La búsqueda de empleo empieza con la Actitud

Desde este espacio agradezco a mi amigo Juan Fernández Olmo, del Bufete Ignacio Fernández en Vélez-Málaga, firma con la que colaboro, la oportunidad de redactarles el artículo que podréis leer a continuación. En el mismo he querido hacer especial hincapié en la actitud que se debe tener para afrontar la búsqueda de empleo en estos tiempos tan complicados. Espero que os resulte de interés.

“Sin duda es el currículum la herramienta fundamental a utilizar en toda estrategia de búsqueda de empleo, sin embargo no es la “materia prima”. En los tiempos que corren, un buen currículum no es ya suficiente para alcanzar al menos una entrevista de trabajo.

La principal clave de un buen currículum es que éste ha de reflejar, entre otras,  no sólo la información académica y profesional de la persona interesada, si no que, en una lectura entre líneas y, en determinados puntos de manera explícita, debe transmitir al reclutador los valores, las competencias y las motivaciones que conforman su personalidad. Por lo tanto, un buen currículum es aquél que transmite la personalidad que hay en el profesional que lo representa, mostrando a las claras que esa persona ha realizado un profundo ejercicio de autorreflexión y autoconocimiento, y que le hacen sentirse plenamente identificado con lo reflejado en el documento. Esto no asegura una entrevista de trabajo, desde luego, pero al menos hace aumentar las probabilidades para ello.

Esa personalidad se hace patente, y muchas veces de manera involuntaria siempre que en el interesado se dé un factor crítico, que es la ACTITUD. Me refiero a la actitud frente a la vida en general y por supuesto frente a la búsqueda de empleo, en particular. Os puedo asegurar que con esta actitud, llegado el caso de una entrevista personal, el candidato no hará más que confirmar y consolidar de manera fluida y segura la información contenida en el documento.

Profundizando en la actitud a la que hago alusión, desgraciadamente vivimos unos momentos de extrema dificultad y no es necesario recordar las cifras de paro que minan nuestro crecimiento como Sociedad y el desarrollo profesional y personal de las personas que lo sufren. En este marco es de suma importancia que la persona desempleada sepa discernir, a la hora de buscar una solución al trance por el que está pasando, cuáles son los factores extrínsecos (que no dependen de él) para dar con la solución, y cuáles son los factores intrínsecos, esto es, los que sí dependen de él, para llegar a buen puerto. Es en este momento en donde comienza la Actitud, es decir, el dejar de ver la situación en el enfoque de “víctima”, y empezar a verlo desde el enfoque de “responsable”, lo que le permite finalmente pasar a la ACCIÓN.

Las personas que son capaces de llegar al enfoque de “responsable”, aceptando la situación que la rodea y centrándose en lo que pueden hacer para mejorarla, son capaces de actuar en consecuencia, haciendo un riguroso análisis de sí mismo y trazar un mapa (o una estrategia de búsqueda de empleo) que les acercará a su objetivo, el de encontrar trabajo o, por qué no, autoemplearse. Me gustaría recordar que en estos momentos son numerosas las personas que, a pesar de “la que está cayendo”, está creando pequeños comercios y negocios. Estas personas sin duda han pasado a la acción.

En este sentido, la persona “responsable”, focaliza la estrategia en aquello que le apasiona o le gustaría dedicarse, aquello para lo que ha estudiado o ha tenido experiencia. Esto es de suma importancia, pues le permite, de cara a elaborar el currículum, a trazar el camino y a diseñar la estrategia, el poner en valor todos aquellos aspectos, todas aquellas habilidades y competencias y todos aquellos logros que ha adquirido y desarrollado a lo largo de su trayectoria profesional y académica, y que bien podría capitalizar en el futuro empleo, esté o no relacionado con lo hecho anteriormente. Es entonces cuando la persona está preparada para afrontar el cambio y actuar.

Todo esto se transmite en el currículum y es percibido por el reclutador. Además, de cara a una entrevista de trabajo, permite al candidato transmitir la información de manera segura y fluida, tanto en su modo de comunicar, como en su argumentación y por supuesto en su comunicación no verbal.

Este es el germen de la famosa Marca Personal, la cual, una vez lograda en el 1.0, es decir, en el mundo real, puede ser perfectamente extrapolada en el mundo 2.0, lo que abre un amplio abanico de posibilidades de encontrar y generar oportunidades laborales.”

Nuestros jóvenes

Jóvenes resignados

La semana pasada tuve la oportunidad de dar una charla en un instituto sobre estrategia de búsqueda de empleo y preparación del currículum a chavales de entre 16 y 18 años.

