Hijos y liderazgo

Hijos y Liderazgo
Hijos y Liderazgo

Hace un par de semanas recibí una lección muy importante por parte de mis 3 hijos, una de muchas, pero esta me caló de manera especial, ya que fue una bofetada de sinceridad, de esas que suelen dar los niños…. tendríamos que escucharles más.

Resulta que llevábamos unos 6 meses construyendo un puzzle tridimensional de la Torre Eiffel, de casi 900 piezas. En su día vi en ese regalo de cumpleaños una oportunidad más de hacer una actividad conjunta con ellos en casa, y, por la dificultad del puzzle, un reto apasionante con el que conseguir un objetivo común. Hasta ahí todo bien. Durante los dos primeros meses estuvimos trabajando varios ratos por las tardes y los fines de semana, pero ciertamente no avanzábamos demasiado, hasta que llegó un momento en que nos distanciamos de la actividad por mera desesperación.

Tras varias semanas de abandono, el otro día, comiendo, les pregunté a mis hijos: ¿Queréis que volvamos a hacer el puzzle? Uno de ellos, el más lanzado, me respondió. “No papá, porque te molestamos”. En seguida me di cuenta de que esa respuesta la compartían sus dos hermanos al verles asentir. Mi mujer me miró estupefacta, no sé sí por la respuesta o por cómo se me quedó la cara. En ese momento comprendí que desde el minuto 1 cometí el mayor error que se puede hacer en un trabajo en equipo, asumí la construcción del puzzle como un reto personal, mío y sólo mío, obviando desde el principio el pilar fundamental de todo trabajo en equipo, el reparto de responsabilidades y las habilidades y personalidades de tu equipo. Yo quería hacer ese puzzle y que ellos me ayudaran, pero en ningún momento tuve en cuenta las capacidades de mis hijos, ni analicé en qué me podía ayudar cada uno de ellos, ni hice una planificación adecuada, nos pusimos a hacer el puzzle sin más, con un reparto de tareas sin criterios fundamentados.

Desde el principio asumí toda la responsabilidad y, al no coordinar convenientemente las tareas ni haber sabido hacerles responsables y partícipes de ellas, percibía que mis hijos molestaban más que ayudaban, que desordenaban piezas más que organizarlas, aunque ellos pusieran todo el empeño en colaborar. Consecuencia, se aburrían y se apartaban de la actividad para hacer otras cosas, quedándome yo sólo con mi cabezonería hasta que me aburrí también, y acabé abandonando el puzzle. Desde el principio olvidé que el puzzle era un trabajo en equipo, como un proyecto, en un entorno lúdico sí, pero un proyecto como cualquier otro, en donde son vigentes las mismas reglas que en un proyecto en un entorno profesional.

La rotundidad de la respuesta de mi hijo me hizo pensar y darme cuenta de que por mucho que tengamos asumidos conceptos, por mucho que hayamos coordinado y participado en proyectos, por mucho que sepamos de la vida, o creamos saberlo, nos dejamos llevar por nuestros impulsos, por el día a día, por el paso del tiempo, obviando a los que nos rodean, obcecándonos en nuestro objetivo final sin tener en cuenta los pasos intermedios.

En esa misma tarde nos pusimos manos a la obra pero esta vez con el enfoque adecuado. Tras hablar con cada uno de ellos hicimos un reparto de tareas en función de sus gustos y habilidades, dividiendo el objetivo general por objetivos pequeños, adecuándolos a cada hijo en función de sus habilidades, gustos y expectativas, en definitiva, escuchando y teniendo en cuenta cada una de sus personalidades, para asignarles el rol más adecuado a sus capacidades.

Todos los equipos de trabajo son buenos, la clave está en cómo los organices. Al principio daba por sentado que por ser niños veían en esta actividad un juego más con su padre, y perdí la visión de que ellos querían construir la Torre tanto como yo, pero necesitaban una guía, necesitaban sentirse involucrados, necesitaban sentirse partícipes de verdad.

Resultado, acabamos en 4 tardes lo que de la otra manera ni veíamos salida y acabamos abandonando. Y no sólo eso, si no que hemos sido capaces de construir además dos casas de Lego que teníamos pendientes, y ya estamos ansiosos por construir más grandes monumentos, porque, aparte de la consecución del objetivo, lo pasamos bien, nos reímos mucho, y compartimos impresiones sobre la actividad, qué nos gustó más, qué nos gustó menos, cómo podríamos mejorar, en definitiva, HICIMOS EQUIPO. Simplemente maravilloso.

