La tristeza como valor

Tristeza
Tristeza

¿Por qué no? forma parte de nuestro catálogo de emociones, aunque, por lo general, es de esas que tratamos de esconder, quizás porque muestra nuestra vulnerabilidad y nuestro lado más sensible. En una época en la que se trata de fomentar el optimismo y el pensamiento positivo por todos lados, reivindico la tristeza como una emoción tan “necesaria” e importante como la alegría. Para empezar tiene un aspecto que yo considero clave, y es que la tristeza te permite elevar a tu consciente todas aquellas vivencias o circunstancias que te han llevado a ese estado. Te permite, por tanto, reflexionar, analizar tus sentimientos y conocerte mejor.

No todas las tristezas tienen por qué significar vulnerabilidad, hay tristezas que demuestran la intensidad que le pones a la vida, hay tristezas que vienen tras una lucha constante por conseguir algo que finalmente no has logrado; hay tristezas que vienen por la pérdida de un ser querido; hay tristezas que vienen por la pérdida de una determinada situación, personal o laboral, cómoda o estable; o por situaciones pasadas que sabes que no volverán, o por el dolor ajeno. La persona que no sienta tristeza tras estas circunstancias, en mi opinión, tiene un problema. La tristeza te hace más fuerte…. si quieres. Por tanto la clave es como gestiones ese estado emocional. ¿Qué valores le veo a la tristeza?

1- Puedes visualizar aquello que has perdido y revivirlo, volver a sentir lo que sentías cuando lo tenías. Es importante tener presente lo que has pasado, las vivencias que has tenido, ya que puedes ser consciente de cuáles son tus cimientos, de aquellos principios y valores que has ido consolidando o descartando hasta formar tu personalidad actual. En definitiva conocer las bases para plantear tu futuro, rectificarlo, mejorarlo, elegirlo. El peligro, en este aspecto, es que te puedes quedar anclado en ese pasado, y esto es precisamente lo que se debe evitar. La clave es que si una vez fuiste feliz, puedes volver a serlo, pero debes conocer con qué “herramientas” contabas para serlo, y cuáles siguen siendo útiles para volver a serlo. En definitiva te das cuenta de lo valioso que es el momento presente, siempre nos pasa que valoramos las cosas cuando ya no las tenemos.

2- El conocer tu lado más emocional y tus posibles vulnerabilidades, aunque sea paradójico, te hace más fuerte. Tan peligroso es no saber cuáles son tus puntos fuertes como no saber cuáles son tus puntos débiles. Los primeros no pueden existir sin los otros y viceversa. El conocimiento de todas tus facetas te prepara para reaccionar adecuadamente ante futuras eventualidades y, no se trata de ocultar tu vulnerabilidad, ya que detrás de ella hay unos valores que forman parte de tu esencia, hay unos miedos, pero hay también una posibilidad de mirarte de frente al espejo y afrontarte, y poner soluciones para evitar que esos puntos débiles oculten tu lado más potente, y das una oportunidad a mejorarte, por lo que das una oportunidad a que tu entorno mejore.

3- Compartir la tristeza con tu entorno permite que te conozcan mejor, permite estrechar lazos o descartar los lazos que no te aportan o que no te permiten aportar. Al mostrarte permites que se entiendan determinados comportamientos tuyos, permites que se comprendan el por qué de tus opiniones. Mostrar tu personalidad no es peligroso, siempre y cuando te hayas aceptado a ti mismo, siempre y cuando lleves sujetas las riendas de tu vida, siempre y cuando todas tus facetas muestren integridad y capacidad de reacción. Parece que en un entorno laboral no es bueno mostrar determinados sentimientos, pero no puede haber una gestión emocional de las personas si no se conocen todas las emociones que las conforman. Integridad y tristeza no son incompatibles, todo lo contrario, eres el fruto de todas tus facetas, lo que importa es que haya autoaceptación y equilibrio.