En esas edades tienen otras preocupaciones lógicas de la adolescencia y que sin duda deben vivir y sentir para conformar su personalidad y madurar. Sin embargo percibo que esta generación se ha encontrado con un escenario mucho más complicado que el que me tocó vivir a mí a su edad, hace ya 20 años. No sólo me refiero a la situación económica y de desempleo si no también a la pérdida de ciertos valores, sobre todo aquellos que apelan al amor propio y espíritu de superación y, en definitiva, los que te permiten que te pongas en valor. No voy a entrar a profundizar en los factores que han llevado a la pérdida de esos valores pues son muchos y me llevaría mucho tiempo, tan sólo quiero centrarme en la realidad que vi aquella mañana.

Esta generación, que tomará los mandos de la Sociedad dentro de unos 20 años, está perdida y muy poco estimulada, están rendidos ante la realidad y no tienen intención de hacer nada para remediarlo. Por otro lado creo que no les corresponde a ellos, al menos de momento. Es una generación muy poco escuchada, además de ser una generación muy abandonada a su suerte. Cuando acaben el instituto y se encuentren en la calle les llamaremos “Ni-Nis”  y les haremos responsables de su desidia cuando ni siquiera hemos sido capaces de dotarles de un entorno en donde puedan demostrar sus aptitudes y desarrollarse como personas y profesionales. Ante este escenario, te encuentras con unos chavales que lejos de querer comerse el mundo y demostrar, como debiera ser a su edad, sólo quieren divertirse y no hacer nada que suponga un esfuerzo ante la cruda realidad que les rodea, hasta tal punto que ven casi imposible crecer y prosperar, pensando en que hagan lo que hagan, estudien lo que estudien, nunca encontrarán empleo y, si lo hacen, éste no les aportará más que unos meses de experiencia y, si se da, un poco de dinero para sus fines de semana y sus móviles de última generación. Claro que hay excepciones, como siempre, pero este es el pulso general que tomé aquel día.

Por otro lado están viendo, cosa que me aterra, y gracias a la televisión en mayor medida, que no es necesario esfuerzo para triunfar y convertirse en ídolos (no necesito dar nombres), y perciben a un Rafa Nadal, por ejemplo, como un bicho raro que se tortura constantemente para lograr éxitos, y aun así no siempre gana. En definitiva, les noto perdidos y desmotivados.

Por otro lado, no quiero ser demasiado negativo, pues cuando les “tocas” de manera individual, valores y principios de antaño y de siempre, cuando les haces ver en qué contextos han demostrado su valía y determinadas competencias y en qué contextos podrían demostrarlas y desarrollarlas, dan un respingo sobre su silla y empiezan a interesarse por lo que  les comentas, y notas como perciben y se dan cuenta de que realmente valen, que pueden hacer algo importante. Es entonces cuando ven que pueden ponerse en valor.

Ellos no quieren falsas promesas y todo teorías. Quieren utilidad, quieren resultados, y algo o alguien que les sirva como un resorte. Se tienen que dar cuenta que pueden conseguir pequeños logros y que, con el tiempo y mucha constancia, esos pequeños logros pueden transcender en éxitos, pero para ello deben saber quiénes son, saber quiénes quieren ser y saber a dónde quieren llegar. A partir de ahí necesitan personas inspiradoras, padres, profesores y personas de su entorno, que les ayude a encontrarse a sí mismos y a ponerse en valor. Han aprendido teoría, han aprendido qué cosas se hacen y qué cosas se pueden hacer, pero no han visto o no han aprendido cómo lo pueden hacer ellos, cada uno de ellos. Ver el cómo hacer las cosas les hace percibirlas como posibles y, por tanto, verlas cercanas. Les ayudan a darse cuenta de sus virtudes y de sus aspectos de mejora y, en función de eso, pueden ver qué son capaces de hacer y pueden ponerse en acción.

Más allá de cuestiones teóricas, siempre necesarias, necesitan reafirmar sus valores individuales, verlos en funcionamiento y en su aplicación diaria. Necesitan creer y necesitan ver resultados a corto plazo. En esa edad se tiene un concepto de utilidad de las cosas muy cortoplacista, lo que no les sirva de inmediato, les aburre y lo abandonan.

“Piano piano si va lontano”

Tu camino
Tu camino

Este dicho italiano que da título al “post” viene a decir, para los que no lo conozcan, que paso a paso se llega lejos. Nada más cierto. Ahora bien, hay dos aspectos que hay que tener muy claros a la hora de emprender un camino, antes de dar el primer paso:

1- Qué es lo que quiero hacer.

2- Hasta dónde quiero llegar.