¿Os suena esto en las empresas verdad?, ¿los jefes o líderes asumen responsabilidades o las reparten?, ¿tienen en cuenta la personalidad y habilidades de sus equipos o no?, ¿hay comunicación de verdad en los equipos de trabajo?

Ahora miramos nuestra Torre Eiffel con orgullo, pero no sólo por el hecho de haberla acabado, que también, si no por el aprendizaje que su construcción ha aportado en nosotros, nos conocemos más y mejor, y nos ha abierto un nuevo horizonte de actividades conjuntas.

Esta debe ser la consecuencia de un buen liderazgo, ya que se lidera a las personas, no a los proyectos.

Eres lo que aficionas

Aficiones
Aficiones

En muchos de los CV que veo a lo largo del día aparecen, en su parte final, las aficiones del candidato. Salvo algún caso excepcional, siempre aparecen enumeradas, sin profundizar y detallar, y que no van más allá de la lectura, ir al cine, correr o senderismo, entre otras.

Otros candidatos, no obstante, optan por no reflejar absolutamente nada relacionado con las aficiones, dejando a la interpretación del reclutador si ciertamente es que no las tienen o, si las tienen no las incluyen por considerarlas una información inútil o bien por timidez, que también ocurre.

La verdad es que la información relativa a las aficiones no va a inclinar la balanza por una candidatura frente a las otras, pero sí que aportan una información muy valiosa sobre la personalidad de los candidatos, sobre sus inquietudes y gustos, sobre su estilo de vida, sobre su interacción en su entorno, sobre sus aspiraciones, sobre sus relaciones sociales, etc…y que son muy tenidas en cuenta por los reclutadores y cada vez más por las empresas, que se interesan por el estilo de vida de los empleados.

En definitiva, las aficiones pueden aportar más información de la personalidad que hay detrás de ese CV que las titulaciones y experiencias obtenidas a lo largo de su trayectoria profesional. Además, pueden ser contrastadas por la información que compartan en sus redes sociales.

Hay que tener en cuenta que un CV hay que leerlo “entre líneas”. Los reclutadores analizamos entre la información meramente técnica determinados signos que nos puedan indicar el tipo de personalidad del candidato, como la forma de comunicar, la ortografía, el orden, la claridad de la información reflejada, la coherencia, etc.… Cada vez más los candidatos reflejan las competencias que se tienen y los logros conseguidos y que lógicamente hay que contrastar en entrevista y en referencias, pero también buscamos y contrastamos si la personalidad que nos ha transmitido el CV se corresponde con la que muestra el candidato en la entrevista, conversación telefónica o videoconferencia y, cómo no, en el 2.0. No olvidemos que la personalidad es clave para evaluar la adaptación de un candidato a un equipo de trabajo, cuestión clave para una incorporación exitosa, tanto como su cualificación técnica y experiencia.

Es por ello que no sólo incluir, si no desarrollar un apartado de aficiones facilita el trabajo a los reclutadores, pero es que además aporta personalidad al CV, lo humaniza. Lógicamente este aspecto también se debe proyectar en la Marca Personal, que, como su nombre indica, proyecta tu personalidad, tu huella como persona, tanto en la vida offline como en la online.

¿Cómo reflejar las aficiones?

Habría que ver primero cuáles son los elementos que hacen que una afición sea realmente eso, una afición:

1- Ha de ser una afición de verdad, constante en el tiempo. Ha de formar parte de tu vida y conformar tu estilo de vida, es decir, tiene que estar tan interiorizado en tu agenda que no eres tú si no puedes dedicarle tiempo.

2- Te tiene que aportar. Es lógico como consecuencia de lo anterior, hacer algo por hacerlo no tiene sentido, si lo haces es porque te aporta, ya sean habilidades intelectuales, físicas o ambas, e incluso emociones. En definitiva debe aportar aprendizaje… La clave aquí es ser consciente de lo que te aporta practicar esa afición.

3- Capitalizar lo aprendido practicando esa afición en tu vida privada y en la profesional, y explicarlo.

Por otro lado, no sólo se trata de reflejar las aficiones que practicas actualmente, yo también incluiría las que practicabas en el pasado pero que por diversos motivos ya no haces. La vida se escribe por etapas y lo que somos no es más que la suma de esas etapas y cómo las vamos afrontando.

