Adaptarte para dar sentido…


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“Dar sentido”, imagen de mi cuenta de Instagram

Cuando miras atrás y ves que has crecido y evolucionado, entonces es que te has ido adaptando. Para mí la adaptación es la clave del aprendizaje y del desarrollo personal y profesional. Aún sin voluntad de aprender, aprendes cada vez que te adaptas a nuevas circunstancias, tanto intrínsecas como extrínsecas.

Estamos en tiempos en los que se aprecia como debilidad el poder cambiar de opinión, el reconocer que la otra parte tiene razón, cuando curiosamente uno de los pilares de la integridad personal es la de rectificar, es la de comprender que estabas equivocado y no tienes ningún problema, ni complejo, en aceptarlo, y por tanto, admitirlo, para empezar a trabajar en ese nuevo camino. Así es como se gana uno el respeto, sin ninguna duda, al menos con uno mismo, pues el respeto hacia uno mismo es lo más importante. Partiendo de ahí, el de los demás viene sólo. Eso es integridad.

Cuando empecé este blog, hace más de 5 años, estaba en una situación vital totalmente diferente a la actual. Releyendo mis artículos, me he encontrado con elementos en los que sigo estando de acuerdo, pero otros en los que mi visión ha cambiado, ya sea poco, o de modo sustancial.

Llevo bastante tiempo sin escribir en este espacio. Podría poner bastantes excusas, pero no dejarían de ser eso, excusas, aunque estén bien justificadas. ¡Afortunadamente tengo muchos proyectos profesionales y una vida familiar intensa!. Sin embargo, tras el paso de los meses, he comprendido que escribir en este blog en aquella época supuso para mí una vuelta a encontrar el sentido de mi vida profesional. Cumplió, en esos años, un papel fundamental en mi vida, convirtiéndose en el cimiento sobre el que he venido construyendo (de manera voluntaria pero inconsciente, si es posible semejante paradoja) mi situación profesional actual.

Es posible, por tanto, que cuando llegué a esta “situación profesional actual”, dejé de sentir la necesidad de escribir aquí o, mejor dicho, perdí el sentido de escribir aquí, pues el que tenía ya se había consumado.

Esto, que he comprendido recientemente, es lo que me ha impulsado a escribir de nuevo en mi espacio digital. Al final de todo, se trata de dar sentido a las cosas que hagas, no tanto lo que hagas. Lo que hagas, hazlo con sentido, en resumen. Las cosas por sí no tienen sentido, el sentido se lo das tú, y es importante conocer en todo momento para qué haces lo que haces, pues la respuesta a tal pregunta es la que le da sentido a eso que haces y, si no le encuentras el sentido, ¡para qué sigues haciéndolo!

Llevándolo al plano profesional, uno de los mayores aprendizajes que he tenido desde que inicié mi andadura como autónomo ha sido precisamente este, el que he sido capaz de dar sentido al trabajo que hago, de tal modo que los clientes lo han notado, pues han visto en mi un facilitador para su desarrollo y crecimiento en políticas de gestión de personas. Es algo intangible, como un proceso natural, en el que se desarrolla un vínculo con los clientes basado en la confianza y en un sentido a lo que se implante y cómo se implante.

Trabajar por tu cuenta te permite esto, transmitir a los clientes cómo entiendes tú tu trabajo, desde la honestidad, desde la flexibilidad, desde la total empatía, desde la Escucha, para que él mismo canalice ese “para qué” a través de su propio filtro, y le encuentre sentido a la función de Recursos Humanos en su empresa. Es entonces cuando esta función empieza a crecer en la misma, y es entonces cuando empieza la “Magia”. Antes que crear un departamento de Recursos Humanos, es vital conocer el sentido de para qué la función de Recursos Humanos en la empresa, así de simple; ahí es donde trabajo, en ese terreno me muevo.

Quizás es esto lo que se ha estado fraguando en mi durante todo este tiempo, quizás no es que no tenía ganas de escribir, o no tenía tiempo, es simplemente que estaba consolidando interiormente un nuevo sentido a mi profesión, y necesitaba poner foco en este proceso, sin distracciones, pues algo dentro de mi me decía que era lo que debía hacer, y punto. No me preocupaba no escribir, pues tenía claro que no tenía sentido hacerlo si no veía para qué. sabía que tenía que esperar, muchas veces, el tiempo es tu aliado.

