Cuando esperas

Prohibido esperar
Prohibido esperar

Cuando esperas que algo suceda, cuando esperas que alguien te ayude a solucionar tus problemas, cuando esperas a que te venga la inspiración, cuando esperas que alguien te llame, cuando esperas que las cosas cambien, cuando esperas que pase un día, y otro, y otro…

Cuando esperas que a que pase el verano, cuando esperas a que pasen las navidades, cuando esperas a que la cosa vaya mejor, cuando esperas a que la gente cambie, cuando esperas a que tú cambies, cuando esperas a que las empresas cambien, cuando esperas a que los clientes cambien, cuando esperas a que se fijen en ti, cuando esperas a que te vean diferente, especial, cuando esperas a que se den cuenta de tu valor…

Cuando esperas a tomar una decisión, cuando esperas a que algo pase para hacer una elección, cuando esperas que alguien las tome por ti, la decisión y la elección, cuando esperas a que llegue el día para tomarlas, cuando esperas a que no llegue el día para tomarlas…

Cuando esperas a que te llegue una idea, cuando esperas a que los demás no le lleguen, cuando esperas a que los demás se equivoquen, cuando esperas a que los demás acierten…

Cuando esperas todo, cuando ya no esperas nada, cuando esperar se ha convertido en tu agenda diaria, cuando ya no sabes a qué esperas, cuando el paso de los días ya no te deja ni esperar, cuando esperar ya no tiene sentido, cuando ya no sabes quién eres, cuando ya no te atreves a saber quién eres… cuando ya te da igual todo…

Cuando esperas no haces nada, cuando esperas no eres nada, cuando esperas te has olvidado de ti, cuando esperas la vida pasa, cuando esperas nada tienes y nada quieres, simplemente porque te has rendido, simplemente porque abandonas, simplemente porque te dejas llevar, simplemente porque no te merece la pena, y dejas todo de lado.

Nadie va a esperarte si no te lo ganas, nadie va a ayudarte si no te lo mereces, nada va a cambiar si tú no haces nada al respecto, nada ocurre si nada haces, lo único que pasa es el tiempo, ese tiempo que es TUYO, que te pertenece, que te ha sido concedido y que, por esperar, estás desperdiciando.

¿A qué esperas?

¿Cumplir, o aportar valor?

Aporto Valor

En toda oferta de empleo se nos pide, en el detalle del perfil, el cumplimiento de una serie de requisitos tanto técnicos como competenciales los cuáles, en muchos de los casos, son bastante complicados de poseer en su totalidad. Esto ocurre especialmente en los aspectos competenciales, es decir, en aquéllos que están ligados a la personalidad, a la persona en sí.

Al igual que cada uno de nosotros tenemos muestra propia definición y percepción de, por poner un ejemplo, la competencia “Liderazgo”, lo mismo ocurre en las empresas. Todas las compañías tienen líderes y, por tanto, tienen también su propia definición, concepto y percepción del liderazgo. Sin menoscabo de que todas estas definiciones y percepciones tengan puntos en común, liderazgo es liderazgo al fin y al cabo, las diferencias existentes son las que, finalmente, van a confeccionar el estilo de liderazgo que existe en una empresa, algo que sin duda incidirá en la operatividad y procedimientos de la misma y, cómo no, en su cuenta de resultados. Esas diferencias de percepción o estilos de liderazgo no vienen definidas desde el principio, es decir, seguramente desde el momento en el que se fundó la empresa no se decidió qué tipo de liderazgo se llevaría a cabo, y si se decidió, lo normal y lo “sano”, es que ese estilo de liderazgo haya evolucionado con el tiempo. Esto ocurre en empresas digamos “personalistas”, aquellas en las que hay una clara figura referente, que normalmente es la fundadora de la misma. Pues bien, cuando alguien hereda la dirección de esa empresa, es normal que el nuevo líder quiera poner su sello personal, introduciendo nuevas tendencias e innovaciones en cualquier área. Incluso en una misma empresa, a nivel departamental, se produce una evolución en el estilo de liderazgo cuando cambia la persona que ocupa el puesto de dirección del departamento, y no digamos en las adquisiciones de empresas. Al igual que con el Liderazgo, ocurre lo mismo con el resto de competencias tales como Negociación, Trabajo en Equipo, Orientación al Cliente, etc…

En resumen, quien crea, quien da forma, quien hace evolucionar el concepto de cada una de las competencias identificadas en una empresa es la persona que ocupa cada uno de los puestos de trabajo, esa es la clave.

