Impulso

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Baila, anda, juega

No queda otra que bailar la danza que nos toca, pero tú puedes marcar el ritmo.

No queda otra que andar el camino, pero tú puedes marcar la ruta.

No queda otra que jugar el partido, pero tú puedes marcar la estrategia.

No queda otra…

Esperar, condicionar, excusar, no es más que perder tiempo.

Equivocarte es más fácil que acertar, no te quepa duda, nos pasa a todos.

Intentarlo es el principio, pero también puede ser el final, ¿qué más da?, siempre hay alternativas, siempre hay otras danzas, otros caminos, otro partidos. Después de bailar mal, tienes dos opciones, hacerlo peor o hacerlo mejor. Después de andar por un camino equivocado, quedan dos opciones, o perderte más o reconducirte. Después de perder un partido, te quedan dos opciones, no jugar más o jugar otro, que quizás ganes.

Se trata de bailar, se trata de caminar, se trata de jugar partidos.

No queda otra que seguir, no queda otra que avanzar, porque perder y equivocarte también es avanzar, entra dentro del guión.

Coger impulso, provocar movimiento, tener la voluntad de hacer cosas, no lo marca las empresas, ni la Sociedad, ni los políticos, ni siquiera la Naturaleza, lo marcas tú. Siempre tienes opciones, puedes elegir. Es el Libre Albedrío.

Ahí está la clave, ahí reside el misterio, ahí está el nudo, de ahí nacen los miedos. Elegir e impulsarte.

Elige el ritmo que quieras.

Elige el camino que quieras.

Elige la estrategia que quieras.

Pero baila, anda, juega.

Elige, e impúlsate. Adelante.

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El autoaprendizaje, un valor añadido

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Comportamiento autodidacta

Estamos sin duda ante uno de los comportamientos que más valor está adquiriendo en hoy en día, y de los que más en cuenta se está teniendo en la búsqueda de profesionales. Aprendemos desde el mismo momento en que nacemos, a través de la escucha, del tacto, de la lectura, de probar, de investigar, de la experiencia… Es algo innato en nosotros. Podríamos decir que somos autodidactas desde el primer minuto de nuestra existencia. Y en base a nuestros gustos e inquietudes vamos curioseando, seleccionando y profundizando en aquello que más nos interesa, gusta y realiza como personas.

Hemos llegado a un momento en el que para acceder a la gran mayoría de las profesiones es necesario certificarse o titularse para poder incorporarnos en el Mercado Laboral. Hoy en día la gente gasta mucho dinero en los miles de cursos que el Mercado ofrece y que, si bien permiten adquirir unos conocimientos específicos de un área en cuestión, ese título o certificado obtenido no garantiza el acceso al Mercado Laboral, aunque se estaría “burocráticamente” capacitado para ello.

Sin embargo esto ya no es suficiente, el hecho en sí de obtener un título prácticamente lo puede hacer cualquiera, lo diferenciador, lo realmente importante, es adoptar una actitud de aprendizaje continuo que no necesariamente ha de estar ligado a la obtención de un título que te capacite. Un título no es más que eso, un papel que certifica que has estudiado “equis” horas una determinada materia, pero no demuestra realmente que seas apto hasta que no se te vea poniendo el conocimento adquirido en práctica.

Desde que entramos en el “círculo educativo”, nos enseñan a aprender un número determinado de materias al año, independientemente de que fueran de tu interés o no. Había que aprobar sí o sí para pasar al siguiente curso. Con el paso de los años vas seleccionando ramas más acordes con tus inquietudes pero todas dentro de un cajón estanco del que no te podías salir. Esta “imposición” ha provocado que muchas personas hayan abandonado la actitud de autoaprendizaje (por no mencionar su formación en general) ciñéndose a lo estrictamente académico, a conseguir una nota en definitiva, y bien por falta de tiempo, de interés o por puro agotamiento nos dejamos llevar y dejamos de lado el aprender por amor al aprender, como un acto responsable de tu formación y desarrollo como persona.

Hemos olvidado que el aprendizaje no está sólo en las escuelas, institutos, universidades o centros de formación. El aprendizaje nos rodea y acompaña allá donde nos movamos, y ese aprendizaje “fuera de catálogo” puede ser tan o más importante que el meramente académico, entre otras cosas porque tú decides qué, cómo, dónde y cuándo aprender, en base a tus inquietudes personales y/o profesionales. Es lo que llamamos autoaprendizaje.

