Impulso

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Baila, anda, juega

No queda otra que bailar la danza que nos toca, pero tú puedes marcar el ritmo.

No queda otra que andar el camino, pero tú puedes marcar la ruta.

No queda otra que jugar el partido, pero tú puedes marcar la estrategia.

No queda otra…

Esperar, condicionar, excusar, no es más que perder tiempo.

Equivocarte es más fácil que acertar, no te quepa duda, nos pasa a todos.

Intentarlo es el principio, pero también puede ser el final, ¿qué más da?, siempre hay alternativas, siempre hay otras danzas, otros caminos, otro partidos. Después de bailar mal, tienes dos opciones, hacerlo peor o hacerlo mejor. Después de andar por un camino equivocado, quedan dos opciones, o perderte más o reconducirte. Después de perder un partido, te quedan dos opciones, no jugar más o jugar otro, que quizás ganes.

Se trata de bailar, se trata de caminar, se trata de jugar partidos.

No queda otra que seguir, no queda otra que avanzar, porque perder y equivocarte también es avanzar, entra dentro del guión.

Coger impulso, provocar movimiento, tener la voluntad de hacer cosas, no lo marca las empresas, ni la Sociedad, ni los políticos, ni siquiera la Naturaleza, lo marcas tú. Siempre tienes opciones, puedes elegir. Es el Libre Albedrío.

Ahí está la clave, ahí reside el misterio, ahí está el nudo, de ahí nacen los miedos. Elegir e impulsarte.

Elige el ritmo que quieras.

Elige el camino que quieras.

Elige la estrategia que quieras.

Pero baila, anda, juega.

Elige, e impúlsate. Adelante.

Aprender de dos generaciones

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Hace poco cumplí 40 años, por lo que pertenezco a una generación que está, en estos momentos, inmersa de pleno en el proceso de toma de las riendas de la Sociedad a todos los niveles, públicos y privados, es nuestro turno.

Estamos en medio de dos generaciones muy potentes, la de nuestros padres, que armaron la Sociedad actual prácticamente de la nada, sobreviviendo a un duro periodo de posguerra, no sólo enfocado en España, si no en todo el mundo y, por otro lado, la de nuestros hijos, los cuáles, sin ninguna duda, veo mucho más espabilados que nosotros a su edad, el mundo interconectado es su hábitat, ya lo dominan, y la inmediatez es su lema.

Como digo, es nuestro turno, pero la sociedad que estamos cogiendo no es la Sociedad que nos dibujaron, no es la Sociedad en la que nos enseñaron a vivir, está cambiando, ha cambiado, seguirá cambiando. Vaya turno, hemos estado treinta y pico de años preparándonos un papel que, llegado el día del estreno, nos lo cambian. ¿Y ahora qué? Se supone que con nuestra edad la vida debería estar resuelta ¿no?, pues resulta que no. Nos toca seguir aprendiendo, nos toca adaptarnos, nos toca trabajar duro, nos toca ver la vida como si siempre estuviéramos en 1º de EGB, nunca la tendremos hecha, pero siempre la estaremos haciendo, hasta el final. Afortunadamente tenemos dos buenos espejos donde mirarnos, el de nuestros padres y el de nuestros hijos, la clave es encontrar el equilibrio y, una vez encontrado, marcar los pasos. Ahí radica el problema, encontrar el punto de equilibrio, y no quedarnos en fuera de juego.

No hay “Ninis”, no hay generaciones perdidas, no hay generaciones agotadas, lo que de verdad no hay es equilibrio, sólo excesos, sólo radicalismos, sólo etiquetas, sólo blanco o negro. Los mayores se resisten a los cambios, quizás por las cosas de la edad, quizás porque lo que han conseguido les costó mucho esfuerzo, y aunque lo hayan perdido, siguen haciendo las cosas como siempre lo han hecho, sin ver que eso ya no funciona en el nuevo escenario. Los pequeños quieren cambios, constantemente, porque lo monótono les aburre, porque lo establecido no conjuga con sus gustos e inquietudes, porque el dar por hecho las cosas no genera resultados, van más rápido que nosotros, se cuestionan las cosas más que nosotros.