En definitiva, adaptarte para encontrar sentido en todo lo que hagas es, sin duda, una Competencia Profesional. Adaptarte, contrariamente a lo que pueda parecer, no es ser capaz de hacer cosas diferentes, en varias situaciones, en escenarios diferentes y con varias personas heterogéneas. Adaptarte es el proceso de encontrar el sentido a lo que haces, teniendo en cuenta factores intrínsecos y extrínsecos en cada momento vital. Un proceso, además, continuo. De hecho, seguramente me encuentre ya inmerso en otro, de forma inconsciente, pero voluntaria. El Ciclo de la Vida.

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Filosofía, Recursos Humanos y otras “Marías”

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Teatro Romano de Mérida (Flikr personal)

De unos años para acá ha surgido el debate sobre la importancia de las Humanidades en la Educación y, más recientemente, la relevancia de las mismas en el empleo del futuro, como ya apuntan expertos analistas, organismos internacionales y empresas multinacionales, pues su estudio desarrolla determinadas habilidades y enfoques frente a diferentes situaciones, y que serán muy apreciadas en el Mercado Laboral venidero.

En mi opinión, como estudiante de “Letras Puras” que fui, no tengo dudas al respecto, es algo básico y, en mi caso, ha cimentado mi personalidad. De hecho, considero mi profesión, la de Recursos Humanos, como el lado “Humanista” de las empresas. Esta circunstancia me ha hecho observar con bastante tristeza y resignación el descrédito y discriminación que las asignaturas “Humanistas” han ido sufriendo sucesivamente a los largo de los cambios legislativos, y que ha llegado a las Universidades, con el cierre de facultades relacionadas con estas ramas, tanto a nivel nacional como internacional. Por eso me alegro de que en estos momentos denote una nueva puesta en valor de esta rama, como entiendo no podría ser de otra manera.

Alguien dijo que: “El pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla”. Esta frase, sin autoría definida, aunque usada por muchos ilustres personajes, es totalmente aplicable al individuo e igualmente a las empresas. Es más, yo añadiría a la misma que “…y nunca podrá evolucionar”.

Casualmente o, quizás, premeditadamente, la mayor parte de las asignaturas consideradas “Marías”, es decir, las que se aprueban sin esfuerzo, pertenecen al ramo de Humanidades: Religión o Ética, Filosofía, Educación Física, Música, Dibujo, Arte, Latín, Griego…. Salvándose de la quema, generalmente, Ciencias Sociales, Historia, Lengua y Literatura. Esta clasificación variaba en función del Colegio o Instituto, y del profesor que la impartía. En mi caso, por ejemplo, donde estudié, la Educación Física era poco menos que la preparación para los Juegos Olímpicos, muy orientada al esfuerzo, mejora continua y equilibrio entre cuerpo y mente, disciplina y trabajo en equipo, cosa que aún sigo agradeciendo al, en su día, “odiado” Profesor Ignacio, dada su alta exigencia. De hecho, hubo gente que repitió curso con esa asignatura en la “mochila”, entre otras.

Cuántas veces me habrán preguntado: ¿para qué sirve estudiar Latín?, no digamos Griego, o Filosofía. Yo siempre daba la misma respuesta: “para lo mismo que sirve estudiar las raíces cuadradas, o los logaritmos neperianos, o los protozoos, o los ácidos alcalinos, para nada….. para todo….. PARA LO QUE QUIERAS”.

Creo que esta es la clave, “para lo que quieras”. Estas asignaturas, en complemento con aquellas basadas en lo empírico, en lo demostrado por la práctica, tales como Ciencias Naturales, Física, Química, Matemáticas, Lengua… son las que aportan sentido crítico, son las que ayudan a ampliar enfoques, aportar alternativas de solución, aportar nuevos caminos, y ayudan al individuo, a decidir, con criterio, en todos los campos de la vida.

Estas asignaturas, como todas las demás, son las que conforman nuestra personalidad, nuestra forma de actuar y ver las cosas que suceden en nuestro entorno cercano y en nuestro entorno global. No hay constancia de científicos ilustres y reconocidos mundialmente que no hayan cultivado la Razón, como no hay constancia de filósofos históricos y que han iluminado a la Humanidad que no hayan tenido inquietudes y conocimientos científicos, poniéndolas en práctica muchos de ellos.

El adecuado equilibrio de ambas caras de la misma moneda son los cimientos de la Evolución y de la Innovación, en el Pensamiento y en la Ciencia y, por ende, en una Sociedad.

Por analogía, y llevado al mundo de la empresa, nos encontramos también con departamentos “Marías”, entre los cuáles incluyo, mal que me pese, el de Recursos Humanos, aunque parece que esta percepción está cambiando en los último años, y que así siga.

