empoderamiento del mismo, la tristeza forma parte de nuestro catálogo, es una emoción más, que rompe barreras, que abre y profundiza amistades y relaciones, que une o separa (a veces las separaciones son necesarias y útiles cuando ya no hay nada más) y que permite que se amplíe la valoración hacia ti como persona. En definitiva la tristeza suele mostrar carencias afectivas, alertando a tu entorno. El afecto, el amor, el cariño, en toda su plenitud, es el motor de todo. Escuchemos esas alertas para actuar en consecuencia.

5- La tristeza también puede paralizarte. En mi opinión, y por mi experiencia, es bueno tener esos momentos de “parálisis”, pero siempre controlada y con el amor propio suficiente para sacar conclusiones y ponerte de nuevo en marcha con las decisiones tomadas. Tomar distancia, recuperar la objetividad, escarbar tu negatividad para entenderla mejor te permite darle a esos momentos de “autodestrucción” un enfoque constructivo. Es como deconstruirte para volver a construirte mucho más fuerte, ampliar tu visión frente a los avatares de la vida, y empatizar con ella y con todos los que participamos en ella.

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Autor: Antonio Guerra

Consultor de #RRHH y Empresas en @talento_local, Conocimiento, Desarrollo, PERSONAS

5 comentarios en “La tristeza como valor”

  1. Qué bonito Antonio! La tristeza es una emoción básica y necesaria. Para mi significa momento de recogimiento, reflexión, ternura, hibernación, aceptación y un largo etcetera. Si la abrazas sabe cuando marchar sola y qué dejar. Besazo!

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    1. Gracias Antonia, recogimiento, tú lo has dicho, esa palabra sintetiza muy bien lo que he querido transmitir. Yo soy de los que “disfruta” la tristeza, porque sé que después de ella viene algo mejor, y me ayuda a visualizar etapas de mi vida, como en modo cine, con banda sonora incluida. Un beso fuerte!

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