En esta encrucijada estamos. Nosotros, que hemos mamado y vivido la cultura del esfuerzo y del sacrificio para alcanzar una estabilidad, nosotros, que estamos viviendo el cambio de paradigma en toda su magnitud, nosotros, que nos hemos agarrado al tren de la revolución tecnológica del Siglo XXI educados en los valores y normas del Siglo XX, nosotros, tenemos un papel duro, pero apasionante, el de seguir aprendiendo, el de construir, de dos pensamientos generacionales, en muchos casos antagónicos, nuestro propio pensamiento, adaptándolo a la evolución social que vivimos, de tal modo que no nos quedemos en mera transición, si no en verdadero motor del cambio, en el escalón generacional que transformó la Sociedad, llevando lo bueno de nuestros padres para optimizar lo bueno de nuestros hijos

Creo firmemente que tenemos capacidad sobrada para ello, nos hemos preparado y formado muy bien, llevamos en la mochila esos valores universales y atemporales que debemos adaptar a esta nueva era, sabemos dialogar y tenemos sentido crítico. ¿Cómo lo hacemos?, no lo sé, no soy filósofo, aunque me considero una persona muy observadora, quizás ahí esté una de las claves, la de observar, la de analizar, la de tomarnos el tiempo necesario para reflexionar en ello, la de tomarnos el tiempo necesario para comunicarnos con ellos, con nuestros padres y nuestros hijos, tomarnos el tiempo necesario para escucharles. El tiempo, ¡ah! el Tiempo, cómo nos hemos complicado la vida con tal de no tener tiempo, cuando el tiempo no es algo que se tiene, si no que se dedica.

Quizás no se trate de que nuestra generación sobrevivamos esta época de cambios, si no de que seamos nosotros mismos el Cambio, pero para ello hay que dedicar tiempo, porque se es Cambio comunicándonos y actuando, porque se es Cambio aprendiendo.

Espacio “Desarrolla-T” (Programa 1) Presentación de Talento Local y Personas

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“Desarrolla-T” Programa 1

Este es el “podcast” de mi primera emisión en la sección “Desarrolla-T” del programa “El Canto del Gallo” en Radio Miramar, presentado por José Manuel Blanco, en donde presento Talento Local y Personas y los objetivos de este espacio, con una clara vocación social y de servicio público. Espero que os resulte de interés:

Programa 1: Presentación de la Sección

Elección

Elección

Algún día miraremos atrás y nos daremos cuenta del “Máster en Vivo y en Directo” que nos está suponiendo el salir adelante en estos momentos y que nos está permitiendo sacar lo mejor de nosotros mismos. Es una cuestión de elección el que, cuando llegue ese día, lo sintamos así. ¿Cómo lo eliges?:

  1. Dándote cuenta de que es ahora cuando más que nunca todo depende de ti, de cómo enfoques la realidad y de qué decidas hacer ante ella.
  2. Dándote cuenta de que tus sueños se alcanzan trozo a trozo, día a día, momento a momento.
  3. Dándote cuenta de que siempre debes tener sueños, algo por lo que luchar, algo por lo que superarte.
  4. Dándote cuenta de los recursos de los que dispones hoy en día para hacerte ver y mostrar al Mundo cómo haces las cosas.
  5. Dándote cuenta de que tienes toda la información y el conocimiento que quieras en tu mano, de que puedes gestionarla, canalizarla, curarla, crearla y compartirla como quieras, cuando quieras y con quien quieras.
  6. Dándote cuenta de que el verdadero individualismo, lo que te hace diferente, no tiene sentido en sí mismo si no está enmarcado dentro del colectivismo y conectivismo hacia al que va tendiendo la Sociedad en todas sus parcelas.
  7. Dándote cuenta de que si no estás atento te quedas fuera.
  8. Dándote cuenta de que el Cambio forma parte de ti, es innato, tanto como el hambre, o la sed.
  9. Dándote cuenta de que el estado natural de tu persona es la del aprendizaje, la de la mejora, la de aportar, la de dejarte aportar.
  10. Dándote cuenta de que la Libertad está en elegir, no en tener.
  11. Dándote cuenta de que el motor de tu Mundo eres tú, de esa manera te valorarás, de esa manera te valorarán.
  12. En definitiva, dándote cuenta de cada instante, de cada detalle, de cada cosa.
  13. Y actuar.

Esencias compartidas

Esencias compartidas
Esencias compartidas

Siempre escribo desde mi experiencia personal, pero en este “post” voy a ser un poco más intimista, si me lo permitís.