Llevado al terreno de las candidatas y candidatos que responden a una oferta de empleo, lo lógico es que puedan cumplir con alguna competencia, o incluso con todas, pero lo complicado es que cumplan con el estilo de ejecución de todas esas competencias que se solicitan, simplemente porque no han trabajado en esa empresa. ¿Cómo encajar tu perfil competencial con el de la empresa que oferta el empleo? Pues bien, no se trata de adaptar al 100% su estilo, entre otras cosas porque no pueden conocerlo a la perfección y además, ¿sería bueno que destruyeran su propia esencia, su estilo, su naturalidad a la hora de ejecutar esas competencias?, a la larga acabarían por no funcionar llevándoles a la frustración. Entonces, ¿qué hacer?

Actualmente es relativamente sencillo conocer en buena medida el “estilo” de determinadas competencias de una empresa; Internet, la publicidad, las redes sociales y los contactos pueden darnos bastante información al respecto. Ese ejercicio es muy importante hacerlo pero no sólo previo a la entrevista si ésta se diera, ese ejercicio hay que hacerlo en el momento en el que diseñas tu estrategia de búsqueda de empleo detectando tus sectores y empresas “diana”. Ahora bien, el ejercicio más complicado es cuando tienes la información. Por un lado conoces lo que se pide en esa empresa, y por otro conoces quién eres y cuál es tu perfil competencial, es el momento entonces en el que debes de trabajar sobre lo que aportas, es decir, qué evolución darías a ese estilo de competencia, en definitiva, cuál sería tu VALOR AÑADIDO.

LOS RECLUTADORES DE TALENTO, BUSCAN SABER ¿POR QUÉ TÚ Y NO OTRO?. ANTONIO GUERRA Y MAITE FINCH.

Que haya profesionales como Maite Finch, volcados con aportar valor en el desarrollo personal y profesional de las personas, es siempre un motivo de admiración. Que además, como persona, tenga la generosidad de dar lo mejor de sí en beneficio de las personas, es un motivo de profundo respeto y que, además, apueste por el fomento de sinergias y la colaboración como valores fundamentales en su día a día, es un motivo de reconocimiento. Colaborar con Maite en la redacción de este artículo es un honor. Me siento orgulloso de contar con su amistad “digital” que a buen seguro se dervirtualizará en breve. Seguro que es el comienzo de futuras colaboraciones.

Hemos hecho este trabajo con mucho cariño y con la voluntad de orientar y servir de ayuda. Esperamos que os sea de utilidad.

Actitud, personalidad y competencias como elementos clave.

En todo proceso de selección, a la hora de definir el perfil del puesto de trabajo a cubrir, se tienen en cuenta dos grandes aspectos:

– Perfil Técnico: En donde se contemplan las características técnicas necesarias para desempeñar el puesto, como la formación y conocimientos, los años de experiencia, idiomas e informática, principalmente.

– Perfil Personal: En donde se contemplan las características más relacionadas con la persona como las competencias y habilidades, la actitud y disponibilidades, entre otros. Es en este campo en donde se busca la esencia de la persona.

A la hora de afrontar una preselección, los reclutadores nos basamos en primer lugar en las características reflejadas en el perfil técnico, pues son más fácilmente medibles en la lectura de un currículum vitae. Sin embargo las características del perfil personal deben ser recabadas necesariamente por distintas fuentes, siendo finalmente, las impresiones obtenidas, contrastadas y confirmadas en una entrevista personal y de manera muy objetiva.

Aún así, haciendo una lectura minuciosa del currículum, se pueden detectar o intuir entre líneas determinados aspectos personales. A este respecto, añadir que hoy en día las redes sociales pueden aportar mucha información de las características personales del candidato, y que conforman su esencia. Esta cuestión debe estar muy presente en los que buscan trabajo, pues un proceso de selección no empieza y termina en una entrevista o llamada telefónica o en el visionado del currículum; un proceso de selección es uno mismo, empieza en un ejercicio de reflexión y auto conocimiento del propio candidato.

