¿Por qué dices sí?

Sí o No
Sí o No

¿Cuántas veces has hecho cosas que no te gustan? ¿Cuántas veces has dicho sí cuando querías decir no? ¿Cuántas veces te has visto en situaciones comprometidas e incómodas por no quedar mal? ¿Por qué hacemos cosas o decimos cosas para que los demás piensen que queremos hacerlas o decirlas cuando realmente no es así? ¿Por qué pedimos respeto cuando somos los primeros en no respetarnos? ¿Por qué la generosidad se identifica sólo con el sí y no con el no? Un no a tiempo puede ser un gran acto de generosidad, para empezar te ahorras tiempo a ti y a los demás, y es que el tiempo es lo más valioso que tenemos, lo único que nunca se recupera.

Somos mucha gente, y cada uno de nosotros vamos a lo nuestro, somos  así, esto funciona así. La vida es un conjunto de intereses personales y somos nosotros los que tenemos que velar por los nuestros. Si estamos en una situación en donde se produce un conflicto con tus intereses, tomas otro rumbo y listos, ¿por qué insistir en lo que no te lleva a nada más que a la ansiedad, al mal estar, al no dormir ni comer, al no vivir, y a pagar las consecuencias con quien menos culpa tiene?

Solemos decir sí por varias razones:

  • Porque realmente queremos.
  • No queremos hacerlo pero no queremos quedar mal.
  • No queremos ofender.
  • Porque no tienes nada mejor que hacer.
  • Porque no sabes lo que hacer.
  • Porque lo tomas como una huida hacia adelante ante una situación desesperada, y que no suele funcionar, porque al final la factura llega.

Salvo la primera razón, el resto de motivos tiene dos cosas en común, miedo y ausencia de criterio propio.

Ahora vamos a ver las razones por las que solemos decir no:

  • Porque realmente no queremos, no nos gusta o no nos apetece.

Si te has fijado bien, es muy sencillo, sólo hay un motivo para decir no (esto los niños lo tienen muy claro).

Piensa, piensa bien antes de decidir si lo vas a hacer o si lo vas a coger. Despierta, sólo tú debes ser el dueño de tu vida, es entonces, siendo dueño de la misma, cuando empezarás a aportar, y cuando te harás respetar. A lo mejor es que no nos han enseñado a guiar nuestra vida, o es que quizás esta lección esté reservada para al autoaprendizaje de la vida, quizás sea ley de vida. Es más fácil decir no a algo que en su día dijiste que sí, porque lo has experimentado, porque lo has vivido. Sin embargo, nunca podrás saber si era un sí aquello a lo que dijiste no en su día. En definitiva, la vida son decisiones, pero es mejor que esas decisiones las tomes tú, te podrás equivocar o no, pero es así. A mi esto me resulta fascinante, porque es cuando podrás conseguir grandes cosas, y si lo piensas bien no es tan complicado, sólo debes escucharte más…. y mejor, y por supuesto, hacerte caso. Es entonces cuando ganarás respeto.

“Este artículo fue publicado en la revista La Publi el pasado 20 de octubre”

Hijos y liderazgo

Hijos y Liderazgo
Hijos y Liderazgo

Hace un par de semanas recibí una lección muy importante por parte de mis 3 hijos, una de muchas, pero esta me caló de manera especial, ya que fue una bofetada de sinceridad, de esas que suelen dar los niños…. tendríamos que escucharles más.

Resulta que llevábamos unos 6 meses construyendo un puzzle tridimensional de la Torre Eiffel, de casi 900 piezas. En su día vi en ese regalo de cumpleaños una oportunidad más de hacer una actividad conjunta con ellos en casa, y, por la dificultad del puzzle, un reto apasionante con el que conseguir un objetivo común. Hasta ahí todo bien. Durante los dos primeros meses estuvimos trabajando varios ratos por las tardes y los fines de semana, pero ciertamente no avanzábamos demasiado, hasta que llegó un momento en que nos distanciamos de la actividad por mera desesperación.