Pongamos un ejemplo, si durante 6 años de tu vida has hecho danza, piensa qué es lo que te ha aportado: coordinación cuerpo-mente, disciplina, trabajo en equipo, concentración, autoconocimiento, constancia, capacidad de mejora, vencer la timidez…. Apostaría lo que fuera a que estas habilidades adquiridas con esa afición son válidas en cualquier entorno laboral. Aparte denota por parte del candidato sensibilidad y humanismo entre otras. La clave es destacar esas competencias y sensibilidades adquiridas con la práctica de esa afición y que estén relacionadas con las que pueden ser válidas al puesto al que se opta, si lo piensas bien, siempre encontrarás la relación.

Se podría decir que un perfil profesional no sólo se adquiere con la titulación y con la experiencia en empresa, también en tu tiempo, en la práctica de tus actividades favoritas, puedes adquirir las competencias necesarias para el mundo laboral. Estas actividades pueden ser físicas o intelectuales o mixtas, pero son igualmente válidas si sabes reflejar cómo capitalizas lo aprendido con ellas, da igual que sean deportes, voluntariados, manualidades, actividades culturales, en Naturaleza, bien en equipo o bien en solitario.

Por lo tanto, no incluyas aficiones por incluir algo, sin un sentido claro. Desarróllalas y arguméntalas, dale valor añadido a tu CV y en las entrevistas reflejando y argumentando lo que te han aportado en tu vida y que aplicas en diferentes entornos y que, por lo tanto, te complementan como persona. Eso sí, no incluyas las aficiones comenzadas y no terminadas o consolidadas (como los clásicos propósitos de año nuevo o de vuelta del verano). Cuidado, pueden denotar que eres una persona que se rinde fácilmente, que te falta constancia o que careces de capacidad de planificación, de todas formas, no han llegado a ser una afición, si no un intento.

“Este artículo fue publicado en la revista La Publi el pasado 20 de septiembre”

El autoaprendizaje, un valor añadido

IMG_20150903_180145
Comportamiento autodidacta

Estamos sin duda ante uno de los comportamientos que más valor está adquiriendo en hoy en día, y de los que más en cuenta se está teniendo en la búsqueda de profesionales. Aprendemos desde el mismo momento en que nacemos, a través de la escucha, del tacto, de la lectura, de probar, de investigar, de la experiencia… Es algo innato en nosotros. Podríamos decir que somos autodidactas desde el primer minuto de nuestra existencia. Y en base a nuestros gustos e inquietudes vamos curioseando, seleccionando y profundizando en aquello que más nos interesa, gusta y realiza como personas.

Hemos llegado a un momento en el que para acceder a la gran mayoría de las profesiones es necesario certificarse o titularse para poder incorporarnos en el Mercado Laboral. Hoy en día la gente gasta mucho dinero en los miles de cursos que el Mercado ofrece y que, si bien permiten adquirir unos conocimientos específicos de un área en cuestión, ese título o certificado obtenido no garantiza el acceso al Mercado Laboral, aunque se estaría “burocráticamente” capacitado para ello.

Sin embargo esto ya no es suficiente, el hecho en sí de obtener un título prácticamente lo puede hacer cualquiera, lo diferenciador, lo realmente importante, es adoptar una actitud de aprendizaje continuo que no necesariamente ha de estar ligado a la obtención de un título que te capacite. Un título no es más que eso, un papel que certifica que has estudiado “equis” horas una determinada materia, pero no demuestra realmente que seas apto hasta que no se te vea poniendo el conocimento adquirido en práctica.

Desde que entramos en el “círculo educativo”, nos enseñan a aprender un número determinado de materias al año, independientemente de que fueran de tu interés o no. Había que aprobar sí o sí para pasar al siguiente curso. Con el paso de los años vas seleccionando ramas más acordes con tus inquietudes pero todas dentro de un cajón estanco del que no te podías salir. Esta “imposición” ha provocado que muchas personas hayan abandonado la actitud de autoaprendizaje (por no mencionar su formación en general) ciñéndose a lo estrictamente académico, a conseguir una nota en definitiva, y bien por falta de tiempo, de interés o por puro agotamiento nos dejamos llevar y dejamos de lado el aprender por amor al aprender, como un acto responsable de tu formación y desarrollo como persona.