Es aquí donde entra en juego la llamada Marca Personal. Los mensajes o contenidos que un candidato lanza, o comparte, su manera de comunicar y argumentar, los valores, inquietudes e intereses que le mueven, el tener su perfil completado o abandonado son todos factores sintomáticos de su actitud. Al igual que es importante que se vea una integridad en la vida real, también lo es en el 2.0, y no digamos en una red social profesional.

En la vida real, además, no cuidar los detalles como el tener el currículum incompleto o desactualizado, sin rigor y sin análisis previo del puesto, de la empresa y de su clima y valores, así como el tono de voz, la argumentación, el lenguaje no verbal o la claridad de exposición, puede ser igualmente muy contraproducente. El estar por estar en un proceso de selección es síntoma de una mala o nula estrategia y, por ende, puede denotar falta de interés, ya sea por el puesto o empresa o, lo que es peor, por trabajar en sí mismo.

Por lo tanto, el análisis y valoración del perfil técnico permite a los reclutadores hacer una preselección de candidaturas que entran dentro de la “órbita” del puesto a cubrir. Pero para la fase de entrevistas, en donde se profundiza en la personalidad del individuo, se tienen en cuenta tres elementos claves y que pueden ser definitivos para decidir la candidatura más idónea. Son los siguientes:

1- La ACTITUD, entendida en toda su globalidad, la que parte de un profundo conocimiento de sí mismo y de unos objetivos muy claros, siendo por ello consecuente en su modo de actuar. La ACTITUD suple, y en muchos casos con creces, la carencia de conocimientos o años de experiencia de un candidato para un determinado perfil. Con actitud, el candidato, una vez incorporado y en muy poco tiempo, es capaz no sólo de cubrir perfectamente los requerimientos del puesto si no que incluso hasta puede superar las expectativas iniciales. En definitiva, se trata de que en la entrevista se muestre de manera palpable su propuesta de valor, su factor diferencial, su valor añadido.

2- La ADECUACIÓN DE LA PERSONALIDAD del candidato con la personalidad de la empresa o departamento de la vacante a cubrir. De nada vale un buen candidato si su carácter o sus valores chocan con el de sus futuros compañeros o colaboradores. Este aspecto está íntimamente relacionado con la Actitud, ya que sin ella, es imposible que un candidato se muestre con total naturalidad durante el proceso de selección, dando a conocer su verdadera personalidad, con sus cualidades y con sus puntos de mejora o desarrollo. Si hay Actitud, es más sencillo para el reclutador ya que le permite hacer una correcta valoración de su adecuación a todas las variables “sociales” del entorno que rodea al puesto a cubrir.

3- COMPETENCIAS que la persona tenga y que debe demostrar. Una de las grandes preocupaciones de las empresas es que el candidato, una vez incorporado, demuestre su nivel competencial en sus conductas y en los hechos. Demostrar tu nivel de competencias en entrevista se hace por tanto imprescindible ya que permite al reclutador visualizar al candidato en su empresa, evaluando si su forma de proceder encaja. En este sentido que el candidato no sólo cuente lo que ha hecho, si no que transmita cómo lo ha hecho, ya sea en logros o en situaciones críticas, permite al reclutador visualizar al candidato en el puesto y en la empresa, y valorar en consecuencia. En este terreno las recomendaciones basadas en las conductas del candidato en cuestión en anteriores empresas pueden ser una información añadida muy valiosa para confirmar o no lo detectado durante la entrevista.

En definitiva, la mayor de las grandezas del ser humano es que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia identidad y personalidad, es que cada uno de nosotros tenemos nuestras peculiaridades, lo que nos hace ser únicos como individuos. El saber identificar aquello que te hace ser quien eres, el conocerte, el mostrar tu esencia y trabajar sobre ella potenciando y desarrollando diferentes aspectos según la necesidad, y siempre en base a una estrategia y objetivos claros, hace que encuentres tus factores diferenciadores que son, en definitiva, los que te permiten aportar valor, los que te permiten crear tu propia Marca Personal, en el 1.0 y en el 2.0. La existencia de este ejercicio de autorreflexión se percibe desde la primera comunicación con el candidato, ya sea escrita o hablada, pero de la misma manera se percibe la ausencia de él. Eso es ACTITUD, lo que te permite mostrar tu esencia, todo lo demás viene de la mano.