El pasado fin de semana viví uno de esos momentos a los que llamo “Mordiscos a la Vida”. Fui a Madrid a reunirme con mis compañeros de promoción 20 años después de acabar el COU y la tan “temida” Selectividad y, como nos pasa a todos, hay compañeros con los que he mantenido la relación todos estos años y otros en los que la relación se ha perdido, salvo los casos en los que Facebook me ha permitido volver a contactar con ellos (para mi la gran aportación social de esta red). En cualquier caso, todos y cada uno de ellos siempre han estado en mis recuerdos, cada uno de ellos me han aportado cosas diferentes, pero todas complementarias y desde luego útiles para cualquier parcela y etapa de mi vida.

Con estos amigos he compartido prácticamente 10 años de mi vida, en una de las edades críticas de toda persona, si no la que más, desde la pre-adolescencia hasta su última etapa previa a la edad adulta, pues es en la que te forjas como persona, en la que consolidas valores, en las que asientas los pilares sobre los que sostienes tu actitud y principios frente a la vida, ya que, independientemente de que sufran variaciones en función de las circunstancias, el poso, el común denominador, la argamasa que solidifica las juntas, es siempre la misma, es la que forma tu esencia. En definitiva, es ese conjunto de valores, los cuáles tuve la oportunidad de comprobar que son compartidos con mis compañeros, cada uno con sus intensidades, con sus matizaciones, pero igual de sólidos, provenientes de la misma raíz.

Lo que no esperaba encontrarme era conmigo mismo en toda mi plenitud de aquella época, con aquéllas sensaciones a flor de piel. Independiente de los cambios físicos de cada uno de nosotros, cuestión evidente e irrefutable del paso del tiempo, noté que les miraba con los mismos ojos de esos años, a la par que ellos hacían lo mismo conmigo y con el resto, es cómo si la pátina del tiempo fuera un espejismo, un barniz tan fino que a poco que soplaras se desvaneciera y volviésemos a aquella época. Es curioso como esa pátina tan débil pueda, en muchas ocasiones, caer como una losa sobre nuestra actitud frente a la vida.

Ya lo sabía o al menos intuía, pero aquel día constaté que lo que soy se lo debo en buena parte al día a día que viví con ellos, a tantos años de aprendizaje, de risas, de convivencia, de viajes y excursiones, de exámenes, de juegos, cánticos, deportes, etc… Lo viví tan intensamente que no tuve ni la fuerza ni las ganas de frenar el impulso de decirles a muchos de ellos aquello que me aportaron, cosas que ellos ya no recordaban, pequeños detalles que para mi significaron mucho, que me marcaron y que forman parte de mi catálogo de “etapas de aprendizaje”, es decir, esa sensación que sientes cuando percibes que has dado un paso más de madurez.

Amigos en esto se basa la vida y es donde se encuentra la sensación de felicidad, en los pequeños detalles, en la huella que dejas y en la huella que te dejan, ya sea consciente o inconscientemente. Cuando ves a una persona y lo primero que te sale es una sonrisa, sientes que forma parte de tu esencia, y viceversa. Aquél día sonreí mucho, porque estuve con personas que me ayudaron a consolidar una buena parte de mi esencia, la cual transmito en mi vida privada, a mi familia y amigos, pero también en mi actividad profesional. Aún sigo sonriendo.

No dejemos que los avatares de la vida nos apaguen y oculten estos detalles de luz y esencia, o, mejor dicho, no nos permitamos a nosotros mismos apagarlas por muchas zancadillas que nos encontremos, pues son el punto de partida para levantarse y arrancar de nuevo. (Si una vez fui feliz, puedo serlo las veces que yo quiera y cuando yo quiera, sin más).

Ese día viví mi esencia, que es la de ellos. Aquel día lo saboreé… y aun sigo saboreándolo.

A todos ellos va dedicada esta reflexión, a los que estuvieron, a los que no pudieron asistir y a los que por desgracia ya no están con nosotros. Con mi profundo afecto y en agradecimiento a todo lo que me han aportado. Me siento afortunado.

“Mens Sana”

Deporte y Vida
Deporte y Vida

Que el deporte forma parte de nuestra vida es algo ya por todos sabido, que cada vez más personas lo practiquen en mayor o menor medida se comprueba todos los días en las calles, gimnasios, parques, playas, piscinas etc… y que los beneficios que tiene la práctica deportiva sobre nuestra salud física y mental están más que demostrados.