4- Llorar no es malo, normalmente te sientes mejor después del llanto, es como si eliminaras lastre, es como si te limpiaras por dentro, es una “gimnasia” necesaria, es una puerta de tu esencia que se abre. A veces es necesario “disfrutar” el llanto, pero como todo en la vida, en su justa medida. Estamos en una sociedad en la que rehuimos de escuchar penas, pero éstas forman parte de la realidad. En plena efervescencia del individuo y del empoderamiento del mismo, la tristeza forma parte de nuestro catálogo, es una emoción más, que rompe barreras, que abre y profundiza amistades y relaciones, que une o separa (a veces las separaciones son necesarias y útiles cuando ya no hay nada más) y que permite que se amplíe la valoración hacia ti como persona. En definitiva la tristeza suele mostrar carencias afectivas, alertando a tu entorno. El afecto, el amor, el cariño, en toda su plenitud, es el motor de todo. Escuchemos esas alertas para actuar en consecuencia.

5- La tristeza también puede paralizarte. En mi opinión, y por mi experiencia, es bueno tener esos momentos de “parálisis”, pero siempre controlada y con el amor propio suficiente para sacar conclusiones y ponerte de nuevo en marcha con las decisiones tomadas. Tomar distancia, recuperar la objetividad, escarbar tu negatividad para entenderla mejor te permite darle a esos momentos de “autodestrucción” un enfoque constructivo. Es como deconstruirte para volver a construirte mucho más fuerte, ampliar tu visión frente a los avatares de la vida, y empatizar con ella y con todos los que participamos en ella.

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Recursos Humanos “de las Cosas”

Escuchar
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Basándome en el “Internet de las Cosas”, que se está aplicando a todos los objetos cotidianos aumentando con ello las posibilidades de conectividad y comunicación, en el campo de los Recursos Humanos está ocurriendo lo mismo. Estamos en un momento en el que los reclutadores tenemos cada vez más medios digitales para conocer a la persona que hay detrás de un candidato, a la par que éstos tienen cada vez más herramientas para hacerse notar en el Mercado Laboral.

Lo mismo ocurre con la gestión de Recursos Humanos dentro de una empresa. En mi opinión el cambio organizacional se basa en la toma de conciencia por parte de los profesionales de Recursos Humanos de dos cuestiones, principalmente:

1- El firme convencimiento de que nuestro trabajo está en torno a la persona y todo lo que conlleva, como las emociones y valores, tal y como lo defino en mi post “PERSONA”.

2- El firme convencimiento de que, independientemente de la relevancia de nuestro departamento en las empresas en las que estemos, debemos convertirnos en facilitadores y evangelizadores de esta nueva concepción en nuestra función, tal y como explico en mi post “Evangelizar los Recursos Humanos”

A partir de ahí el trabajo no es fácil, pero es obligado si queremos dar valor a nuestra función y convencer a los gerentes de que ésta es la única vía para que la empresa evolucione convenientemente, de manera sostenible y a largo plazo. Tal y como nos demuestra la Naturaleza con la Evolución de las Especies, en la que la adaptación de las mismas a los nuevos entornos es clave para su supervivencia. Lo mismo pasa con las empresas.

Por lo tanto, no se trata sólo de gestionar nuestro departamento conforme a las nuevas tendencias de gestión humana y a los nuevos paradigmas del management, con la asunción de un nuevo rol muchas más humano basado en el desarrollo real de las personas, se trata también de mostrar a nuestros gerentes estos nuevos caminos, estas nuevas herramientas que facilitan la comunicación, el trabajo en equipo, la motivación, la formación y el desarrollo de sus empleados, y que facilitan, en el fondo, el conocer a la persona que hay detrás de cada empleado. La gestión de Recursos Humanos debe hacerse en toda acción que se realiza desde la gerencia y empleados, pasando por los mandos intermedios, no sólo en el propio departamento de Recursos Humanos, No se trata de hacer muchas cosas o incorporar muchas herramientas sin un trasfondo y objetivos claros, se trata de hacerlas paulatinamente e incorporarlas bien, aunque sean pocas, adaptándolas a la casuística de cada empresa y por supuesto preparando a los empleados y líderes convenientemente para paliar posibles desfases “culturales”. Por mi experiencia pienso que la mayor parte de los problemas de las empresas parte del error o ausencia de comunicación, quizás, una vez tomada conciencia de los dos puntos mencionados al principio, deberíamos comenzar por mostrarles cómo se escucha, piedra filosofal de toda comunicación, a partir de ahí, el camino se hace andando, y siempre con sentido común.