¿Cómo me preparo entonces todo esto?, Maite Finch nos lo cuenta:

Vamos a partir primero de un punto crucial, para que no nos acomodemos ¿vale? 😉

La mayor parte de las ofertas de trabajo casi no se publicitan, pues actualmente al reclutador le es más fácil y práctico buscar talento en las redes y comprobar sus recomendaciones, actividad y logros.

La oportunidad surge actualmente de las relaciones profesionales. Señalemos con esto, no sólo de a quién conocemos, sino a quién estamos intentado conocer y generar una interacción.

Los reclutadores buscan un profesional que les cubra una serie de necesidades funcionales y una serie de objetivos profesionales. Con esto quiero señalar que, vale la pena definir nuestro perfil o currículum, no tanto por nuestro título académico, sino por nuestro puesto profesional que nos define o al que estamos tratando de llegar.

– No es la primera vez ni la última, que un potencial candidato se convierte en una oferta de valor que las empresas no habían considerado y de repente, surge la oportunidad. Con lo que, no digas “no hay trabajo”, crea tu valor y difúndelo.

Las redes sociales han revolucionado los canales a través de los cuales se accede a ofertas-demandantes de empleo

– Si antes había competencia entre candidatos ahora hay más cantidad, pero ¡ojo! no siempre en calidad

Bien, teniendo claro esto, necesitamos potenciar nuestra marca personal, diferenciadora de otros candidatos. Así que:

– Realmente nadie te obliga a crear tu marca personal, es que ya la tienes y va impactando al mundo cada minuto… ¿la manejas o la dejas totalmente al libre albedrío?

– Tu marca personal afecta e impacta desde el primer segundo queinteractúas virtual o presencialmente con alguien.

– Hay multitud de profesionales como tú, ¿tú sabes en qué eres diferente?

– Enviar trescientos (por decir algo) impactos continuos de que necesitas clientes o trabajo, impacta en tu marca personal, pero no de la manera adecuada.

– Seguro que hay alguien mejor que tú, pero no se trata de eso, el cliente quiere “el mejor” según sus criterios… con lo que como digo siempre hay un tipo de cliente para cada tipo de profesional. La diferencia que tu marcas es el motivo de elección de tu cliente, no que seas mejor que nadie (esto es súper relativo y subjetivo).

– Como todo en esta vida, esto se aprende… ¿estás esperando que te venga la inspiración y el libre albedrío destaque tu valor?

– “Es que los clientes/empresas que quieran trabajar conmigo/contratarme, se pondrán en contacto conmigo” (el eterno “ya llamarán si quieren algo”) Sí es posible, pero eso es un proceso laaargo, que no va a darte los resultados que buscas. Porque esto se mueve a una velocidad de vértigo, y hay profesionales igual que tú (no siempre mejores que tú) que están demostrando una actitud mucho más proactiva que la tuya.

Con lo que, teniendo en cuenta los aspectos comentados por Antonio Guerra, te sugerimos:

1- ACTITUD Y PERSONALIDAD

SUGERENCIA:

– Analiza, cual está siendo tu actitud presencial y virtualmente. Si no es coherente (no que sean los mismos) o no responde a los valores del mercado al que estás intentando acceder… ¡cambia y reformula tus valores! Luego hazlo saber a todo el mundo: ¿cuáles son los valores que rigen tu profesionalidad? ¿qué le aportarían a la empresa?

– Analiza, ¿cuál es tu forma de ser? ¿qué es lo mejor de ti? ¿qué ventajas diferenciadoras puede aportar a un proyecto, tu forma de ser?

– Hazlo saber

2- COMPETENCIAS

SUGERENCIA:

Se nota enseguida cuando un profesional domina sus competencias y tiene claro lo que sabe y quiere aportar y por qué puede aportar una diferenciación. ¿Cómo se nota? Porque, describe, demuestra y proporciona datos objetivos sobre:

– Los logros conseguidos.