Una de las mayores críticas al autoaprendizaje es que la persona al ejercer control total sobre su desarrollo formativo, se alimente de fuentes no autorizadas o no debidamente contrastadas, cayendo en el error de adquirir conocimientos incompletos o equivocados, fuera aparte que al no acabar con la obtención de un título oficial, no obtendrá por tanto reconocimiento en el Mercado de Trabajo.

Sin embargo, los reclutadores no nos debemos fijar ya tanto en una titulación oficial (aparte de en esas profesiones en las que es una exigencia para ejercerlas, como Medicina o Abogacía por poner un par de ejemplos). Nos debemos fijar más allá de ese reconocimiento oficial a lo aprendido mediante el autoaprendizaje, a ese intangible que es la actitud de aprender con visión a largo plazo, con el objetivo de enriquecerte como persona, lo que en consecuencia tendrá su impacto en el entorno laboral, aportando valor añadido y transversal a todas las competencias que se deben poner en juego en el desempeño profesional y, por supuesto, y las personas que te rodean.

En cuanto a las ventajas de un comportamiento autodidacta, destaco aquí 10 de ellas:

1- Hacerte responsable de tu formación y de la forma en la que adquieres ese conocimiento.

2– En consecuencia, analizas el Mercado de tal modo que te permita saber qué conocimientos son necesarios en la profesión que quieres ejercer o ya estás ejerciendo, cuáles son las nuevas tendencias, qué piden las empresas, en qué especializarte, en donde puedes empoderar tus habilidades.

3- Por lo mismo, se hace necesario, tras adquirir esa visión global que te proporciona la ventaja anterior, el marcar una estrategia de aprendizaje acorde con los objetivos y con el tiempo con el que dispongas para dedicarle.

2- Comparar fuentes y verificar la validez, vigencia y aceptación de los contenidos.

3- Obtener sentido crítico y opinión y no dejarte llevar por lo que te digan.

4- Obtener visión global y a largo plazo, compartiendo y contrastando tus conocimientos en un blog, en una charla, en conversaciones cotidianas, en las redes. De nada vale lo que aprendes si no lo compartes, si no lo expones a los demás, que puedan rectificar, complementar o ampliar lo aprendido por ti.

4- Aplicar conocimientos y habilidades intangibles de otros campos al tuyo, por analogía.

5- Volver a dejarte sorprender por el Conocimiento Humano, cuya evolución va en paralelo al Pensamiento de cada época en que vivimos, de manera ineludible. Te hace estar al día en tu época y entorno.

6- Descubrir más inquietudes de las que crees que tienes, dar luz a tu rutina y salir de la comodidad y del que “me las den aquí todas”.

7- Adquieres seguridad, integridad, sensatez, riqueza en la conversación y perspectiva, generando debate. Eres capaz de hacer que visualicen tu perfil profesional y personal en un contexto laboral o personal determinado.

8- Cambias tu concepción de la Educación, la que te ha sido “impuesta” por lo componentes sociales, económicos, laborales del entorno en donde has vivido, para darte cuenta de que hay una “nueva” forma de aprender, la natural, en realidad la que has tenido siempre desde que naciste, aunque la olvidaste.

9- Darte cuenta de que equivocarte es uno de los mejores sistemas para aprender, y, de paso, te quitas el miedo a equivocarte, uno de los que más paraliza.

10- Por último, hoy en día, con el 2.0 y todas las herramientas de las que se dispone, ese autoaprendizaje puede salirte gratis (TED, MOOC , Blogs, publicaciones,….). Estamos en una era en la que las Nuevas Tecnologías están cambiando el entorno educativo y las maneras de aprender y obtener conocimiento. Ese entorno educativo, poco a poco, tendrá que adaptarse a ellas, y de hecho ya lo está haciendo.