Hemos olvidado que el aprendizaje no está sólo en las escuelas, institutos, universidades o centros de formación. El aprendizaje nos rodea y acompaña allá donde nos movamos, y ese aprendizaje “fuera de catálogo” puede ser tan o más importante que el meramente académico, entre otras cosas porque tú decides qué, cómo, dónde y cuándo aprender, en base a tus inquietudes personales y/o profesionales. Es lo que llamamos autoaprendizaje.

Una de las mayores críticas al autoaprendizaje es que la persona al ejercer control total sobre su desarrollo formativo, se alimente de fuentes no autorizadas o no debidamente contrastadas, cayendo en el error de adquirir conocimientos incompletos o equivocados, fuera aparte que al no acabar con la obtención de un título oficial, no obtendrá por tanto reconocimiento en el Mercado de Trabajo.

Sin embargo, los reclutadores no nos debemos fijar ya tanto en una titulación oficial (aparte de en esas profesiones en las que es una exigencia para ejercerlas, como Medicina o Abogacía por poner un par de ejemplos). Nos debemos fijar más allá de ese reconocimiento oficial a lo aprendido mediante el autoaprendizaje, a ese intangible que es la actitud de aprender con visión a largo plazo, con el objetivo de enriquecerte como persona, lo que en consecuencia tendrá su impacto en el entorno laboral, aportando valor añadido y transversal a todas las competencias que se deben poner en juego en el desempeño profesional y, por supuesto, y las personas que te rodean.

En cuanto a las ventajas de un comportamiento autodidacta, destaco aquí 10 de ellas:

1- Hacerte responsable de tu formación y de la forma en la que adquieres ese conocimiento.

2– En consecuencia, analizas el Mercado de tal modo que te permita saber qué conocimientos son necesarios en la profesión que quieres ejercer o ya estás ejerciendo, cuáles son las nuevas tendencias, qué piden las empresas, en qué especializarte, en donde puedes empoderar tus habilidades.

3- Por lo mismo, se hace necesario, tras adquirir esa visión global que te proporciona la ventaja anterior, el marcar una estrategia de aprendizaje acorde con los objetivos y con el tiempo con el que dispongas para dedicarle.

2- Comparar fuentes y verificar la validez, vigencia y aceptación de los contenidos.

3- Obtener sentido crítico y opinión y no dejarte llevar por lo que te digan.

4- Obtener visión global y a largo plazo, compartiendo y contrastando tus conocimientos en un blog, en una charla, en conversaciones cotidianas, en las redes. De nada vale lo que aprendes si no lo compartes, si no lo expones a los demás, que puedan rectificar, complementar o ampliar lo aprendido por ti.

4- Aplicar conocimientos y habilidades intangibles de otros campos al tuyo, por analogía.

5- Volver a dejarte sorprender por el Conocimiento Humano, cuya evolución va en paralelo al Pensamiento de cada época en que vivimos, de manera ineludible. Te hace estar al día en tu época y entorno.

6- Descubrir más inquietudes de las que crees que tienes, dar luz a tu rutina y salir de la comodidad y del que “me las den aquí todas”.

7- Adquieres seguridad, integridad, sensatez, riqueza en la conversación y perspectiva, generando debate. Eres capaz de hacer que visualicen tu perfil profesional y personal en un contexto laboral o personal determinado.

8- Cambias tu concepción de la Educación, la que te ha sido “impuesta” por lo componentes sociales, económicos, laborales del entorno en donde has vivido, para darte cuenta de que hay una “nueva” forma de aprender, la natural, en realidad la que has tenido siempre desde que naciste, aunque la olvidaste.

9- Darte cuenta de que equivocarte es uno de los mejores sistemas para aprender, y, de paso, te quitas el miedo a equivocarte, uno de los que más paraliza.

10- Por último, hoy en día, con el 2.0 y todas las herramientas de las que se dispone, ese autoaprendizaje puede salirte gratis (TED, MOOC , Blogs, publicaciones,….). Estamos en una era en la que las Nuevas Tecnologías están cambiando el entorno educativo y las maneras de aprender y obtener conocimiento. Ese entorno educativo, poco a poco, tendrá que adaptarse a ellas, y de hecho ya lo está haciendo.

En definitiva, el aprendizaje autodirigido o la conducta autodidacta te permite generar valor añadido en ti, en tu entorno y por supuesto, en un contexto laboral, y eso se reconoce. En un CV y en tu Marca Personal no cuentes sólo lo que has hecho, también cómo lo has hecho y por supuesto, qué has aprendido de ello y qué puedes aplicar en ese trabajo, ya sea de un contexto laboral y personal, y por supuesto de cualquier afición o inquietud que realmente forme o haya formado parte de tu crecimiento como Persona.