Ilusionado o iluso

Quisiera compartir con vosotros este post publicado el pasado 18 de abril en el blog de In&Out, dedicado al Ecosistema Productivo y que trata todos los temas relacionados con la gestión de los Recursos Humanos. Desde aquí mi agradecimiento por su invitación para inaugurar su sección de Colaboraciones. Os dejo con este artículo basado en mi experiencia personal:

Tú o nada
Tú o nada

Llevas años en una profesión o trabajo que no te aporta nada y al que ya no te apetece aportarle nada. Te cuesta dormir y levantarte, y trasladas el trabajo a tu vida personal. Llega un punto en el que apenas hablas con tu pareja, padres y hermanos, y no juegas con tus hijos. No te apetece salir ni ver a nadie, no te apetece hacer actividades que antes te apasionaban. Piensas que el Mundo está contra ti, piensas que todos conspiramos contra ti, desde tu jefe y compañero hasta el ser vivo más remoto del planeta. Ese ser, piensas, tiene como objetivo en su vida conspirar contra ti, amargarte la vida.

Piensas que nadie te soluciona nada, que no se dan cuenta de tu malestar y si se dan cuenta “no quieren ayudarte”. Te sientes sólo, desesperado e inútil y te consideras el peor profesional que haya. Piensas que tantos años de estudio y trabajo no han servido para nada, te sientes estafado. Acudes al Mercado a enviar tu CV a cualquier oferta a sabiendas de la respuesta que te espera en el mejor de los casos, cuando no se produce una ausencia de respuesta. Echas la culpa a todos, y te martirizas cada vez que te miras al espejo, (cada vez menos porque no te apetece mirarte), llamándote inútil.

Sin embargo, tienes la decisión tomada, sabes lo que tienes que hacer desde hace meses, irte lejos, pero no lo haces. Quizás esperas que alguien te solucione el entuerto, quizás esperas a que esas horas que echas de más creyendo que eres más productivo tendrán su recompensa, quizás el involucrarte en más tareas de las que realmente debes hacer tendrán su premio, quizás esperas a que alguien te promocione o te suba el sueldo, quizás esperas a que una empresa te llame y te ofrezca el trabajo de tu vida, quizás esperas a que… bueno, quizás ya no esperas nada, o seguramente ya no sabes lo que esperas, o peor aún, sabes que si algo de esto ocurre vas a seguir igual, o peor. En definitiva, estás muy enfadado, contigo mismo y con todos, y saltas a la primera, te centras en lo negativo del pasado, del presente y del futuro: Te has creado un mundo propio y apartado del resto, te has dejado engañarte a ti mismo, como un iluso.

Si estás en este punto quizás lo primero que debas hacer es preguntarte lo siguiente: ¿Qué ha pasado?, ¿en qué momento me he perdido?

Estás en un momento en el que no se puede tomar una decisión en caliente, no obstante es el adecuado para empezar a hablar contigo mismo, cara a cara, de tú a tú. Estás en un momento en el que debes encontrarte antes de llegar a un punto de no retorno. Estás en un momento en el que o eres valiente contigo mismo o tu vida se desmorona y de verdad, estás en un momento en el que debes dejar de echarte el pulso a ti mismo y encontrar todo aquello que te sirva de impulso. Estás en un momento, en definitiva, en el que la única decisión es o YO o nada, y salir del refugio que te has creado, del engaño que te has creado…

CÉNTRATE. Te contrataron algún día porque eras válido, se casaron contigo porque entre otras muchas cosas le hacías reír, son tus amigos porque aportabas valores, momentos, siempre estabas ahí. Practicabas esa afición porque te hacía sentirte bien, te hacía superarte a ti mismo. Buscabas momentos de calma para escuchar tu música, leer tu libro, ver tus películas, disfrutar del silencio, de la compañía. Saboreabas cualquier detalle de la vida que ahora desprecias, como ver una foto, tomar una cerveza, conversar, asistir a eventos, museos, un tapeo, jugar con tus hijos. En esos momentos, estabas ilusionado.