En definitiva, el aprendizaje autodirigido o la conducta autodidacta te permite generar valor añadido en ti, en tu entorno y por supuesto, en un contexto laboral, y eso se reconoce. En un CV y en tu Marca Personal no cuentes sólo lo que has hecho, también cómo lo has hecho y por supuesto, qué has aprendido de ello y qué puedes aplicar en ese trabajo, ya sea de un contexto laboral y personal, y por supuesto de cualquier afición o inquietud que realmente forme o haya formado parte de tu crecimiento como Persona.

Otra cuestión es que las empresas creen el caldo de cultivo adecuado para que los profesionales puedan realizar autoaprendizaje en ellas y sean apoyados y reconocidos en esa actitud, pero esta es otra guerra que sin duda ya se está llevando a cabo, aún de manera paulatina, pero ineludible a medida que se vaya consolidando el relevo generacional.

Ilusionado o iluso

Quisiera compartir con vosotros este post publicado el pasado 18 de abril en el blog de In&Out, dedicado al Ecosistema Productivo y que trata todos los temas relacionados con la gestión de los Recursos Humanos. Desde aquí mi agradecimiento por su invitación para inaugurar su sección de Colaboraciones. Os dejo con este artículo basado en mi experiencia personal:

Tú o nada
Tú o nada

Llevas años en una profesión o trabajo que no te aporta nada y al que ya no te apetece aportarle nada. Te cuesta dormir y levantarte, y trasladas el trabajo a tu vida personal. Llega un punto en el que apenas hablas con tu pareja, padres y hermanos, y no juegas con tus hijos. No te apetece salir ni ver a nadie, no te apetece hacer actividades que antes te apasionaban. Piensas que el Mundo está contra ti, piensas que todos conspiramos contra ti, desde tu jefe y compañero hasta el ser vivo más remoto del planeta. Ese ser, piensas, tiene como objetivo en su vida conspirar contra ti, amargarte la vida.

Piensas que nadie te soluciona nada, que no se dan cuenta de tu malestar y si se dan cuenta “no quieren ayudarte”. Te sientes sólo, desesperado e inútil y te consideras el peor profesional que haya. Piensas que tantos años de estudio y trabajo no han servido para nada, te sientes estafado. Acudes al Mercado a enviar tu CV a cualquier oferta a sabiendas de la respuesta que te espera en el mejor de los casos, cuando no se produce una ausencia de respuesta. Echas la culpa a todos, y te martirizas cada vez que te miras al espejo, (cada vez menos porque no te apetece mirarte), llamándote inútil.

Sin embargo, tienes la decisión tomada, sabes lo que tienes que hacer desde hace meses, irte lejos, pero no lo haces. Quizás esperas que alguien te solucione el entuerto, quizás esperas a que esas horas que echas de más creyendo que eres más productivo tendrán su recompensa, quizás el involucrarte en más tareas de las que realmente debes hacer tendrán su premio, quizás esperas a que alguien te promocione o te suba el sueldo, quizás esperas a que una empresa te llame y te ofrezca el trabajo de tu vida, quizás esperas a que… bueno, quizás ya no esperas nada, o seguramente ya no sabes lo que esperas, o peor aún, sabes que si algo de esto ocurre vas a seguir igual, o peor. En definitiva, estás muy enfadado, contigo mismo y con todos, y saltas a la primera, te centras en lo negativo del pasado, del presente y del futuro: Te has creado un mundo propio y apartado del resto, te has dejado engañarte a ti mismo, como un iluso.

Si estás en este punto quizás lo primero que debas hacer es preguntarte lo siguiente: ¿Qué ha pasado?, ¿en qué momento me he perdido?

Estás en un momento en el que no se puede tomar una decisión en caliente, no obstante es el adecuado para empezar a hablar contigo mismo, cara a cara, de tú a tú. Estás en un momento en el que debes encontrarte antes de llegar a un punto de no retorno. Estás en un momento en el que o eres valiente contigo mismo o tu vida se desmorona y de verdad, estás en un momento en el que debes dejar de echarte el pulso a ti mismo y encontrar todo aquello que te sirva de impulso. Estás en un momento, en definitiva, en el que la única decisión es o YO o nada, y salir del refugio que te has creado, del engaño que te has creado…

CÉNTRATE. Te contrataron algún día porque eras válido, se casaron contigo porque entre otras muchas cosas le hacías reír, son tus amigos porque aportabas valores, momentos, siempre estabas ahí. Practicabas esa afición porque te hacía sentirte bien, te hacía superarte a ti mismo. Buscabas momentos de calma para escuchar tu música, leer tu libro, ver tus películas, disfrutar del silencio, de la compañía. Saboreabas cualquier detalle de la vida que ahora desprecias, como ver una foto, tomar una cerveza, conversar, asistir a eventos, museos, un tapeo, jugar con tus hijos. En esos momentos, estabas ilusionado.