Ahora bien, me gustaría destacar en este artículo el ejemplo que pueden suponer cada una de las 10 disciplinas deportivas que enumero para nuestra vida personal y/o profesional, por las habilidades y valores que te permiten adquirir y desarrollar en cada una de ellas y que sin duda son de gran utilidad y aplicabilidad en nuestro día a día. Todas las disciplinas deportivas tienen en común virtudes tales como el esfuerzo, la dedicación y la superación, entre muchas otras, además del dominio de una técnica específica para cada una de ellas adquirida a base de mucho entrenamiento y sacrificio. No obstante me gustaría destacar los valores y habilidades que veo más relevantes en cada deporte que he escogido, independientemente de que también están presentes en el resto de las disciplinas aunque con diferente nivel de relevancia.

FÚTBOL: Una de las habilidades imprescindibles de este deporte es la capacidad de anticipación, tanto para despejar un balón, desmarcarse o bien lanzar un pase, lo que te exige altas dosis de concentración y visión de juego, saber leer y ver lo que va a suceder en la jugada para actuar de inmediato. Para los emprendedores, por ejemplo, de cara a diferenciarse en un Mercado cada vez más competitivo, es estrictamente necesario, como también lo puede ser en una estrategia de búsqueda de empleo a la hora de reconducir tu carrera profesional hacia un área o sector en auge o que te apasione.

TENIS: Destaco sobre todo el autocontrol, la fuerza mental. Un partido de Tenis pasa por varias fases de juego, las cuáles te van provocando un estado de ánimo determinado, es por ello que equilibrar las fases de euforia y bajón exige un buen trabajo mental previo que procure estabilidad y equilibrio, procurando una cierta continuidad en el juego. Esto se hace indispensable para ganar el partido. Al igual que en la vida, esos altibajos hay que saber gestionarlos basándonos en el control de nuestras emociones y en un buen autoconocimiento.

BALONCESTO: De él destaco el trabajo en equipo, pues obliga a cada uno de los jugadores, independientemente de sus características técnicas y físicas, a trabajar tanto en defensa como en ataque, en rebote como en estrategia, a sacrificar su individualidad en pro del equipo o viceversa, que el equipo trabaje para un jugador determinado cuando está en la fase de juego más lúcida. El engranaje del equipo, la generosidad y solidaridad de cada unos de los miembros se hacen necesarias para el éxito. ¿Acaso no sucede lo mismo en un equipo de trabajo?

CICLISMO: Pienso que la concentración física es decisiva, y no sólo la concentración mental. Me explico: En este deporte no hay más maquinaria que tu cuerpo, que ejerce de motor del vehículo, el cual se comunica constantemente con tu mente durante el recorrido dándote alarmas como pueden ser la fatiga, un pinchazo muscular, tensión en la espalda, un músculo recargado, etc… Estos mensajes del cuerpo provocan sensaciones en los ciclistas que han de gestionar mientras suben un puerto, o realizan una contrarreloj, o están escapados en cabeza de carrera. El concentrarse en esa parte del cuerpo que te avisa para paliar el problema se hace indispensable para superar una etapa, fuera aparte de la concentración mental que hay que tener para el resto de incidencias de carrera. En la vida pasa igual, el no prestar atención a esa parte de tu cuerpo que te avisa constantemente provoca debilidad física y por ende mental, teniendo como resultado una bajada del rendimiento en cualquier ámbito, y a una pérdida de atención a todo lo que te rodea.

ATLETISMO: En un deporte dominado por las “marcas”, los “tiempos” y los “récords” en cada una de sus variantes, se me antoja el afán de superación como la virtud más decisiva en él. El imponerte retos, objetivos a corto plazo para alcanzar el objetivo a largo, el entrenar a diario con foco en esos objetivos, mejorando en todos los aspectos que sobre el papel parecen ya inmejorables, evolucionando estilos de lanzamiento, de salto o de carrera, son una señal evidente de la constancia y disciplina que exige esa capacidad de mejora. Creo que en la cabeza de todos está que tanto en el trabajo como en la vida, si no posees afán de superación, estás dejando pasar de largo todo lo que te rodea.

RUGBY: Un deporte de equipo en la que tiene cabida cualquier persona, sea cual sea su envergadura y tamaño, no puede tener un valor más destacable que el de la humildad, entre otros. El aceptarte no sólo a ti mismo tal y como eres si no aceptar también a tus compañeros, con sus defectos y virtudes, y trabajando por un fin común, cada uno en su rol. ¿No lo consideráis imprescindible en cualquier entorno de vuestras vidas? Aquí no hay cabida a individualismos, o se esfuerzan todos, cada uno dentro de sus capacidades y responsabilidades o el equipo no logra los objetivos.