No pierdas demasiado el tiempo buscando respuestas del por qué estás así, tan sólo comienza a dedicar tiempo a recuperar esas sensaciones, esos momentos, esas vivencias, esas personas, esas ilusiones, todo lo que forma parte de tu esencia, poco a poco. Desecha lo que no te aporta, coge lo que te aporta, coge todo aquello en lo que te gusta aportar, rechaza todo aquello en lo que no te apetece aportar. Decide, elige. Piensa en todo lo que has aprendido y has valorado en tu vida y contrástalo con situación actual. La diferencia es simple, tan sólo dejaste de actuar. La ilusión lleva a la acción. Pero Piensa que la ilusión que has perdido no la recuperas necesariamente cambiando de trabajo o marchándote lejos, porque el problema lo llevas dentro, da igual el escenario laboral si por dentro has perdido confianza e ilusión. Cambiar de trabajo o ciudad no soluciona nada si sigues igual. Si consigues recuperar la ilusión, si consigues encontrarte, podrás entonces valorar si tu trabajo y entorno actual cumple tus expectativas, se alinea con tus valores, te permite conseguir tus objetivos. Si no es entonces cuando debes tomar la decisión, ya en frío, de salir de allí, sin esperar nada más que lo que te ocurra en la vida a partir de ese momento depende únicamente de ti. Entonces verás cómo el Mundo entra en sintonía contigo, porque tu Mundo se mueve contigo, no permitas que sea al revés.

Fracaso

Comparto con vosotros el último artículo que escribí para la revista La Publi, y que fue publicado el pasado 20 de abril.

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¿Fracaso?

Comer y vivienda digna, son las necesidades básicas de toda persona. Si además consigues esos objetivos haciendo lo que más te gusta, mejor que mejor, la cosa funciona. El problema es cuando añadimos a esas prioridades “otras” que quizás no lo sean tanto, bien porque nos las imponemos nosotros sin medir razonablemente nuestro deseo, aptitud o actitud para cubrirlas, bien porque nos han sido impuestas por nuestro entorno.

El ritmo frenético que vivimos y la imagen de “éxito”  que nos venden en la publicidad y en el mundo de los negocios nos generan unas expectativas que realmente no son nuestras y que por tanto no han brotado de nuestro fuero interno. Estas expectativas pueden ser muy dañinas si no son bien gestionadas, causándonos una sensación de fracaso y frustración del todo innecesaria, llegando incluso a perjudicar a nuestro entorno más cercano, a veces de manera dramática. ¿Y es que acaso el éxito es un concepto absoluto?, ¿debemos llegar todos a la misma meta?, ¿debemos conseguir todo lo que nos dicen que debemos conseguir para ser personas de éxito? Cada uno tenemos nuestra idea de éxito, la clave es identificarla en nuestro interior y ponernos en marcha para alcanzarlo.

No es lo mismo no conseguir lo que realmente necesitas que no conseguir lo que realmente no necesitas. Uno de los aprendizajes de la época que estamos viviendo es que lo que antes creíamos que nos venía dado por el mero hecho de nacer, ahora hay que currárselo y no esperar a que te lo den hecho. Es lo realmente necesario lo que debe llevarnos a la acción, a poner todos los recursos a nuestro alcance para conseguirlo, olvidándonos o dejando a un segundo plano aquello que no es primera necesidad aunque, por otro lado podría suponer una mejora, pero no siempre es así. No se trata por tanto de tenerlo todo, si no de tener lo necesario, la base, los cimientos para, a partir de ahí, mejorar en lo que la expectativa de cada uno le dicte.

Uno de los aspectos que más me preocupa actualmente es la cantidad de personas que se sienten frustradas no por no tener seguras las cosas que realmente necesitan, sino por no tener aquellas cosas que si bien mejoran nuestro estilo de vida, realmente no son prioritarias, perdiendo del todo el enfoque de que ya poseen lo realmente necesario, y que lo único que deben hacer es seguir luchando por no perderlo, disfrutar con los suyos y en mejorar en aquéllos aspectos que sean realmente necesarios. Personas éstas quizás arrastradas por el consumismo y competitividad feroz al que nos incitan por todos lados, lo que provoca que acaben fijándose sólo en los demás, en lo que hacen y en lo que tienen, no en lo que son o aportan, y es entonces cuando pierden el Norte, cuando dejan de mirar en sí mismos y entran en el círculo vicioso del cabreo y frustración, primer paso que lleva a la larga al bloqueo total, a dejar pasar la vida por unas trivialidades que no son de primera necesidad. Es entonces cuando de verdad han fracasado.

El fracaso es un sentimiento que está ahí, formando parte de la vida como puede ser el éxito, no existen el uno sin el otro. Es muy difícil evitarlo ya que a nada que se tuerzan las cosas aparece de tal modo que si no es bien canalizado, puede hacernos perder la motivación para esforzarnos  y centrarnos en aquello que tengamos que hacer, poniendo foco en todo lo malo y trasladando la culpa a todo lo que nos rodea, eximiéndonos de la responsabilidad que tenemos nosotros mismos en hacer lo que esté a nuestro alcance para salir adelante.