No pierdas demasiado el tiempo buscando respuestas del por qué estás así, tan sólo comienza a dedicar tiempo a recuperar esas sensaciones, esos momentos, esas vivencias, esas personas, esas ilusiones, todo lo que forma parte de tu esencia, poco a poco. Desecha lo que no te aporta, coge lo que te aporta, coge todo aquello en lo que te gusta aportar, rechaza todo aquello en lo que no te apetece aportar. Decide, elige. Piensa en todo lo que has aprendido y has valorado en tu vida y contrástalo con situación actual. La diferencia es simple, tan sólo dejaste de actuar. La ilusión lleva a la acción. Pero Piensa que la ilusión que has perdido no la recuperas necesariamente cambiando de trabajo o marchándote lejos, porque el problema lo llevas dentro, da igual el escenario laboral si por dentro has perdido confianza e ilusión. Cambiar de trabajo o ciudad no soluciona nada si sigues igual. Si consigues recuperar la ilusión, si consigues encontrarte, podrás entonces valorar si tu trabajo y entorno actual cumple tus expectativas, se alinea con tus valores, te permite conseguir tus objetivos. Si no es entonces cuando debes tomar la decisión, ya en frío, de salir de allí, sin esperar nada más que lo que te ocurra en la vida a partir de ese momento depende únicamente de ti. Entonces verás cómo el Mundo entra en sintonía contigo, porque tu Mundo se mueve contigo, no permitas que sea al revés.

Fracaso

Comparto con vosotros el último artículo que escribí para la revista La Publi, y que fue publicado el pasado 20 de abril.

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¿Fracaso?

Comer y vivienda digna, son las necesidades básicas de toda persona. Si además consigues esos objetivos haciendo lo que más te gusta, mejor que mejor, la cosa funciona. El problema es cuando añadimos a esas prioridades “otras” que quizás no lo sean tanto, bien porque nos las imponemos nosotros sin medir razonablemente nuestro deseo, aptitud o actitud para cubrirlas, bien porque nos han sido impuestas por nuestro entorno.

El ritmo frenético que vivimos y la imagen de “éxito”  que nos venden en la publicidad y en el mundo de los negocios nos generan unas expectativas que realmente no son nuestras y que por tanto no han brotado de nuestro fuero interno. Estas expectativas pueden ser muy dañinas si no son bien gestionadas, causándonos una sensación de fracaso y frustración del todo innecesaria, llegando incluso a perjudicar a nuestro entorno más cercano, a veces de manera dramática. ¿Y es que acaso el éxito es un concepto absoluto?, ¿debemos llegar todos a la misma meta?, ¿debemos conseguir todo lo que nos dicen que debemos conseguir para ser personas de éxito? Cada uno tenemos nuestra idea de éxito, la clave es identificarla en nuestro interior y ponernos en marcha para alcanzarlo.

No es lo mismo no conseguir lo que realmente necesitas que no conseguir lo que realmente no necesitas. Uno de los aprendizajes de la época que estamos viviendo es que lo que antes creíamos que nos venía dado por el mero hecho de nacer, ahora hay que currárselo y no esperar a que te lo den hecho. Es lo realmente necesario lo que debe llevarnos a la acción, a poner todos los recursos a nuestro alcance para conseguirlo, olvidándonos o dejando a un segundo plano aquello que no es primera necesidad aunque, por otro lado podría suponer una mejora, pero no siempre es así. No se trata por tanto de tenerlo todo, si no de tener lo necesario, la base, los cimientos para, a partir de ahí, mejorar en lo que la expectativa de cada uno le dicte.