NATACIÓN: De este deporte destaco la coordinación tanto física como mental para lograr el éxito. Es un deporte en donde trabajan todos los músculos prácticamente al unísono, lo que requiere un trabajo pormenorizado y específico para cada uno de ellos, limando las “posibles asperezas” para “rascar” esos segundos que te pueden dar una medalla. Esta coordinación individual se multiplica considerablemente con la natación sincronizada, en donde todas las participantes se acoplan de tal manera al ritmo que marca la música que actúan como un sólo ente, con una plasticidad y belleza tal que en mi humilde opinión lo incluiría dentro del Arte por derecho propio, al igual que la Danza. Extrapolado a la vida, no hay nada que te haga sentir con plenitud el “sentido de pertenencia” a un grupo, una de las escalas de la Pirámide de Maslow, que el sentirte coordinado con tu entorno y con la época que te haya tocado vivir, pero para ello debes haber trabajado y alcanzado tu propia coordinación, es decir, la coherencia entre lo que dices y haces.

BOXEO: Es curioso que en opinión de muchos este es el deporte más violento, no obstante es donde el respeto juega un papel crucial para ganar un combate. Una vez trabajado el “rival” que cada boxeador tiene dentro de sí con un entrenamiento adecuado, el paso siguiente es equilibrar esa confianza en uno mismo con el máximo respeto al rival, pues de sobra saben que esa falta de respeto o subestima son el peor “gancho” que tú mismo te puedas hacer. Te hace perder concentración, velocidad y foco en el combate, lo que te puede llevar al “KO”. La vida exige lo mismo, sé fuerte, mejora, lucha por tus intereses y objetivos, pero jamás pierdas el respeto a nadie, porque estarás mostrando al mundo que quien no te respetas eres tú, y perderás el combate de la vida.

GIMNASIA: Sin duda sacrificio. Si no el que más, es de los deportes más sacrificados que hay. Empiezan desde muy corta edad llevando una vida muy disciplinada y estricta, pues un “desliz” puede echar abajo meses de entrenamiento. Y se retiran muy jóvenes, sin prácticamente haber tenido infancia y adolescencia y en algunos casos descolocados de la vida real. Por tanto el entrenamiento integral del cuerpo y la mente son totalmente indispensables para la consecución de los objetivos, tanto a nivel individual como en equipo, en todas sus disciplinas. Una de las claves del éxito en la vida como en el trabajo, cada uno en función de sus expectativas, requiere de disciplina, una vez trazada la hoja de ruta con un objetivo claro. Aunque no veas resultados a corto plazo (esto es lo difícil) has de mantener la disciplina, pues es la única forma de conseguir la meta.

AUTOMOVILISMO: Aplicable a cualquier deporte de motor es la concentración mental máxima, ya que o bien vayan rápido o bien por trazados inverosímiles y de alto riesgo, una décima de desconcentración puede llevarte a un final no deseado. Extrapolado al trabajo, a un proyecto o a cualquier actividad de tu vida privada el estar concentrado al 100%, el evitar distracciones, el minimizar errores y hacer una buena gestión del tiempo pueden ser garantía de éxito.

BALONMANO: Si no quieres que te piten “pasivo” has de actuar con determinación y decisión. El Balonmano, como deporte de equipo, se caracteriza por elaborar una jugada en la que participan todos los jugadores con el objetivo de encontrar la oportunidad adecuada para encararse a la portería contraria y lanzar la pelota. Es aquí en donde entra en juego la determinación, la decisión, la valentía de lanzar a portería, el arriesgar antes de que el árbitro levante los brazos y dejes escapar la oportunidad dejándosela en manos del equipo contrario. ¿Cuántas veces hemos dejado una oportunidad en el trabajo o en la vida por falta de decisión, por falta de determinación, por no verlo claro, por no arriesgar, por no perder, y al final te han pitado “pasivo”?.

Queda claro que en la vida y en el trabajo, todos debemos ser “decathletas”, si me permitís el símil deportivo.

Me dejo en el tintero muchos deportes, habilidades y valores. Es por ello que os invito, si os apetece, a que incluyáis en este listado los que consideréis, y así enriquecerlo.