No obstante, el fracaso es un sentimiento que, adecuadamente gestionado, puede actuar como el mejor acicate para volver a levantarse e intentarlo de nuevo, y que nos ayuda a centrarnos en lo que realmente merece la pena y necesitamos, y nos ayuda a reflexionar, nos ayuda a ver en qué podemos mejorar, nos ayuda, en definitiva, a hacer nuestro camino y preparar el caldo de cultivo adecuado para andarlo, eso sí, siempre alerta porque siempre habrá obstáculos, internos y externos.

Por otro lado, el fracaso actúa, al igual que el cuerpo humano avisa cuando algo no funciona, como alarma, para darte cuenta de que debes cambiar algo, algún hábito, alimentación, actividad deportiva, procesos de trabajo…, de ahí la importancia de ser consciente de la existencia del fracaso y saber perfectamente todo lo que estás haciendo en aras de un objetivo para rectificar a tiempo, o incluso a destiempo llegado el caso, aunque en esto de rectificar, nunca se llega demasiado tarde si nos conduce a un buen fin que no debe ser otro que sentirnos bien con nosotros mismos.

Focalízate en lo que te gusta y sobre todo ponte objetivos que realmente puedas cumplir pues una de las sensaciones de fracaso más repetida son las pequeñas o grandes proposiciones que te planteas pero que finalmente no cumples, bien porque te pusiste el listón muy alto, bien porque no dispones del tiempo necesario o bien porque sencillamente no es algo que verdaderamente necesites o no emanaba de lo más profundo de ti.

En definitiva, haz de tu vida algo sencillo en cuanto a rutinas y expectativas, bien escalonadas en el tiempo pero poniendo foco en la acción, para ello conocerte a ti mismo se  vuelve clave y es la base sólida para paliar el fracaso y aprender de él cuando lo sientas, porque no dudes que los sentirás en algún momento de tu vida. Por ello es importante que conviertas el fracaso en tu aliado, enfocándolo como un aviso de cambio, como una puerta a una nueva etapa, como una llamada de atención de tu interior, como una invitación a la reflexión, como una llamada a la acción.

13 razones por las que el Sentido del Humor es una Competencia

Agradecer a Jaime Armada su invitación para alojarme en su espacio digital con este post dedicado al humor y publicado el pasado 18 de febrero. Pienso que el tema es aún más adecuado por los apellidos del anfitrión y el huésped, Armada y Guerra. Creo que la broma está servida. Os invito a visitar su blog dedicado a la Orientación y a los Recursos Humanos, con temas actuales y de interés y con una clara vocación de servicio y colaboración.

El Sentido del Humor
El Sentido del Humor

Apuesto por el sentido del humor allá en donde me muevo. Detrás de mi apariencia tímida y seria se esconde un “geniecillo” que sale constantemente, consciente unas veces e inconscientemente otras, llegando a ser un auténtico “salvavidas” en muchos momentos de mi vida, esos especialmente difíciles.

Nunca he comprendido la represión que el sentido del humor sufre en determinados ámbitos, ya sean laborales o privados, cuando éste, dentro de unos límites marcados por el respeto y las normas básicas de convivencia, ofrece multitud de beneficios tanto a nivel personal como de equipo.

No concibo espacios de colaboración sin sentido del humor, no concibo cualquier relación humana si risas, no concibo el ejercicio de cualquier actividad sin la presencia de mentes dispuestas a destensar en momentos especialmente paralizantes y mentes receptivas para ello. Allá donde haya personas, allá donde haya comunicación, por fuerza debe existir el humor. Parece que los profesionales de Recursos Humanos no nos podemos reír, ¿por qué no?, para mí es un VALOR muy importante y fundamental, y que ayuda a desarrollar al resto de valores. Acaso el humor no es un ¿recurso?, ¿acaso el humor no es humano? En mi opinión, el humor es una competencia personal y profesional como cualquier otra.