– Qué ha hecho para conseguirlos.

– Qué ventajas aportaron esos logros a la empresa o al proyecto.

– Las dificultades que tuvo que superar y cómo lo hizo.

– Lo que ha aprendido.

– Lo que cambiaría.

– Cómo pueden sus logros dar valor a la nueva empresa o proyecto.

Llegados este punto, insisto en que estás tardando en reflexionar sobre estas indicaciones que te proporcionamos y trabajar en ellas como si fuera tu nuevo puesto.

Tú tienes un puesto temporal ahora del que depende tu futuro.

¿Estás dando lo mejor de ti para conseguir el nuevo empleo que deseas? 😉

Pequeñas cosas

Tu momento
Tu momento

Desde luego que sí.

Muchas veces olvidamos que son los pequeños detalles los que nos aportan la sensación de felicidad. Nos dejamos llevar por las “preocupaciones” del día a día, la mayoría de ellas provenientes bien del trabajo, o bien de la búsqueda del mismo, o bien de otras obligaciones y de todo aquello que nos genera tensión en mayor o menor medida, de tal manera que dejamos de lado aquello que nos aporta bienestar y energía para seguir adelante. Basamos la vida como una lucha por encontrar la felicidad sólo a través de estas cuestiones que nos generan tensión, y no caemos en que son los pequeños momentos de bienestar los que nos alimenta el alma, los que nos reconforta con nosotros mismos, los que nos aportan la energía necesaria para seguir en la brecha, los pilares sobre los que se sustenta tu vida, las fuentes de donde emergen tus valores, los que te hacen ser tú y forman parte de ti. Lo mejor de todo es que estos momentos de bienestar y felicidad están por sí mismos en muchos de los casos y no es necesario luchar por ellos sino simplemente dedicarles el tiempo y la atención necesarias: jugar con tu hijo, escuchar tu música favorita, leer o simplemente observar, estar sólo si quieres… son cosas que están ahí, a tu disposición, acompañándote, invitándote a cuando quieras detenerte en ellas. No es necesario que te partas el alma para disfrutarlas, las tienes y ya está. Pero no las vemos.

Lo más grave es que hay mucha gente, con tal grado de “contaminación de lo rutinario”, que no sólo los olvida a menudo, sino que ya no son conscientes de la existencia de estos pequeños detalles y momentos.  Basan su vida en la lucha diaria para la consecución de estos momentos que ya podrían disfrutar, sin darse cuenta de que no todo es trabajo y obligaciones. Se han olvidado de trabajar en sí mismos. No “ven” a sus hijos crecer, no conversan con sus amigos o conviven con su pareja, no disfrutan de lo que les gusta, es más, no se acuerdan de lo que les gusta. En definitiva, han dejado de conocerse.

Mientras estemos vivos debemos disfrutar de estos momentos, de estas “pequeñas cosas”. Estar vivo y sentir la vida es lo que realmente nos debe preocupar, si no te pasarás la vida luchando por “grandes cosas”, dejando de lado las “pequeñas cosas”, que son las que realmente pueden hacer que tu vida sea GRANDE. Los romanos lo llamaban “CARPE DIEM” que quiere decir “aprovecha el momento”, ¿conoces tus momentos?

Y de paso trabajas en ti…

Mirarse al espejo
Mirarse al espejo

Muchas de las personas emprendedoras que estoy conociendo últimamente tienen en común una máxima prioritaria, la de crear una empresa sólida y que responda las necesidades de su mercado, con unos productos o servicios de calidad, con una estructura y procedimientos muy definidos, los aspectos burocráticos debidamente tramitados y una marca y productos debidamente registrados. En definitiva, que desde el “minuto 0”, desde el momento en el que “salen a la calle”, el proyecto funcione al máximo y empiece a generar rédito.

Bueno, desde luego estoy de acuerdo de que el objetivo final de todos los emprendedores es ese, el crear una empresa o proyecto que funcione pero, ¿qué hay de la persona emprendedora?