Tras varias semanas de abandono, el otro día, comiendo, les pregunté a mis hijos: ¿Queréis que volvamos a hacer el puzzle? Uno de ellos, el más lanzado, me respondió. “No papá, porque te molestamos”. En seguida me di cuenta de que esa respuesta la compartían sus dos hermanos al verles asentir. Mi mujer me miró estupefacta, no sé sí por la respuesta o por cómo se me quedó la cara. En ese momento comprendí que desde el minuto 1 cometí el mayor error que se puede hacer en un trabajo en equipo, asumí la construcción del puzzle como un reto personal, mío y sólo mío, obviando desde el principio el pilar fundamental de todo trabajo en equipo, el reparto de responsabilidades y las habilidades y personalidades de tu equipo. Yo quería hacer ese puzzle y que ellos me ayudaran, pero en ningún momento tuve en cuenta las capacidades de mis hijos, ni analicé en qué me podía ayudar cada uno de ellos, ni hice una planificación adecuada, nos pusimos a hacer el puzzle sin más, con un reparto de tareas sin criterios fundamentados.

Desde el principio asumí toda la responsabilidad y, al no coordinar convenientemente las tareas ni haber sabido hacerles responsables y partícipes de ellas, percibía que mis hijos molestaban más que ayudaban, que desordenaban piezas más que organizarlas, aunque ellos pusieran todo el empeño en colaborar. Consecuencia, se aburrían y se apartaban de la actividad para hacer otras cosas, quedándome yo sólo con mi cabezonería hasta que me aburrí también, y acabé abandonando el puzzle. Desde el principio olvidé que el puzzle era un trabajo en equipo, como un proyecto, en un entorno lúdico sí, pero un proyecto como cualquier otro, en donde son vigentes las mismas reglas que en un proyecto en un entorno profesional.

La rotundidad de la respuesta de mi hijo me hizo pensar y darme cuenta de que por mucho que tengamos asumidos conceptos, por mucho que hayamos coordinado y participado en proyectos, por mucho que sepamos de la vida, o creamos saberlo, nos dejamos llevar por nuestros impulsos, por el día a día, por el paso del tiempo, obviando a los que nos rodean, obcecándonos en nuestro objetivo final sin tener en cuenta los pasos intermedios.

En esa misma tarde nos pusimos manos a la obra pero esta vez con el enfoque adecuado. Tras hablar con cada uno de ellos hicimos un reparto de tareas en función de sus gustos y habilidades, dividiendo el objetivo general por objetivos pequeños, adecuándolos a cada hijo en función de sus habilidades, gustos y expectativas, en definitiva, escuchando y teniendo en cuenta cada una de sus personalidades, para asignarles el rol más adecuado a sus capacidades.

Todos los equipos de trabajo son buenos, la clave está en cómo los organices. Al principio daba por sentado que por ser niños veían en esta actividad un juego más con su padre, y perdí la visión de que ellos querían construir la Torre tanto como yo, pero necesitaban una guía, necesitaban sentirse involucrados, necesitaban sentirse partícipes de verdad.

Resultado, acabamos en 4 tardes lo que de la otra manera ni veíamos salida y acabamos abandonando. Y no sólo eso, si no que hemos sido capaces de construir además dos casas de Lego que teníamos pendientes, y ya estamos ansiosos por construir más grandes monumentos, porque, aparte de la consecución del objetivo, lo pasamos bien, nos reímos mucho, y compartimos impresiones sobre la actividad, qué nos gustó más, qué nos gustó menos, cómo podríamos mejorar, en definitiva, HICIMOS EQUIPO. Simplemente maravilloso.

¿Os suena esto en las empresas verdad?, ¿los jefes o líderes asumen responsabilidades o las reparten?, ¿tienen en cuenta la personalidad y habilidades de sus equipos o no?, ¿hay comunicación de verdad en los equipos de trabajo?

Ahora miramos nuestra Torre Eiffel con orgullo, pero no sólo por el hecho de haberla acabado, que también, si no por el aprendizaje que su construcción ha aportado en nosotros, nos conocemos más y mejor, y nos ha abierto un nuevo horizonte de actividades conjuntas.

Esta debe ser la consecuencia de un buen liderazgo, ya que se lidera a las personas, no a los proyectos.