Como todo en la vida, el sentido del humor, en su justa medida, tiene sentido. Es más, diría que refuerza tu marca personal cuando lo haces de tal manera que no se confunde con la profesionalidad. Profesionalidad y humor no son enemigos, si no todo lo contrario, se complementan. Obvia decir que el mejor humor parte de aquélla persona que antes de nada es capaz de reírse de sí mismo, de esa persona que se conoce tan bien que no tiene miedo a mostrar esa faceta tan íntima que en mi opinión es el sentido del humor, ya que muestra partes de nuestra naturaleza que de otro modo permanecen ocultas. Como todo, el humor debe ser trabajado y desarrollado como cualquier otra competencia, de tal modo que la conducta quede tan interiorizada que surja de manera instantánea. De hecho, suele pasar que los mejores “golpes” son aquellos que salen de manera espontánea.

De igual forma, no todos tenemos la misma facilidad para mostrar el sentido de humor, pero el caso es que ese sentido lo tenemos todos, otra cuestión diferente es que lo desarrolles o no. Podría hablar de cómo desarrollar el sentido humor pero prefiero contaros los beneficios del mismo en mi caso personal, para que cada cual busque en su interior sus propios recursos para aplicarlo y desarrollarlo:

1- Fomenta la creatividad. Uno de los aspectos más destacables del humor es que sobre situaciones paradigmáticas, rígidas y ya preestablecidas, es capaz de afrontarlas desde otro enfoque y perspectiva que generalmente ridiculiza, trivializa o minimiza esos paradigmas o pilares aparentemente inamovibles. Este hábito de ver las cosas desde otro enfoque, por muy disparatado que sea, es el adecuado para que la creatividad fluya, para que tu capacidad de atención aumente y para que el abanico de alternativas se abra a tus pies.

2- Es bueno para la automotivación, ya que la capacidad de reírse de uno mismo se desarrolla acto seguido a la aceptación de una situación o elemento determinado, por muy crítico que sea. A partir de ahí, si se quiere, sólo cabe mejorar o poner los medios necesarios para que no vuelva a suceder, o para afrontarlo desde otro enfoque más adecuado. En definitiva trivializa los problemas, ayudándote a verlos desde otra perspectiva y encontrar alternativas para solucionarlos. Te ayuda a seguir adelante, a seguir luchando.

3- Por lo mismo es una herramienta muy útil para motivar a otras personas. Hacerles ver cómo están afrontando determinada situación desde una perspectiva trivializada y por supuesto respetuosa (no todas las situaciones son susceptibles y cada persona entiende el humor de manera diferente), para que les sirva de efecto “espejo” y reaccionen.

4- Bien aplicado refuerza tu marca y potencia la proyección de la misma. Como comentaba al principio, profesionalidad y humor no son incompatibles, la clave es saber equilibrarlo, la clave es el sentido común que aplicas al “saber estar” y al “saber hacer”, siempre desde la naturalidad, honestidad y normalidad. Parece paradójico, pero consiguiendo ese equilibrio te haces respetar con el humor, generas carisma, lo que desarrolla tu liderazgo.

5- Genera clima y fomenta la comunicación en los equipos. Por supuesto un “chascarrillo” a tiempo siempre alivia tensiones y permite abrir nuevas alternativas y percepciones sobre un trabajo o proyecto adecuado.

6- Es uno de los recursos “rompe hielos” más recurrentes a la hora de iniciar una conversación y negociación, siempre y cuando tengas la habilidad para ir “al grano” en el momento adecuado evitando la dispersión.

7- Es un buen recurso para cortar “nudos gordianos”. Bien usado el humor es una manera rápida y eficaz de desbloquear determinadas situaciones o dejar claras determinadas cuestiones, adquiriendo un rol crítico, conciliador y constructivo. Rompe murallas, barreras y máscaras de los que te rodean.

8- Saca lo mejor de ti, ya que permite mostrar facetas más íntimas, quitarte máscaras, estar más atento, estar más abierto a nuevos enfoques, a nuevos retos. Te permite estar siempre alerta a todo lo que te rodea.

9- Nunca hace daño, si lo haces dentro del respeto, obligándote a conocer a tu interlocutor o colaborador para saber hasta dónde puedes llegar, hasta dónde entiende el sentido del humor. Crea empatía y desarrolla la escucha activa.

10- Ayuda a tu equilibrio mental y desarrolla tu inteligencia, sin lugar a dudas, ya que genera capacidad autocrítica y pensamiento crítico, muy útil en cualquier ámbito, como el empresarial. Es salud mental, lo que tiene su impacto en la salud física.