Nuestros jóvenes

Jóvenes resignados

La semana pasada tuve la oportunidad de dar una charla en un instituto sobre estrategia de búsqueda de empleo y preparación del currículum a chavales de entre 16 y 18 años.

En esas edades tienen otras preocupaciones lógicas de la adolescencia y que sin duda deben vivir y sentir para conformar su personalidad y madurar. Sin embargo percibo que esta generación se ha encontrado con un escenario mucho más complicado que el que me tocó vivir a mí a su edad, hace ya 20 años. No sólo me refiero a la situación económica y de desempleo si no también a la pérdida de ciertos valores, sobre todo aquellos que apelan al amor propio y espíritu de superación y, en definitiva, los que te permiten que te pongas en valor. No voy a entrar a profundizar en los factores que han llevado a la pérdida de esos valores pues son muchos y me llevaría mucho tiempo, tan sólo quiero centrarme en la realidad que vi aquella mañana.

Esta generación, que tomará los mandos de la Sociedad dentro de unos 20 años, está perdida y muy poco estimulada, están rendidos ante la realidad y no tienen intención de hacer nada para remediarlo. Por otro lado creo que no les corresponde a ellos, al menos de momento. Es una generación muy poco escuchada, además de ser una generación muy abandonada a su suerte. Cuando acaben el instituto y se encuentren en la calle les llamaremos “Ni-Nis”  y les haremos responsables de su desidia cuando ni siquiera hemos sido capaces de dotarles de un entorno en donde puedan demostrar sus aptitudes y desarrollarse como personas y profesionales. Ante este escenario, te encuentras con unos chavales que lejos de querer comerse el mundo y demostrar, como debiera ser a su edad, sólo quieren divertirse y no hacer nada que suponga un esfuerzo ante la cruda realidad que les rodea, hasta tal punto que ven casi imposible crecer y prosperar, pensando en que hagan lo que hagan, estudien lo que estudien, nunca encontrarán empleo y, si lo hacen, éste no les aportará más que unos meses de experiencia y, si se da, un poco de dinero para sus fines de semana y sus móviles de última generación. Claro que hay excepciones, como siempre, pero este es el pulso general que tomé aquel día.

Por otro lado están viendo, cosa que me aterra, y gracias a la televisión en mayor medida, que no es necesario esfuerzo para triunfar y convertirse en ídolos (no necesito dar nombres), y perciben a un Rafa Nadal, por ejemplo, como un bicho raro que se tortura constantemente para lograr éxitos, y aun así no siempre gana. En definitiva, les noto perdidos y desmotivados.

Por otro lado, no quiero ser demasiado negativo, pues cuando les “tocas” de manera individual, valores y principios de antaño y de siempre, cuando les haces ver en qué contextos han demostrado su valía y determinadas competencias y en qué contextos podrían demostrarlas y desarrollarlas, dan un respingo sobre su silla y empiezan a interesarse por lo que  les comentas, y notas como perciben y se dan cuenta de que realmente valen, que pueden hacer algo importante. Es entonces cuando ven que pueden ponerse en valor.

Ellos no quieren falsas promesas y todo teorías. Quieren utilidad, quieren resultados, y algo o alguien que les sirva como un resorte. Se tienen que dar cuenta que pueden conseguir pequeños logros y que, con el tiempo y mucha constancia, esos pequeños logros pueden transcender en éxitos, pero para ello deben saber quiénes son, saber quiénes quieren ser y saber a dónde quieren llegar. A partir de ahí necesitan personas inspiradoras, padres, profesores y personas de su entorno, que les ayude a encontrarse a sí mismos y a ponerse en valor. Han aprendido teoría, han aprendido qué cosas se hacen y qué cosas se pueden hacer, pero no han visto o no han aprendido cómo lo pueden hacer ellos, cada uno de ellos. Ver el cómo hacer las cosas les hace percibirlas como posibles y, por tanto, verlas cercanas. Les ayudan a darse cuenta de sus virtudes y de sus aspectos de mejora y, en función de eso, pueden ver qué son capaces de hacer y pueden ponerse en acción.

Más allá de cuestiones teóricas, siempre necesarias, necesitan reafirmar sus valores individuales, verlos en funcionamiento y en su aplicación diaria. Necesitan creer y necesitan ver resultados a corto plazo. En esa edad se tiene un concepto de utilidad de las cosas muy cortoplacista, lo que no les sirva de inmediato, les aburre y lo abandonan.