Uno de los aspectos que más me preocupa actualmente es la cantidad de personas que se sienten frustradas no por no tener seguras las cosas que realmente necesitan, sino por no tener aquellas cosas que si bien mejoran nuestro estilo de vida, realmente no son prioritarias, perdiendo del todo el enfoque de que ya poseen lo realmente necesario, y que lo único que deben hacer es seguir luchando por no perderlo, disfrutar con los suyos y en mejorar en aquéllos aspectos que sean realmente necesarios. Personas éstas quizás arrastradas por el consumismo y competitividad feroz al que nos incitan por todos lados, lo que provoca que acaben fijándose sólo en los demás, en lo que hacen y en lo que tienen, no en lo que son o aportan, y es entonces cuando pierden el Norte, cuando dejan de mirar en sí mismos y entran en el círculo vicioso del cabreo y frustración, primer paso que lleva a la larga al bloqueo total, a dejar pasar la vida por unas trivialidades que no son de primera necesidad. Es entonces cuando de verdad han fracasado.

El fracaso es un sentimiento que está ahí, formando parte de la vida como puede ser el éxito, no existen el uno sin el otro. Es muy difícil evitarlo ya que a nada que se tuerzan las cosas aparece de tal modo que si no es bien canalizado, puede hacernos perder la motivación para esforzarnos  y centrarnos en aquello que tengamos que hacer, poniendo foco en todo lo malo y trasladando la culpa a todo lo que nos rodea, eximiéndonos de la responsabilidad que tenemos nosotros mismos en hacer lo que esté a nuestro alcance para salir adelante.

No obstante, el fracaso es un sentimiento que, adecuadamente gestionado, puede actuar como el mejor acicate para volver a levantarse e intentarlo de nuevo, y que nos ayuda a centrarnos en lo que realmente merece la pena y necesitamos, y nos ayuda a reflexionar, nos ayuda a ver en qué podemos mejorar, nos ayuda, en definitiva, a hacer nuestro camino y preparar el caldo de cultivo adecuado para andarlo, eso sí, siempre alerta porque siempre habrá obstáculos, internos y externos.

Por otro lado, el fracaso actúa, al igual que el cuerpo humano avisa cuando algo no funciona, como alarma, para darte cuenta de que debes cambiar algo, algún hábito, alimentación, actividad deportiva, procesos de trabajo…, de ahí la importancia de ser consciente de la existencia del fracaso y saber perfectamente todo lo que estás haciendo en aras de un objetivo para rectificar a tiempo, o incluso a destiempo llegado el caso, aunque en esto de rectificar, nunca se llega demasiado tarde si nos conduce a un buen fin que no debe ser otro que sentirnos bien con nosotros mismos.

Focalízate en lo que te gusta y sobre todo ponte objetivos que realmente puedas cumplir pues una de las sensaciones de fracaso más repetida son las pequeñas o grandes proposiciones que te planteas pero que finalmente no cumples, bien porque te pusiste el listón muy alto, bien porque no dispones del tiempo necesario o bien porque sencillamente no es algo que verdaderamente necesites o no emanaba de lo más profundo de ti.

En definitiva, haz de tu vida algo sencillo en cuanto a rutinas y expectativas, bien escalonadas en el tiempo pero poniendo foco en la acción, para ello conocerte a ti mismo se  vuelve clave y es la base sólida para paliar el fracaso y aprender de él cuando lo sientas, porque no dudes que los sentirás en algún momento de tu vida. Por ello es importante que conviertas el fracaso en tu aliado, enfocándolo como un aviso de cambio, como una puerta a una nueva etapa, como una llamada de atención de tu interior, como una invitación a la reflexión, como una llamada a la acción.

Habla, pregunta

Habla, pregunta
Habla, pregunta

Cuando empiezas a tener una trayectoria profesional de cierta envergadura llega un momento en el que automatizas absolutamente todos los procesos y tareas de tu actividad profesional, hasta tal punto que no aprecias el cómo haces las cosas. Es como conducir, al principio estás atento a los cambios de marcha, a los intermitentes, al embrague… pero a medida que vas adquiriendo experiencia tienes tan interiorizado todos esos procesos que lo haces de manera automática, casi inconsciente.

Esta circunstancia es muy buena señal pues significa que has aprendido, has llegado a ese punto en el que “dominas” la técnica. No obstante es un arma de doble filo pues tiene como consecuencia dos aspectos fundamentalmente:

1- Has perdido atención a cómo haces las cosas, a cómo puedes mejorar tu forma de hacerlas, simplemente las haces como las has aprendido porque o te lo han reconocido, o al menos nadie te ha dicho que está mal.