Estamos pasando de la mera gestión laboral a ser el garante de la “Cultura de Empresa”, que se dice muy pronto, pero para llegar de un punto a otro se ha tenido que trabajar mucho, y durante muchos años. Y es que es este departamento el que debe liderar y/o acompañar en la implantación de procesos que propicien el caldo de cultivo adecuado para la innovación y evolución en, y de las empresas y, lo que es lo mejor de todo, debe procurar que todos los empleados, en especial los que tengan posiciones con responsabilidad en equipos de trabajo, sean también Recursos Humanos.

Dicho de otro modo, no seamos un departamento, seamos una Cultura de Empresa. Me preguntan muchas veces, y lo seguirán haciendo: ¿para qué sirve Recursos Humanos?, yo respondo lo mismo que para las asignaturas “María”: para nada….. para todo ….. PARA LO QUE LA EMPRESA QUIERA”.

Sigamos avanzando.

 

 

Autenticidad

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Sé auténtico

 

En todas mis charlas (prefiero llamarlas conversaciones, pues hago uso del debate como única herramienta) dedicadas a la búsqueda de empleo, parto siempre de una premisa muy importante a la hora de afrontarla, y es que en materia de Selección de Personal, dos más dos raramente va a resultar cuatro. Me explico.

En un proceso de selección de personal, como en cualquier proceso en el que haya personas involucradas, hay una serie de variables que son muy difíciles de controlar, no sólo para los candidatos, si no también, incluso, para los propios reclutadores. Estas variables están siempre en mayor o menor medida relacionadas con las emociones, las sensaciones, las percepciones, los estados emocionales, los valores, etc… En definitiva, variables que forman parte de las personas y que en su conjunto, conforman nuestra forma de ser, habiendo por tanto, tantas formas de ser como personas hay en el Mundo.

Lo expuesto anteriormente significa que, por mucho CV que envíes, por muchas entrevistas que hagas, por muchos contactos que consigas, si a la hora de la verdad, en una entrevista (algo difícil de conseguir), tienes un mal día, por el motivo que sea, un reclutador no “te va a ver”, y por tanto no te seleccionará aunque seas el candidato perfecto. Por el contrario, puede pasar que, por muchas entrevistas que hagas, por muchos contactos que consigas, si a la hora de la verdad, en la entrevista, el reclutador tiene un mal día, al igual que en el caso anterior, no “te va a ver”, aunque seas, igualmente, el candidato perfecto. Esto pasa.

Hay que tener en cuenta que, cuando se está en plena búsqueda de empleo, se dan determinadas situaciones en la que los nervios nos pueden traicionar, cuando nos llaman, cuando nos entrevistan, cuando realizamos determinadas pruebas, etc… Los reclutadores sabemos perfectamente, porque también hemos estado en “el otro lado”, que es normal estar nervioso, pues se trata de una situación muy importante, como es obvio, la de tener la posibilidad de acceder a un trabajo.

Teniendo en cuenta esta situación de nervios y de cierta tensión que nos generan los procesos de selección, sobre todo cuando nos interesa mucho el puesto o, cuando necesitamos el trabajo de manera urgente, se trata de saber gestionar ese estado de presión.

No voy a explicar  en este artículo las técnicas habidas y por haber para gestionar este tipo de situaciones, primero porque no a todos nos sirve lo mismo y segundo porque no creo en muchas de ellas. Sí quiero poner el foco en el aspecto que, en mi caso, más valoro en un candidato, y es la autenticidad, la naturalidad. Leemos y escuchamos por distintos medios los típicos consejos de cómo responder a determinadas preguntas, cómo debe ser tu gesto durante la entrevista, cómo debes sentarte, etc… Sí, es importante tenerlo en cuenta, pero no debemos hacer caso a aquello que nos haga actuar de manera forzada, aquello que nos obligue a aprender un “guión” y soltarlo como un loro en la entrevista, aquello que nos haga quedarnos en blanco o en fuera de juego, cuando la entrevista no va por los derroteros que habíamos previsto. No se trata de decir o hacer lo que el reclutador quiere oír o ver, se trata de ser como tú eres, se trata de sentirte cómodo contigo mismo. Donde hay que poner el foco es en actuar como eres y en hablar como normalmente hablas, dentro de unos parámetros de seriedad y conducta que toda entrevista de trabajo requiere, pero sin resultar forzado. Cuando una persona actúa como es, la información que reciba el reclutador será más veraz y más completa y,  en definitiva, más auténtica.