11- Saca sonrisas a los demás, y hace que te sientas reconocido y que sientas que aportas. No hay nada más enriquecedor que sacar una sonrisa, son esos pequeños momentos de felicidad que alimentan el alma.

12- En un mundo de prisas el humor supone una pausa, lo que ayuda a la productividad, como todo lo anteriormente expuesto.

13- Es gratis.

En definitiva, siempre se dice que nunca hay que perder la esperanza, pero yo os digo que no hay esperanza sin sentido del humor. No lo escondáis, va “contra natura”.

Expertos

Expertos
Expertos

Las Redes Sociales nos han permitido proyectarnos a una serie de profesionales “expertos”, cada uno en su ámbito de actividad, de tal forma que con las herramientas antiguas habríamos tardado años y años de esfuerzo. Por otro lado ha permitido a otras personas el acceder a información y conocimientos y a contactar con personas referentes en su sector o profesión o ámbito de interés, que de otra manera hubiera sido casi imposible.

Para perfiles con una alta orientación hacia las personas como los que nos dedicamos a los Recursos Humanos en todos sus ámbitos, el poder sacar a la luz nuestras reflexiones, nuestros pensamientos, nuestra forma de entender determinadas cuestiones, todas ellas basadas en nuestra experiencia y años de consolidación mental, es a mi parecer un auténtico hito. Ahora bien, esta vocación por orientar, ayudar, aconsejar o acompañar no vale si detrás no hay personas no solamente dispuestas a escuchar, si no que además estén dispuestas a actuar.

Hay un principio básico que también se da en las Redes Sociales, y es que nadie le va a sacar “las castañas del fuego a nadie”, que no hay ayuda si no existe la voluntad de ser ayudado. Esa voluntad de ser ayudado no significa decir sí a todo lo que te digan, no significa hacer todo lo que te dicen que tienes que hacer para encontrar empleo, formarte, o crearte una red de contactos. Este café no es igual para todos. Es necesario para que exista verdadera voluntad de ser ayudado el poner tu parte, el interiorizar todos los mensajes que te llegan, llevarlos a tu terreno, ponerle tu sello personal y por supuesto actuar.

No conozco a nadie que haya logrado su objetivo siguiendo al pie de la letra lo que proponemos en nuestras entradas, pero sí conozco a mucha gente que ha logrado ponerse en marcha a raíz de éstas, a realizar un cambio por pequeño que sea, pero siempre, eso sí, adaptándolas a su forma de ser, a su entorno, a su actividad… a multitud de variables que solo atañen a ellas.

En mi opinión nosotros, más que expertos en una materia, somos expertos en aplicar todo lo que aprendemos en nuestro entorno poniéndole nuestro trabajo de interiorización y por tanto nuestra manera de entenderlo, somos expertos en enfocar nuestra actividad en el pilar del aprendizaje constante, somos expertos porque sacamos nuestras conclusiones a partir de nuestra experiencia y porque revisamos estas conclusiones a partir de las experiencias de otros, a quienes preguntamos, con quienes colaboramos, con quienes prestamos un servicio. Somos expertos porque compartimos lo que decimos, hacemos y opinamos, somos expertos porque no nos da miedo fracasar. Lo que realmente nos da miedo es el no aportar, el estar parados, el no seguir con nuestro apasionante camino. En definitiva el ser experto o no no es un resultado, es una actitud, que necesariamente ha de ser compartida, no hay experto si no hay contraste, si no hay interacción.

Las matemáticas exactas y lo absoluto no valen para las personas, aunque sí las probabilidades. Éstas las podemos manejar, sobre ellas estimamos futuribles y posibles, pero lo que realmente hace que lo que compartimos funcione es que el receptor coja lo que le sirva, le ponga su sello, lo adapte a su “ecosistema”, lo ponga en práctica y, por supuesto, lo comparta, entonces también se convertirá en experto, entonces manejará sus probabilidades.