2- No pones en valor tu trabajo, tu dedicación, tu forma de hacer las cosas, lo ves como algo normal.

En mi trabajo me encuentro a muchas personas que tras años de profesión se encuentran en la situación de búsqueda de empleo, con un escenario muy distinto, como sabéis, a lo que estábamos acostumbrados y, si no todas, la gran mayoría de ellas no conocen su valía, no son conscientes del impacto que tiene que lo que han venido haciendo. Lo que para otros es un logro, para ellas es algo normal, rutinario: “Era mi trabajo” suelen decir.

A todas estas personas les recomiendo lo mismo a la hora de que reflexionen sobre su carrera profesional antes de la preparación de una estrategia de búsqueda de empleo, y es que hablen con sus compañeros de trabajo, que hablen con su entorno más cercano, que hablen, si es posible, con sus antiguos jefes y, en definitiva, con cualquier persona que con la que haya colaborado en entornos laborales o incluso no laborales.

Este ejercicio, que al principio puede suponer cierta incomodidad, es uno de los ejercicios más sanos que hay, pues te permite elevar a tu consciente todo aquello que hacías y sobre todo el cómo lo hacías, siendo este último aspecto la clave. Te permite ver como otros valoran determinadas competencias o labores que para ti no eran más que rutina, te permite poner en valor tus fortalezas y detectar tus puntos a desarrollar, te permite visualizarte en 3 dimensiones, eliminar determinadas creencias que tu sólo te has construido y contrastar tus propias reflexiones o conclusiones. En definitiva, te permite medir cuál es tu aportación a tu entorno, cuál es tu impacto, cuál es tu huella.

No cometáis el error de “arreglaros” solos, pues lo más normal es que no lleguéis a apreciar la dimensión real de vuestra valía. Estamos en unos tiempos en los que, entre otras, se valora mucho la capacidad de mejora de una persona de cara a su empleabilidad. Esta capacidad de mejora es imposible verificarla y contrastarla sin preguntar y hablar con aquéllos que han compartido contigo alguna etapa de tu vida laboral o personal. Aplica a tu persona y a tu desarrollo las técnicas de innovación, tú eres tu mejor producto y servicio y por supuesto, siempre puedes mejorarte.

13 razones por las que el Sentido del Humor es una Competencia

Agradecer a Jaime Armada su invitación para alojarme en su espacio digital con este post dedicado al humor y publicado el pasado 18 de febrero. Pienso que el tema es aún más adecuado por los apellidos del anfitrión y el huésped, Armada y Guerra. Creo que la broma está servida. Os invito a visitar su blog dedicado a la Orientación y a los Recursos Humanos, con temas actuales y de interés y con una clara vocación de servicio y colaboración.

El Sentido del Humor
El Sentido del Humor

Apuesto por el sentido del humor allá en donde me muevo. Detrás de mi apariencia tímida y seria se esconde un “geniecillo” que sale constantemente, consciente unas veces e inconscientemente otras, llegando a ser un auténtico “salvavidas” en muchos momentos de mi vida, esos especialmente difíciles.

Nunca he comprendido la represión que el sentido del humor sufre en determinados ámbitos, ya sean laborales o privados, cuando éste, dentro de unos límites marcados por el respeto y las normas básicas de convivencia, ofrece multitud de beneficios tanto a nivel personal como de equipo.

No concibo espacios de colaboración sin sentido del humor, no concibo cualquier relación humana si risas, no concibo el ejercicio de cualquier actividad sin la presencia de mentes dispuestas a destensar en momentos especialmente paralizantes y mentes receptivas para ello. Allá donde haya personas, allá donde haya comunicación, por fuerza debe existir el humor. Parece que los profesionales de Recursos Humanos no nos podemos reír, ¿por qué no?, para mí es un VALOR muy importante y fundamental, y que ayuda a desarrollar al resto de valores. Acaso el humor no es un ¿recurso?, ¿acaso el humor no es humano? En mi opinión, el humor es una competencia personal y profesional como cualquier otra.