Es básico que, tras el nacimiento de la “Idea”, se plasme acto seguido en papel el desarrollo de la misma, teniendo en cuenta todas las variables que acompañan en la generación de un negocio. Es lo que se llama el “Plan de Empresa”. Este documento sin duda es fundamental para visualizar el proyecto, y adquiere especial interés cuando se le da un tratamiento flexible, es decir, que esté sujeto a cuantas rectificaciones y matizaciones sean necesarias en función de cómo responda el Mercado hacia el que diriges el negocio.

No obstante, en mi opinión, emprender no es crear una empresa, esto es una consecuencia final. Emprender es crear una marca y dotarla de contenidos y valores, adquiriendo una esencia que la hace reconocible y visible y, sin lugar a dudas, esto se trabaja desde la persona, desde el emprendedor o emprendedora. Hay un camino previo y paralelo al inicio de la actividad que necesariamente hay que recorrer y que, aun no asegurando al 100% el éxito del negocio, sí que aumenta las posibilidades, sobre todo porque te permite, ante los fracasos y errores que se cometen, que siempre los hay, tener una actitud adecuada para aprender de ellos y, como decía antes, rectificar o matizar, e incluso cambiar del todo alguna cuestión. Esta es la clave, evolucionar para sobrevivir y crecer, tal y como nos demuestra la Naturaleza.

Para mí, el primer trabajo que hay que hacer a la hora de emprender es con uno mismo, y más en estos tiempos en los que hay mucho “emprendimiento por necesidad”, es decir, personas que han decidido dar el paso porque no les queda más opción. En este colectivo, más si cabe, se debe trabajar en la persona. La prueba es que muchos de ellos se bloquean en cuestiones burocráticas y técnicas, y cómo no comerciales, esperando que se dé una determinada circunstancia para dar el paso o avanzar, y no digamos los miedos que acompañan siempre en el camino del emprendimiento, miedos muchos de ellos infundados por el simple hecho de que surgen de meras hipótesis, en definitiva, de la “No Acción”, otros por la inexperiencia en este tipo de contextos y otros simplemente, originados por la desesperación del momento que, por otra parte, es totalmente comprensible.

Trabajar con uno mismo es realizar todas las conductas necesarias que te ayuden a conocerte, a saber qué es lo que sabes y quieres hacer, a conocer qué te apasiona, a saber transmitirlo, a pedir ayuda y dejarte ayudar, a analizar el entorno y situarte en él, a marcarte y consolidar unos principios y valores que formando parte de tu persona, sean la base sobre la que se cimente la “esencia” de tu negocio. Es conocerse a sí mismo, es mirarse al espejo. Además es saber canalizar los miedos y transformarlos en retos, es sacar partido a los momentos de bajón, que los hay, y además es bueno que los haya si sabes canalizarlos y revertirlos en empuje y motivación. Trabajar en uno mismo es conseguir no obcecarte por la consecución del objetivo final, de tu sueño, es disciplinarte para hacer todas las pequeñas acciones y dar esos pequeños pasos necesarios para avanzar, es estar preparado para cambiar cuando la situación lo requiere. Con este comportamiento el sueño se cumplirá, y muchas veces de la manera en la que no tenías previsto. Conozco muchas personas que partieron de una idea emprendedora y una vez en Mercado esa idea ha sufrido cambios, en muchos casos giros de 180 grados.

Por último, a los “emprendedores por necesidad” les diría una cosa: conozco emprendedores que una vez consolidado su proyecto, éste ha sido comprado por grandes empresas, volviendo a convertirse, en algunos casos, en trabajadores por cuenta ajena. También conozco casos de emprendedores que han sido contratados por otras empresas en pleno proceso de emprendimiento, dada la visibilidad que han adquirido durante el mencionado proceso.

Lo que quiero decirles es que emprender no necesariamente conduce a la creación de una empresa, de paso te permite trabajar en ti y llegar a límites que en otras circunstancias no llegarías y, lo que es interesante, te permite ser “visible” y quién sabe, puede que alguna empresa  se fije en ti para contratarte. Es decir, te permite de manera indirecta hacer una buena estrategia de búsqueda de empleo, ya sea propio o por cuenta ajena. Creo que se matan varios pájaros de un tiro ¿no?