Otra cuestión es que las empresas creen el caldo de cultivo adecuado para que los profesionales puedan realizar autoaprendizaje en ellas y sean apoyados y reconocidos en esa actitud, pero esta es otra guerra que sin duda ya se está llevando a cabo, aún de manera paulatina, pero ineludible a medida que se vaya consolidando el relevo generacional.

Morir de tiempo

Morir de tiempo
Morir de tiempo

El otro día, con motivo de un proyecto en el que estoy inmerso, me desplacé a una ciudad en donde vive un viejo amigo de mi época de Universidad y al que hacía 18 años que no veía. Aproveché el viaje para vernos y cenar juntos.

El reencuentro fue emotivo, creo que la gente que nos rodeaba podía notar la cara de felicidad de ambos y presumíamos del evento con sus amistades, las cuáles nos íbamos encontrando en nuestro paseo. Nos pusimos al día, recordamos viejos tiempos, anécdotas y muchos ratos que compartimos en aquellos años, en donde aún veíamos la vida como un largo camino por recorrer, con otras preocupaciones, con otras prioridades, éramos unos chavales.

Una vez actualizados nos pusimos a hablar de nuestros presentes y, en consecuencia, de nuestras expectativas de futuro. En un momento de la conversación me di cuenta que a pesar de tantos años sin vernos, a pesar de los caminos tan diferentes que habíamos tomado, a pesar de los avatares de la vida que a cada uno de nosotros nos había tocado vivir, teníamos algo más en común que una amistad y un recuerdo divertido y entrañable como el que nos une. Ese momento fue cuando hablamos de nuestro “equipaje”, de nuestro “balance”, en definitiva, de lo aprendido hasta ahora, en la mitad de nuestras vidas. En ese momento mi amigo me dijo: “Antonio, soy rico, rico de tiempo”. En seguida entendí lo que quiso decir. No es que tenga mucho tiempo libre, tiene su trabajo (en su caso empresa propia), su familia y sus obligaciones, como todos, pero todo ese tiempo que tiene lo siente como suyo, lo dedica para sí mismo, en diferentes entornos. Él decide cómo, dónde y con quién administrarlo.

A mi me pasa igual, aunque tardé en darme cuenta. No sé si tarde o temprano, no lo sé, y además no importa ya. Imagino que nos pasa a todos, que va con la edad. Lo único claro es que venimos a la vida con un reloj de arena bajo el brazo y nos vamos cuando ésta se ha agotado, no hay más. Lo demás es circunstancial. De lo demás, lo que llamamos vida, lo que nos pasa y lo que provocamos que nos pase, tan sólo podemos decidir cómo afrontarlo, porque siempre habrá cosas por hacer y siempre cosas que elegir y descartar, siempre habrá cosas para arrepentirte y cosas para sentirse orgulloso, pero el cómo lo afrontes marcará tu camino. El cómo lo afrontes marcará el cómo percibas el paso del tiempo. Hasta perder el tiempo es muchas veces necesario, porque perder el tiempo no es tirarlo, perder el tiempo es tan sólo dedicarte a no hacer nada, simplemente porque te apetece o necesitas no hacer nada.

Pero tirarlo…. veo a mucha gente que lo tira, que lo malgasta, que se ha dejado devorar por la vorágine, que, aun sabiendo que el tiempo es limitado, no es consciente de que éste se agota. Gente que se agarra a lo material, a lo banal, al estatus, a la reputación, a lo que opinen los demás, a que los demás decidan por él, a elegir lo que no quiere elegir, a descartar lo que no quieren descartar, a estar con quienes no quieren estar, a no estar con quienes realmente quieren estar. Personas grises porque no ven su propio color, porque no afrontan lo que la vida les va deparando, tan sólo afrontan lo que tienen o quieren en ese momento, desde lo efímero, desde lo temporal, desde las cápsulas de felicidad en la que hemos convertido nuestro Mundo, que puedes comprar y desechar a tu antojo, sin más, sin propósito. ¿Se trata de llenar el tiempo o de alimentar el tiempo que nos toca vivir?