Como todo en la vida, el sentido del humor, en su justa medida, tiene sentido. Es más, diría que refuerza tu marca personal cuando lo haces de tal manera que no se confunde con la profesionalidad. Profesionalidad y humor no son enemigos, si no todo lo contrario, se complementan. Obvia decir que el mejor humor parte de aquélla persona que antes de nada es capaz de reírse de sí mismo, de esa persona que se conoce tan bien que no tiene miedo a mostrar esa faceta tan íntima que en mi opinión es el sentido del humor, ya que muestra partes de nuestra naturaleza que de otro modo permanecen ocultas. Como todo, el humor debe ser trabajado y desarrollado como cualquier otra competencia, de tal modo que la conducta quede tan interiorizada que surja de manera instantánea. De hecho, suele pasar que los mejores “golpes” son aquellos que salen de manera espontánea.

De igual forma, no todos tenemos la misma facilidad para mostrar el sentido de humor, pero el caso es que ese sentido lo tenemos todos, otra cuestión diferente es que lo desarrolles o no. Podría hablar de cómo desarrollar el sentido humor pero prefiero contaros los beneficios del mismo en mi caso personal, para que cada cual busque en su interior sus propios recursos para aplicarlo y desarrollarlo:

1- Fomenta la creatividad. Uno de los aspectos más destacables del humor es que sobre situaciones paradigmáticas, rígidas y ya preestablecidas, es capaz de afrontarlas desde otro enfoque y perspectiva que generalmente ridiculiza, trivializa o minimiza esos paradigmas o pilares aparentemente inamovibles. Este hábito de ver las cosas desde otro enfoque, por muy disparatado que sea, es el adecuado para que la creatividad fluya, para que tu capacidad de atención aumente y para que el abanico de alternativas se abra a tus pies.

2- Es bueno para la automotivación, ya que la capacidad de reírse de uno mismo se desarrolla acto seguido a la aceptación de una situación o elemento determinado, por muy crítico que sea. A partir de ahí, si se quiere, sólo cabe mejorar o poner los medios necesarios para que no vuelva a suceder, o para afrontarlo desde otro enfoque más adecuado. En definitiva trivializa los problemas, ayudándote a verlos desde otra perspectiva y encontrar alternativas para solucionarlos. Te ayuda a seguir adelante, a seguir luchando.

3- Por lo mismo es una herramienta muy útil para motivar a otras personas. Hacerles ver cómo están afrontando determinada situación desde una perspectiva trivializada y por supuesto respetuosa (no todas las situaciones son susceptibles y cada persona entiende el humor de manera diferente), para que les sirva de efecto “espejo” y reaccionen.

4- Bien aplicado refuerza tu marca y potencia la proyección de la misma. Como comentaba al principio, profesionalidad y humor no son incompatibles, la clave es saber equilibrarlo, la clave es el sentido común que aplicas al “saber estar” y al “saber hacer”, siempre desde la naturalidad, honestidad y normalidad. Parece paradójico, pero consiguiendo ese equilibrio te haces respetar con el humor, generas carisma, lo que desarrolla tu liderazgo.

5- Genera clima y fomenta la comunicación en los equipos. Por supuesto un “chascarrillo” a tiempo siempre alivia tensiones y permite abrir nuevas alternativas y percepciones sobre un trabajo o proyecto adecuado.

6- Es uno de los recursos “rompe hielos” más recurrentes a la hora de iniciar una conversación y negociación, siempre y cuando tengas la habilidad para ir “al grano” en el momento adecuado evitando la dispersión.

7- Es un buen recurso para cortar “nudos gordianos”. Bien usado el humor es una manera rápida y eficaz de desbloquear determinadas situaciones o dejar claras determinadas cuestiones, adquiriendo un rol crítico, conciliador y constructivo. Rompe murallas, barreras y máscaras de los que te rodean.

8- Saca lo mejor de ti, ya que permite mostrar facetas más íntimas, quitarte máscaras, estar más atento, estar más abierto a nuevos enfoques, a nuevos retos. Te permite estar siempre alerta a todo lo que te rodea.

9- Nunca hace daño, si lo haces dentro del respeto, obligándote a conocer a tu interlocutor o colaborador para saber hasta dónde puedes llegar, hasta dónde entiende el sentido del humor. Crea empatía y desarrolla la escucha activa.