Morir de tiempo

Morir de tiempo
Morir de tiempo

El otro día, con motivo de un proyecto en el que estoy inmerso, me desplacé a una ciudad en donde vive un viejo amigo de mi época de Universidad y al que hacía 18 años que no veía. Aproveché el viaje para vernos y cenar juntos.

El reencuentro fue emotivo, creo que la gente que nos rodeaba podía notar la cara de felicidad de ambos y presumíamos del evento con sus amistades, las cuáles nos íbamos encontrando en nuestro paseo. Nos pusimos al día, recordamos viejos tiempos, anécdotas y muchos ratos que compartimos en aquellos años, en donde aún veíamos la vida como un largo camino por recorrer, con otras preocupaciones, con otras prioridades, éramos unos chavales.

Una vez actualizados nos pusimos a hablar de nuestros presentes y, en consecuencia, de nuestras expectativas de futuro. En un momento de la conversación me di cuenta que a pesar de tantos años sin vernos, a pesar de los caminos tan diferentes que habíamos tomado, a pesar de los avatares de la vida que a cada uno de nosotros nos había tocado vivir, teníamos algo más en común que una amistad y un recuerdo divertido y entrañable como el que nos une. Ese momento fue cuando hablamos de nuestro “equipaje”, de nuestro “balance”, en definitiva, de lo aprendido hasta ahora, en la mitad de nuestras vidas. En ese momento mi amigo me dijo: “Antonio, soy rico, rico de tiempo”. En seguida entendí lo que quiso decir. No es que tenga mucho tiempo libre, tiene su trabajo (en su caso empresa propia), su familia y sus obligaciones, como todos, pero todo ese tiempo que tiene lo siente como suyo, lo dedica para sí mismo, en diferentes entornos. Él decide cómo, dónde y con quién administrarlo.

A mi me pasa igual, aunque tardé en darme cuenta. No sé si tarde o temprano, no lo sé, y además no importa ya. Imagino que nos pasa a todos, que va con la edad. Lo único claro es que venimos a la vida con un reloj de arena bajo el brazo y nos vamos cuando ésta se ha agotado, no hay más. Lo demás es circunstancial. De lo demás, lo que llamamos vida, lo que nos pasa y lo que provocamos que nos pase, tan sólo podemos decidir cómo afrontarlo, porque siempre habrá cosas por hacer y siempre cosas que elegir y descartar, siempre habrá cosas para arrepentirte y cosas para sentirse orgulloso, pero el cómo lo afrontes marcará tu camino. El cómo lo afrontes marcará el cómo percibas el paso del tiempo. Hasta perder el tiempo es muchas veces necesario, porque perder el tiempo no es tirarlo, perder el tiempo es tan sólo dedicarte a no hacer nada, simplemente porque te apetece o necesitas no hacer nada.

Pero tirarlo…. veo a mucha gente que lo tira, que lo malgasta, que se ha dejado devorar por la vorágine, que, aun sabiendo que el tiempo es limitado, no es consciente de que éste se agota. Gente que se agarra a lo material, a lo banal, al estatus, a la reputación, a lo que opinen los demás, a que los demás decidan por él, a elegir lo que no quiere elegir, a descartar lo que no quieren descartar, a estar con quienes no quieren estar, a no estar con quienes realmente quieren estar. Personas grises porque no ven su propio color, porque no afrontan lo que la vida les va deparando, tan sólo afrontan lo que tienen o quieren en ese momento, desde lo efímero, desde lo temporal, desde las cápsulas de felicidad en la que hemos convertido nuestro Mundo, que puedes comprar y desechar a tu antojo, sin más, sin propósito. ¿Se trata de llenar el tiempo o de alimentar el tiempo que nos toca vivir?

De todo te puedes recuperar, absolutamente de todo, menos del paso del tiempo. Aquí no hay prórrogas, puedes perder, empatar o ganar, aunque si tú decides como usar el tiempo del que dispones, siempre ganarás, ya que siempre habrá ocasiones perdidas, faltas no pitadas, fueras de juego, pero habrás hecho tu partido, habrás vivido TU VIDA.