De todo te puedes recuperar, absolutamente de todo, menos del paso del tiempo. Aquí no hay prórrogas, puedes perder, empatar o ganar, aunque si tú decides como usar el tiempo del que dispones, siempre ganarás, ya que siempre habrá ocasiones perdidas, faltas no pitadas, fueras de juego, pero habrás hecho tu partido, habrás vivido TU VIDA.

La tristeza como valor

Tristeza
Tristeza

¿Por qué no? forma parte de nuestro catálogo de emociones, aunque, por lo general, es de esas que tratamos de esconder, quizás porque muestra nuestra vulnerabilidad y nuestro lado más sensible. En una época en la que se trata de fomentar el optimismo y el pensamiento positivo por todos lados, reivindico la tristeza como una emoción tan “necesaria” e importante como la alegría. Para empezar tiene un aspecto que yo considero clave, y es que la tristeza te permite elevar a tu consciente todas aquellas vivencias o circunstancias que te han llevado a ese estado. Te permite, por tanto, reflexionar, analizar tus sentimientos y conocerte mejor.

No todas las tristezas tienen por qué significar vulnerabilidad, hay tristezas que demuestran la intensidad que le pones a la vida, hay tristezas que vienen tras una lucha constante por conseguir algo que finalmente no has logrado; hay tristezas que vienen por la pérdida de un ser querido; hay tristezas que vienen por la pérdida de una determinada situación, personal o laboral, cómoda o estable; o por situaciones pasadas que sabes que no volverán, o por el dolor ajeno. La persona que no sienta tristeza tras estas circunstancias, en mi opinión, tiene un problema. La tristeza te hace más fuerte…. si quieres. Por tanto la clave es como gestiones ese estado emocional. ¿Qué valores le veo a la tristeza?

1- Puedes visualizar aquello que has perdido y revivirlo, volver a sentir lo que sentías cuando lo tenías. Es importante tener presente lo que has pasado, las vivencias que has tenido, ya que puedes ser consciente de cuáles son tus cimientos, de aquellos principios y valores que has ido consolidando o descartando hasta formar tu personalidad actual. En definitiva conocer las bases para plantear tu futuro, rectificarlo, mejorarlo, elegirlo. El peligro, en este aspecto, es que te puedes quedar anclado en ese pasado, y esto es precisamente lo que se debe evitar. La clave es que si una vez fuiste feliz, puedes volver a serlo, pero debes conocer con qué “herramientas” contabas para serlo, y cuáles siguen siendo útiles para volver a serlo. En definitiva te das cuenta de lo valioso que es el momento presente, siempre nos pasa que valoramos las cosas cuando ya no las tenemos.

2- El conocer tu lado más emocional y tus posibles vulnerabilidades, aunque sea paradójico, te hace más fuerte. Tan peligroso es no saber cuáles son tus puntos fuertes como no saber cuáles son tus puntos débiles. Los primeros no pueden existir sin los otros y viceversa. El conocimiento de todas tus facetas te prepara para reaccionar adecuadamente ante futuras eventualidades y, no se trata de ocultar tu vulnerabilidad, ya que detrás de ella hay unos valores que forman parte de tu esencia, hay unos miedos, pero hay también una posibilidad de mirarte de frente al espejo y afrontarte, y poner soluciones para evitar que esos puntos débiles oculten tu lado más potente, y das una oportunidad a mejorarte, por lo que das una oportunidad a que tu entorno mejore.

3- Compartir la tristeza con tu entorno permite que te conozcan mejor, permite estrechar lazos o descartar los lazos que no te aportan o que no te permiten aportar. Al mostrarte permites que se entiendan determinados comportamientos tuyos, permites que se comprendan el por qué de tus opiniones. Mostrar tu personalidad no es peligroso, siempre y cuando te hayas aceptado a ti mismo, siempre y cuando lleves sujetas las riendas de tu vida, siempre y cuando todas tus facetas muestren integridad y capacidad de reacción. Parece que en un entorno laboral no es bueno mostrar determinados sentimientos, pero no puede haber una gestión emocional de las personas si no se conocen todas las emociones que las conforman. Integridad y tristeza no son incompatibles, todo lo contrario, eres el fruto de todas tus facetas, lo que importa es que haya autoaceptación y equilibrio.