Llevado al terreno del emprendimiento o de la búsqueda de empleo o a cualquier otra parcela de tu vida esta es la fórmula a aplicar, lo que hay en medio de ambos aspectos es la acción, es decir, el llevar a cabo en el día a día las tareas necesarias para llegar hacia el objetivo que te has planteado, en definitiva, dar los pasos, eso sí, con mucha perseverancia y pasión.

Esta es una hoja de ruta muy sencilla, muy simplificada, pero no obstante son los dos grandes pilares sobre los que basar cualquier acción. Ahora bien, hay que decir que somos personas y, como tales, entran en juego, a la hora de plantearse cualquier meta u objetivo, a la hora de diseñar tu “hoja de ruta”, todo lo que engloba a la persona: sentimientos, miedos, sensaciones, creencias, experiencias, estados de ánimo, entorno social, entorno familiar, educación, conocimientos, inquietudes, ilusiones, frustraciones, éxitos, fracasos, obstáculos, salud y así un largo etcétera. Sin duda esto lo complica todo, y, desde luego, puede llegar a bloquearnos si no es convenientemente canalizado.  La gestión de todos estos elementos que nos conforman es nuestra verdadera riqueza y lo que nos aporta un aprendizaje diario, un verdadero desarrollo personal pero, repito, si no es convenientemente canalizado, nos puede condenar.

Pues bien, simplifiquemos, empecemos por poner foco en todo lo positivo que tenemos, en aquello que nos gusta, que se nos da bien, en nuestras potencialidades. Repasemos mentalmente nuestras vivencias y saquemos todo lo positivo, pero saquemos también lo que hemos aprendido de lo negativo, y todo aquello en lo que podemos mejorar. Pongámoslo en valor, primero en nosotros mismos y después, mostrémoslo a los demás y, si no sabéis o podéis mostrarlos, no os preocupéis, saldrán por sí solos, siempre y cuando lo tengáis claro, y tengáis perseverancia y pasión.

Con todos estos ingredientes pensad, ¿hacia dónde queréis llegar?, ¿podéis visualizaros en la meta que os planteáis? Esto es importante, visualizaros, poder sentir en este momento lo que sentiréis cuando estéis allí. ¿Os gusta lo que sentís, os gusta lo que visualizáis?

Pues bien, ya tenéis vuestras herramientas, todo lo que os sirve para empezar a andar y, por otro lado, ya tenéis la meta a la que queréis llegar. Ya podéis dar el primer paso, lo que ocurrirá durante el camino es mucho, sin duda: miedos, obstáculos, éxitos, logros, fracasos, errores, alegrías, rectificaciones, lastres, fuentes de energía, estados de ánimo, aprendizajes, desaprendizajes…

Esta es la vida, pero quizás lo mejor de ella, lo que la hace apasionante, es que si empezáis a dar los pasos, conoceréis vuestro camino, día a día, poco a poco, masticando vuestros pasos, dando mordiscos a la Vida.

¡Ya soy Director!, Director de mi vida

¡Dirijo mi vida!
¡Dirijo mi vida!

Hay muchos puestos de trabajo. Todos, quien más quien menos, hemos tenido y tenemos la ambición de ocupar el puesto de mayor categoría y nivel dentro de una empresa o de un departamento porque, entre otras cosas, nos aporta reconocimiento social y porque, en definitiva, suele ir emparejado a un nivel de adquisición que nos resuelve, si no todos, la gran mayoría de los problemas. Lo que está claro es que todos no podemos llegar a ocupar los puestos más altos, por diferentes motivos, quizás el principal es que resultaría del todo inviable.

Independientemente de esto, hay un puesto de “trabajo” del que muchas veces nos olvidamos, y al que no le damos la importancia debida, es el de “Director de mi vida”. De nada sirve tener un puesto de trabajo, el que sea, si no hay trasfondo en tu vida, esta es la clave. Coger las riendas de tu vida, tener la certeza de que independientemente al puesto que ocupes, al trabajo que tengas, a lo que hagas, eres capaz de superar todos los obstáculos que se te pongan por delante, a adaptarte y provocar los cambios, a rectificar, a mejorar, a aprender, a disfrutar en cada instante de aquello que te gusta, de los pequeños detalles, a compartir, a sonreír, a cometer errores, a aprender de ellos, a aportar en cualquier contexto en el que te muevas, a tener pasión y constancia en lo que haces y crees. Si no tienes control sobre todos estos aspectos y más que me dejo en el tintero, en el fondo, no tienes nada. Esto es lo que llena, esto es lo que realmente te hace sentir pleno, aceptar lo que eres y lo que tienes, para sobre ello mejorar en lo posible en todos los ámbitos, laborales y personales. Esto es lo que realmente y a la larga cuenta y, si me lo permitís, también te aporta reconocimiento social, al menos en tu entorno cercano y, sin duda, antes o después, solvencia económica.