La tristeza como valor

Tristeza
Tristeza

¿Por qué no? forma parte de nuestro catálogo de emociones, aunque, por lo general, es de esas que tratamos de esconder, quizás porque muestra nuestra vulnerabilidad y nuestro lado más sensible. En una época en la que se trata de fomentar el optimismo y el pensamiento positivo por todos lados, reivindico la tristeza como una emoción tan “necesaria” e importante como la alegría. Para empezar tiene un aspecto que yo considero clave, y es que la tristeza te permite elevar a tu consciente todas aquellas vivencias o circunstancias que te han llevado a ese estado. Te permite, por tanto, reflexionar, analizar tus sentimientos y conocerte mejor.

No todas las tristezas tienen por qué significar vulnerabilidad, hay tristezas que demuestran la intensidad que le pones a la vida, hay tristezas que vienen tras una lucha constante por conseguir algo que finalmente no has logrado; hay tristezas que vienen por la pérdida de un ser querido; hay tristezas que vienen por la pérdida de una determinada situación, personal o laboral, cómoda o estable; o por situaciones pasadas que sabes que no volverán, o por el dolor ajeno. La persona que no sienta tristeza tras estas circunstancias, en mi opinión, tiene un problema. La tristeza te hace más fuerte…. si quieres. Por tanto la clave es como gestiones ese estado emocional. ¿Qué valores le veo a la tristeza?

1- Puedes visualizar aquello que has perdido y revivirlo, volver a sentir lo que sentías cuando lo tenías. Es importante tener presente lo que has pasado, las vivencias que has tenido, ya que puedes ser consciente de cuáles son tus cimientos, de aquellos principios y valores que has ido consolidando o descartando hasta formar tu personalidad actual. En definitiva conocer las bases para plantear tu futuro, rectificarlo, mejorarlo, elegirlo. El peligro, en este aspecto, es que te puedes quedar anclado en ese pasado, y esto es precisamente lo que se debe evitar. La clave es que si una vez fuiste feliz, puedes volver a serlo, pero debes conocer con qué “herramientas” contabas para serlo, y cuáles siguen siendo útiles para volver a serlo. En definitiva te das cuenta de lo valioso que es el momento presente, siempre nos pasa que valoramos las cosas cuando ya no las tenemos.

2- El conocer tu lado más emocional y tus posibles vulnerabilidades, aunque sea paradójico, te hace más fuerte. Tan peligroso es no saber cuáles son tus puntos fuertes como no saber cuáles son tus puntos débiles. Los primeros no pueden existir sin los otros y viceversa. El conocimiento de todas tus facetas te prepara para reaccionar adecuadamente ante futuras eventualidades y, no se trata de ocultar tu vulnerabilidad, ya que detrás de ella hay unos valores que forman parte de tu esencia, hay unos miedos, pero hay también una posibilidad de mirarte de frente al espejo y afrontarte, y poner soluciones para evitar que esos puntos débiles oculten tu lado más potente, y das una oportunidad a mejorarte, por lo que das una oportunidad a que tu entorno mejore.

3- Compartir la tristeza con tu entorno permite que te conozcan mejor, permite estrechar lazos o descartar los lazos que no te aportan o que no te permiten aportar. Al mostrarte permites que se entiendan determinados comportamientos tuyos, permites que se comprendan el por qué de tus opiniones. Mostrar tu personalidad no es peligroso, siempre y cuando te hayas aceptado a ti mismo, siempre y cuando lleves sujetas las riendas de tu vida, siempre y cuando todas tus facetas muestren integridad y capacidad de reacción. Parece que en un entorno laboral no es bueno mostrar determinados sentimientos, pero no puede haber una gestión emocional de las personas si no se conocen todas las emociones que las conforman. Integridad y tristeza no son incompatibles, todo lo contrario, eres el fruto de todas tus facetas, lo que importa es que haya autoaceptación y equilibrio.