4- Llorar no es malo, normalmente te sientes mejor después del llanto, es como si eliminaras lastre, es como si te limpiaras por dentro, es una “gimnasia” necesaria, es una puerta de tu esencia que se abre. A veces es necesario “disfrutar” el llanto, pero como todo en la vida, en su justa medida. Estamos en una sociedad en la que rehuimos de escuchar penas, pero éstas forman parte de la realidad. En plena efervescencia del individuo y del empoderamiento del mismo, la tristeza forma parte de nuestro catálogo, es una emoción más, que rompe barreras, que abre y profundiza amistades y relaciones, que une o separa (a veces las separaciones son necesarias y útiles cuando ya no hay nada más) y que permite que se amplíe la valoración hacia ti como persona. En definitiva la tristeza suele mostrar carencias afectivas, alertando a tu entorno. El afecto, el amor, el cariño, en toda su plenitud, es el motor de todo. Escuchemos esas alertas para actuar en consecuencia.

5- La tristeza también puede paralizarte. En mi opinión, y por mi experiencia, es bueno tener esos momentos de “parálisis”, pero siempre controlada y con el amor propio suficiente para sacar conclusiones y ponerte de nuevo en marcha con las decisiones tomadas. Tomar distancia, recuperar la objetividad, escarbar tu negatividad para entenderla mejor te permite darle a esos momentos de “autodestrucción” un enfoque constructivo. Es como deconstruirte para volver a construirte mucho más fuerte, ampliar tu visión frente a los avatares de la vida, y empatizar con ella y con todos los que participamos en ella.

Generar oportunidades

Generar Oportunidades
Generar Oportunidades

El enfoque que le das a las cosas es como la aerodinámica en los coches de carrera. Puedes tener un motor potente y multitud de aspectos técnicos que mejoran su potencia, pero no es suficiente a la hora de ganar una carrera. Al final la aerodinámica adecuada es lo que permite al coche gestionar con solvencia las resistencias y obstáculos que se van encontrando por el camino.

Por lo mismo, en la generación y desarrollo de la estrategia de búsqueda de empleo, ya sea para desempleados u ocupados, no es suficiente con tener una “Marca Personal” o un CV potente, la clave es trabajar la mentalidad y el enfoque, ya que, al igual que la aerodinámica, es lo que te permitirá sortear los obstáculos y resistencias que siempre van a surgir, como en cualquier ámbito de la vida.

¿Y cuál es el enfoque?, para mí, toda estrategia de búsqueda de empleo debe estar encaminada a la generación de oportunidades, y con una clara visión a largo plazo, por supuesto con unos buenos cimientos, como son el autoconocimiento y la fijación de un objetivo claro. Sin esto último el resto seguramente nos lleve a metas no deseadas o a la frustración.

Partiendo de la idea de que te has marcado un objetivo claro y que has hecho ese ejercicio de autoanálisis, que te ha permitido conocer tus puntos fuertes y tus aspectos de mejora, se trata ahora de proyectarte al Mercado, de tal modo que siembres semillas en todos los escenarios y personas que has identificado como “caladeros de oportunidades”.

¿Cuáles son las características de un enfoque de generación de oportunidades?:

1- Te permite andar un camino preestablecido de manera firme, pero tiene un aspecto que considero apasionante, y es que este enfoque debe dar margen a la improvisación, a la revisión y a la rectificación, por mucha planificación previa que hayas realizado.  Lo bueno de pensar a largo plazo es que te permite trazar unos hitos o metas volantes, las cuáles son escenarios que aún no han sido contrastados con la realidad. Lo que a priori considerabas como bueno puede que en la práctica no lo sea tanto, por lo que un cambio o rectificación a tiempo no tiene por qué significar un cambio de objetivo global, pero sí significará un paso más para alcanzarlo.

2- Te permite liberarte del estrés del resultadismo. No te centras en el resultado a largo plazo, si no que te focalizas en los pequeños avances e hitos que te has marcado, uno a uno, analizando y probando las diferentes alternativas que el camino te ofrece. Ese camino debes trocearlo de tal manera que percibas avances constantes, que te sientas en alerta permanente, y por supuesto con un grado de motivación óptima.

3- Te permite conocer gente muy interesante, abierta a aportar y a que les aportes. Por lo mismo te permite descartar a esas personas y cuestiones que te alejan de tu objetivo. Te permite ser selectivo y práctico y enfocarte a lo que te aporta valor y en lo que aportas valor.

4- Te permite profundizar en temas y cuestiones necesarias para evolucionar en tu camino, nuevas tendencias, herramientas y maneras de hacer las cosas en el sector o empleo al que te estás dirigiendo. Esta actitud de aprendizaje es la adecuada para saber en qué aspectos estás fuerte, y en cuáles necesitas desarrollarte para ser más atractivo al Mercado al que te diriges, te permita saber también en qué necesitas ayuda.