Soy útil

Tu barca
Tu barca

Seguramente esta sea la primera sensación que se pierde cuando te encuentras en desempleo por primera vez. La sensación de que dejas de ser útil en tu entorno y en la Sociedad te puede llegar a dominar de tal manera que llegues incluso, si no lo canalizas convenientemente desde un primer momento, a llevarte a la autodestrucción, a la negatividad y al pesimismo y, en definitiva, al victimismo.

Lo peor es cuando, una vez llegado a este estado de victimismo, todo el apoyo que te brindan en tu entorno más cercano, ya sea pareja, familia, amigos, excompañeros de trabajo … no sirva o, mejor dicho, no permitas que sirva. La consecuencia es que, paradójicamente, los que más sufren tu situación son las personas que te rodean ya que, en resumen, con esta actitud no estás permitiendo que te ayuden, ni si quiera permites que  sus “escuchas activas” te sirvan de resorte sobre el que impulsarte, ganando confianza en ti mismo. Lo normal es que al final declinen hasta eso, el hacer “escucha activa”, es lógico, a nadie le gusta perder el tiempo.

Para ti, esta actitud victimista se ha convertido en un refugio, en una zona de confort de la que no quieres salir, ya que desde ese prisma tienes la posibilidad de echar la culpa de todo a cosas que sabes que no dependen de ti, como la Crisis o el Sistema, así, sin mancharte, sin tener que justificarte ni dar explicaciones, sin complicarte. Te cierras en banda y de ahí no sales, ya que estás en posesión de la Verdad y los demás están ciegos. El “profe” me tiene manía y punto.

Amigas y amigos esto es un ERROR, quizás el peor que podáis cometer ya que os puede pasar factura durante el resto de vuestras vidas. El no poneros en “Valor” os coloca sencillamente en el “fuera de juego” de vuestras vidas y, en consecuencia, del Mercado Laboral.

Imaginemos la siguiente situación. Estás navegando en una barca, lejos de la costa, y ésta se rompe a causa de un golpe ocasionado por el fuerte oleaje o por cualquier objeto haciendo que entre agua a borbotones. ¿Qué haces?, ¿apartarte a un lado y dejar que la barca se hunda culpando al mar o al objeto que ha causado el agujero, haciendo caso omiso a los barcos que se acercan por el horizonte? o, de lo contrario ¿te dedicas a achicar el agua para mantenerte a flote con la esperanza de que los barcos que se acercan te vean y acudan en tu ayuda? Esto último es lo que conocemos como instinto de supervivencia.

Pues esto es igual en una situación de desempleo. Todos sabemos las consecuencias que conlleva estar desempleado, afectando a todas las parcelas de tu vida. Por lo tanto se trata de achicar el agua, de minimizar los daños colaterales focalizándolos y localizándolos convenientemente. Si desde el principio canalizas esa sensación de “no soy útil” en acciones, repito, ACCIONES que conduzcan a fortalecer la confianza en ti mismo y a seguir desarrollándote como profesional y como persona, en seguir aprendiendo, en recuperar tiempo en ti, en los tuyos, en hacer lo que te gusta y apasiona, en darle “mordiscos” a la vida, en alimentar y desarrollar tu candidatura, de tal manera que todo esto te lleve a reducir tus problemas en uno sólo, el económico, conseguirás que esos barcos del horizonte, que ahora ves lejanos, acudan a ti, quizás más tarde, quizás más temprano, pero desde luego tienes más posibilidades que acudan a ti achicando agua que arrinconándote sin hacer nada. Si decides hacer esto último ya no es que no acudan a ti, es que ya ni querrás verlos.

Sí, todo esto es muy bonito y fácil de explicar, lo sé, pero yo lo he vivido y sé de lo que hablo. “Achicar agua” constantemente puede llegar a ser agotador, y hay días que te levantas sin ganas porque no ves resultados, no ves los barcos, pero te armas de orgullo y amor propio y emprendes de nuevo la tarea, consciente de que tu esfuerzo traerá frutos. Desde luego no es la posición más fácil, pero os aseguro que es la posición que te permitirá mantener la esperanza, la confianza, la preparación y la fuerza para seguir disfrutando con cómo eres, con los que te rodean, con lo que te gusta y apasiona, sintiéndote útil con el valor que generas, con el valor que aportas a tu entorno, con el valor que éste te aporta a ti, y a afrontar con aplomo futuros retos, profesionales y personales. El mar es grande y siempre hay barcos, siempre.