“Evangelizar” los Recursos Humanos

Recursos Humanos
Recursos Humanos

Hace más de dos años decidí romper con todo y hacer mi propio camino profesional. Desde entonces siempre comento la misma reflexión a toda persona que me encuentro y me pregunta sobre mi proyecto: “Siempre he trabajado en lo que me gusta y apasiona, pero ahora puedo hacerlo como yo entiendo que debe hacerse”. Quizás venda menos, no lo sé, pero esto es en lo que creo:

Durante mi trayectoria profesional en Departamentos de RR.HH. de diferentes empresas me he encontrado con profesionales del campo con diferentes puntos de vista a la hora de gestionar el departamento de las PERSONAS, desde el clásico “ordeno y mando” hasta la gestión que yo denomino de “Champions League”, en la que se hacía un verdadero desarrollo de los profesionales y el departamento participaba activamente en la estrategia empresarial (como debe ser), pasando por la gestión de cara a la galería, es decir, vender unas conductas hacia la gestión de los empleados que a la hora de la verdad eran incapaces de llevar a cabo, bien porque no se sabía cómo, bien porque realmente constituía un argumento más de venta hacia el exterior, o bien porque simplemente no querían hacerlo.

De todo he aprendido, de lo que se debe y no se debe hacer, pero es que lo mejor de todo es que ahora puedo aplicar mi “sello personal” en todas las acciones y proyectos que emprendo. Puedo tomar mis propias decisiones, equivocadas algunas veces y acertadas otras, pero siempre con el mismo objetivo, el desarrollo de la PERSONA, y con el mismo pilar, el sentido común.

A mi entender, todo profesional de Recursos Humanos, todo profesional cuyo trabajo repercuta en la PERSONA, ya sea coach, orientador, gestor laboral, formador, reclutador, etc…, ha de tener una orientación plena hacia la misma, de modo vocacional, actuando como un agente facilitador en cualquier aspecto de la gestión, ya sea desde la elaboración de una nómina hasta el diseño de un curso, pasando por la gestión completa de un proceso de selección entre otras acciones de desarrollo profesional. Para mí, alguien sin esa sensibilidad, no es un perfil adecuado para nuestra querida, sufrida y nunca convenientemente valorada profesión.

Compañeros, debemos dignificar nuestra profesión, debemos ponerla en valor en nuestra empresa si trabajamos por cuenta ajena, pero también en nuestro Mercado si somos empresarios. Basta ya de trabajar en torno a “Cartas para los Reyes Magos”, basta ya de buscar perfiles que no existen, ajustando la búsqueda a aspectos ajenos a la personalidad, a la actitud, al “cómo haces las cosas”, al interior de las personas. Basta ya de diseñar cursos que no aportan nada y no hacen trabajar interiormente, ni reflexionar, ni dotar de pensamientos críticos y creativos a los asistentes, ni motivarles al cambio y a la acción. Basta ya de hacer evaluaciones del desempeño que se realizan como quinielas, sin objetividad ninguna y siempre orientadas al salario. Basta ya de encuestas de clima de cuyos resultados no se ejecutan planes de acción, de hacerlas por hacerlas. Basta ya de tener un Departamento de Recursos Humanos que hace de todo menos eso, Recursos Humanos. Basta ya de buscar nuevas denominaciones al departamento si en el fondo seguimos haciendo lo mismo. Basta ya que sólo el departamento de Recursos Humanos haga las labores propias de Recursos Humanos. Todos somos Recursos Humanos y todos debemos saber comunicar, desarrollar, motivar, formar, ayudar, escuchar, gestionar, apoyar, corregir, acompañar, liderar…. desde el Jefe supremo hasta el “último mono”. Basta ya de palabras y vayamos a hechos, demos profundidad, calado y trasfondo a nuestra labor, y transmitámoslo así a todos nuestros interlocutores.

Es hora de que los profesionales de Recursos Humanos tomemos las riendas de nuestra profesión, de que creemos una tendencia, de que empecemos a “evangelizar” y educar a clientes, internos y externos, presentes y futuros, de que se den cuenta de que todo parte de la PERSONA, y todo debe hacer por y para la PERSONA y de que no todo vale, y mucho menos aquello que es vacío y no sirve al desarrollo, crecimiento y aprendizaje. Digámosles cómo deben hacerse las cosas en nuestro campo, y no digamos sí a todo, porque al final lo pagamos nosotros y, lo que es peor, los interesados, nuestra “materia prima”, que son las PERSONAS (empleados, candidatos, asistentes…). La Visión de Negocio de verdad, la global y a largo plazo, no es viable si la apuesta no empieza por las PERSONAS que nos rodean, en cualquier entorno, proyecto o empresa.