4- Llorar no es malo, normalmente te sientes mejor después del llanto, es como si eliminaras lastre, es como si te limpiaras por dentro, es una “gimnasia” necesaria, es una puerta de tu esencia que se abre. A veces es necesario “disfrutar” el llanto, pero como todo en la vida, en su justa medida. Estamos en una sociedad en la que rehuimos de escuchar penas, pero éstas forman parte de la realidad. En plena efervescencia del individuo y del empoderamiento del mismo, la tristeza forma parte de nuestro catálogo, es una emoción más, que rompe barreras, que abre y profundiza amistades y relaciones, que une o separa (a veces las separaciones son necesarias y útiles cuando ya no hay nada más) y que permite que se amplíe la valoración hacia ti como persona. En definitiva la tristeza suele mostrar carencias afectivas, alertando a tu entorno. El afecto, el amor, el cariño, en toda su plenitud, es el motor de todo. Escuchemos esas alertas para actuar en consecuencia.

5- La tristeza también puede paralizarte. En mi opinión, y por mi experiencia, es bueno tener esos momentos de “parálisis”, pero siempre controlada y con el amor propio suficiente para sacar conclusiones y ponerte de nuevo en marcha con las decisiones tomadas. Tomar distancia, recuperar la objetividad, escarbar tu negatividad para entenderla mejor te permite darle a esos momentos de “autodestrucción” un enfoque constructivo. Es como deconstruirte para volver a construirte mucho más fuerte, ampliar tu visión frente a los avatares de la vida, y empatizar con ella y con todos los que participamos en ella.

Recursos Humanos “de las Cosas”

Escuchar
Escuchar

Basándome en el “Internet de las Cosas”, que se está aplicando a todos los objetos cotidianos aumentando con ello las posibilidades de conectividad y comunicación, en el campo de los Recursos Humanos está ocurriendo lo mismo. Estamos en un momento en el que los reclutadores tenemos cada vez más medios digitales para conocer a la persona que hay detrás de un candidato, a la par que éstos tienen cada vez más herramientas para hacerse notar en el Mercado Laboral.

Lo mismo ocurre con la gestión de Recursos Humanos dentro de una empresa. En mi opinión el cambio organizacional se basa en la toma de conciencia por parte de los profesionales de Recursos Humanos de dos cuestiones, principalmente:

1- El firme convencimiento de que nuestro trabajo está en torno a la persona y todo lo que conlleva, como las emociones y valores, tal y como lo defino en mi post “PERSONA”.

2- El firme convencimiento de que, independientemente de la relevancia de nuestro departamento en las empresas en las que estemos, debemos convertirnos en facilitadores y evangelizadores de esta nueva concepción en nuestra función, tal y como explico en mi post “Evangelizar los Recursos Humanos”

A partir de ahí el trabajo no es fácil, pero es obligado si queremos dar valor a nuestra función y convencer a los gerentes de que ésta es la única vía para que la empresa evolucione convenientemente, de manera sostenible y a largo plazo. Tal y como nos demuestra la Naturaleza con la Evolución de las Especies, en la que la adaptación de las mismas a los nuevos entornos es clave para su supervivencia. Lo mismo pasa con las empresas.

Por lo tanto, no se trata sólo de gestionar nuestro departamento conforme a las nuevas tendencias de gestión humana y a los nuevos paradigmas del management, con la asunción de un nuevo rol muchas más humano basado en el desarrollo real de las personas, se trata también de mostrar a nuestros gerentes estos nuevos caminos, estas nuevas herramientas que facilitan la comunicación, el trabajo en equipo, la motivación, la formación y el desarrollo de sus empleados, y que facilitan, en el fondo, el conocer a la persona que hay detrás de cada empleado. La gestión de Recursos Humanos debe hacerse en toda acción que se realiza desde la gerencia y empleados, pasando por los mandos intermedios, no sólo en el propio departamento de Recursos Humanos, No se trata de hacer muchas cosas o incorporar muchas herramientas sin un trasfondo y objetivos claros, se trata de hacerlas paulatinamente e incorporarlas bien, aunque sean pocas, adaptándolas a la casuística de cada empresa y por supuesto preparando a los empleados y líderes convenientemente para paliar posibles desfases “culturales”. Por mi experiencia pienso que la mayor parte de los problemas de las empresas parte del error o ausencia de comunicación, quizás, una vez tomada conciencia de los dos puntos mencionados al principio, deberíamos comenzar por mostrarles cómo se escucha, piedra filosofal de toda comunicación, a partir de ahí, el camino se hace andando, y siempre con sentido común.