5- Te permite tomar las riendas de tu camino y tener el derecho a equivocarte o a acertar por ti mismo. Lo importante es no dejar de actuar y sentir que avanzas y que aportas, lo que alimenta tu ánimo.

6- Te permite adquirir una actitud más reflexiva, analizando todas tus actuaciones y resultados, potenciando las que funcionan y desechando o cambiando las que no funcionan, siendo consciente de ti mismo en todo momento, notando cómo las ruedas de tu pensamiento fluyen y te empujan hacia la meta, con total honestidad.

7- Te permite adquirir seguridad en ti mismo, integridad, confianza y coherencia en tus mensajes y actuaciones, lo que sin duda conformará y se proyectará al exterior como tu “marca personal”, como la huella que dejas, como el impacto que causas.

En definitiva, la aerodinámica, lo que hace que resistas y sigas en la brecha es la propia conciencia de ti mismo, es saber hacia dónde quieres llegar y qué camino tomar, pero también lo es el saber que ese camino tendrá obstáculos y estás preparado para superarlos. La clave es que todo lo que hagas debe generar oportunidades, con constancia, por algún lado saltará la liebre, seguro.

(Este artículo fue publicado el pasado 20 de mayo en la Revista La Publi).

Recursos Humanos “de las Cosas”

Escuchar
Escuchar

Basándome en el “Internet de las Cosas”, que se está aplicando a todos los objetos cotidianos aumentando con ello las posibilidades de conectividad y comunicación, en el campo de los Recursos Humanos está ocurriendo lo mismo. Estamos en un momento en el que los reclutadores tenemos cada vez más medios digitales para conocer a la persona que hay detrás de un candidato, a la par que éstos tienen cada vez más herramientas para hacerse notar en el Mercado Laboral.

Lo mismo ocurre con la gestión de Recursos Humanos dentro de una empresa. En mi opinión el cambio organizacional se basa en la toma de conciencia por parte de los profesionales de Recursos Humanos de dos cuestiones, principalmente:

1- El firme convencimiento de que nuestro trabajo está en torno a la persona y todo lo que conlleva, como las emociones y valores, tal y como lo defino en mi post “PERSONA”.

2- El firme convencimiento de que, independientemente de la relevancia de nuestro departamento en las empresas en las que estemos, debemos convertirnos en facilitadores y evangelizadores de esta nueva concepción en nuestra función, tal y como explico en mi post “Evangelizar los Recursos Humanos”

A partir de ahí el trabajo no es fácil, pero es obligado si queremos dar valor a nuestra función y convencer a los gerentes de que ésta es la única vía para que la empresa evolucione convenientemente, de manera sostenible y a largo plazo. Tal y como nos demuestra la Naturaleza con la Evolución de las Especies, en la que la adaptación de las mismas a los nuevos entornos es clave para su supervivencia. Lo mismo pasa con las empresas.

Por lo tanto, no se trata sólo de gestionar nuestro departamento conforme a las nuevas tendencias de gestión humana y a los nuevos paradigmas del management, con la asunción de un nuevo rol muchas más humano basado en el desarrollo real de las personas, se trata también de mostrar a nuestros gerentes estos nuevos caminos, estas nuevas herramientas que facilitan la comunicación, el trabajo en equipo, la motivación, la formación y el desarrollo de sus empleados, y que facilitan, en el fondo, el conocer a la persona que hay detrás de cada empleado. La gestión de Recursos Humanos debe hacerse en toda acción que se realiza desde la gerencia y empleados, pasando por los mandos intermedios, no sólo en el propio departamento de Recursos Humanos, No se trata de hacer muchas cosas o incorporar muchas herramientas sin un trasfondo y objetivos claros, se trata de hacerlas paulatinamente e incorporarlas bien, aunque sean pocas, adaptándolas a la casuística de cada empresa y por supuesto preparando a los empleados y líderes convenientemente para paliar posibles desfases “culturales”. Por mi experiencia pienso que la mayor parte de los problemas de las empresas parte del error o ausencia de comunicación, quizás, una vez tomada conciencia de los dos puntos mencionados al principio, deberíamos comenzar por mostrarles cómo se escucha, piedra filosofal de toda comunicación, a partir de ahí, el camino se hace andando, y siempre con sentido común.