10- Ayuda a tu equilibrio mental y desarrolla tu inteligencia, sin lugar a dudas, ya que genera capacidad autocrítica y pensamiento crítico, muy útil en cualquier ámbito, como el empresarial. Es salud mental, lo que tiene su impacto en la salud física.

11- Saca sonrisas a los demás, y hace que te sientas reconocido y que sientas que aportas. No hay nada más enriquecedor que sacar una sonrisa, son esos pequeños momentos de felicidad que alimentan el alma.

12- En un mundo de prisas el humor supone una pausa, lo que ayuda a la productividad, como todo lo anteriormente expuesto.

13- Es gratis.

En definitiva, siempre se dice que nunca hay que perder la esperanza, pero yo os digo que no hay esperanza sin sentido del humor. No lo escondáis, va “contra natura”.

Expertos

Expertos
Expertos

Las Redes Sociales nos han permitido proyectarnos a una serie de profesionales “expertos”, cada uno en su ámbito de actividad, de tal forma que con las herramientas antiguas habríamos tardado años y años de esfuerzo. Por otro lado ha permitido a otras personas el acceder a información y conocimientos y a contactar con personas referentes en su sector o profesión o ámbito de interés, que de otra manera hubiera sido casi imposible.

Para perfiles con una alta orientación hacia las personas como los que nos dedicamos a los Recursos Humanos en todos sus ámbitos, el poder sacar a la luz nuestras reflexiones, nuestros pensamientos, nuestra forma de entender determinadas cuestiones, todas ellas basadas en nuestra experiencia y años de consolidación mental, es a mi parecer un auténtico hito. Ahora bien, esta vocación por orientar, ayudar, aconsejar o acompañar no vale si detrás no hay personas no solamente dispuestas a escuchar, si no que además estén dispuestas a actuar.

Hay un principio básico que también se da en las Redes Sociales, y es que nadie le va a sacar “las castañas del fuego a nadie”, que no hay ayuda si no existe la voluntad de ser ayudado. Esa voluntad de ser ayudado no significa decir sí a todo lo que te digan, no significa hacer todo lo que te dicen que tienes que hacer para encontrar empleo, formarte, o crearte una red de contactos. Este café no es igual para todos. Es necesario para que exista verdadera voluntad de ser ayudado el poner tu parte, el interiorizar todos los mensajes que te llegan, llevarlos a tu terreno, ponerle tu sello personal y por supuesto actuar.

No conozco a nadie que haya logrado su objetivo siguiendo al pie de la letra lo que proponemos en nuestras entradas, pero sí conozco a mucha gente que ha logrado ponerse en marcha a raíz de éstas, a realizar un cambio por pequeño que sea, pero siempre, eso sí, adaptándolas a su forma de ser, a su entorno, a su actividad… a multitud de variables que solo atañen a ellas.

En mi opinión nosotros, más que expertos en una materia, somos expertos en aplicar todo lo que aprendemos en nuestro entorno poniéndole nuestro trabajo de interiorización y por tanto nuestra manera de entenderlo, somos expertos en enfocar nuestra actividad en el pilar del aprendizaje constante, somos expertos porque sacamos nuestras conclusiones a partir de nuestra experiencia y porque revisamos estas conclusiones a partir de las experiencias de otros, a quienes preguntamos, con quienes colaboramos, con quienes prestamos un servicio. Somos expertos porque compartimos lo que decimos, hacemos y opinamos, somos expertos porque no nos da miedo fracasar. Lo que realmente nos da miedo es el no aportar, el estar parados, el no seguir con nuestro apasionante camino. En definitiva el ser experto o no no es un resultado, es una actitud, que necesariamente ha de ser compartida, no hay experto si no hay contraste, si no hay interacción.

Las matemáticas exactas y lo absoluto no valen para las personas, aunque sí las probabilidades. Éstas las podemos manejar, sobre ellas estimamos futuribles y posibles, pero lo que realmente hace que lo que compartimos funcione es que el receptor coja lo que le sirva, le ponga su sello, lo adapte a su “ecosistema”, lo ponga en práctica y, por supuesto, lo comparta, entonces también se convertirá en experto, entonces manejará sus probabilidades.