No obstante, una vez salvada esta circunstancia, aún así puede que no seas el candidato adecuado (recuerda, en estos temas, dos y dos no siempre dan cuatro), pero al menos has sido tú, has puesto todo lo que dependía de ti, en el asador.

¿Habilidades para los nuevos tiempos?

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Nuevos Tiempos

Mucho se habla de las nuevas competencias que las empresas están solicitando hoy en día a los profesionales, sobre todo poniendo especial énfasis en aquéllas relacionadas con la eclosión de las redes sociales, nuevas tecnologías y entornos colaborativos, y que se están aplicando en la búsqueda de empleo, en el emprendimiento y en el trabajo por cuenta ajena, tales como creatividad, colaboración, flexibilidad, resiliencia, comunicación, etc.

Yo me pregunto muchas veces si estas nuevas competencias son realmente nuevas. Muchas veces me da la impresión que antes del 2.0 éramos poco menos que autómatas y que actuábamos por inercia, y que la capacidad humana se ha descubierto hace pocos años.

En mi trabajo me encuentro con muchos clientes perdidos en muchos casos y, en otros, desengañados con este boom de “Marca Personal”, “Competencias Digitales” o “Intraemprendimiento”. Profesionales que, en muchos casos, estaban plenamente establecidos en el Mercado Laboral y que, tras muchos años sin tener la necesidad de buscar trabajo, no entienden el nuevo escenario.

No todos pueden tener un blog personal, unos porque no les apetece, otros porque no les gusta, otros porque sencillamente no tienen el don de escribir. No todos los que tenemos un blog somos seres brillantes, y hay muchas personas que no sienten la necesidad de tenerlo pero sí que son brillantes. Lo mismo ocurre con el tener cuentas en Twitter o LinkedIn, o Facebook. Nos estamos preocupando demasiado por que la gente se adecue al Mercado, pero, ¿qué pasa con el Mercado?, ¿es que no debe adecuarse a los profesionales?, es más ¿hasta qué punto es cierto que el Mercado busque a profesionales con Blog y/o Marca Personal?

También están los jóvenes recién salidos del sistema educativo, sean del nivel que sea, muchos de ellos también están perdidos y no saben cómo encontrar una primera oportunidad, aunque sea algo raquítico.

Por otro lado no todas las empresas están en las Redes Sociales, y muchas de las que están, los están por estar, por lo que no las utilizan para el reclutamiento. Por tanto, gran parte de las Redes Sociales se quedan en una mera base de datos de empresas y de profesionales, en una “nebulosa en la Nube” que permite, tanto a empresas como a empleados, el poder decir: “Estoy en Redes Sociales”.

Esta circunstancia la veo mucho en el mercado local en el que me muevo, la mayor parte de las empresas desconocen el profesiograma de la zona y, en contadas ocasiones acuden consultoras de selección para incorporar profesionales, cuando no “tiran” de contactos. Por contra, los profesionales no saben cómo acceder a las empresas y, en la mayor parte de los casos, a lo máximo que pueden aspirar es a dejar el clásico CV en papel o en correo electrónico o, como mucho, sumarse a alguna oferta medio parecida a su perfil a través de conocidas webs de reclutamiento, sin recibir respuesta alguna.

En este sentido tenemos mucho que hacer los profesionales de Recursos Humanos, las Empresas y la Administración Pública. Realmente no existen iniciativas que acerquen y pongan en contacto a profesionales y empresas, pero de verdad, no me refiero a “networking”, muchos de ellos de “autobombo”, si me permitís la expresión. Me refiero a reuniones entre profesionales y empresarios, a programas de acercamiento real entre estos dos colectivos, de tal modo que los profesionales sepan cómo acceder a las empresas y qué piden, y los empresarios conozcan el nivel de cualificación del Mercado, identificándolo con mayor certeza, adaptando sus búsquedas y necesidades a lo que el Mercado ofrece.

Creo que hay que fomentar estas nuevas habilidades que han relacionado con las Redes Sociales, pero no solo en los profesionales, también en todos los agentes que intervienen en el mercado de empleo, Administración Pública, Empresas, Empresarios, Profesionales de Recursos Humanos, Orientadores, etc. Pero estas habilidades no se encuentran en las redes (en éstas se proyectan). Están en nosotros, las personas, y desde siempre, desde que nacemos. El esfuerzo, por tanto, debe ir enfocado al acercamiento de profesionales y empresas en el mundo real, acercamientos continuos y con objetivos claros y concretos, orientados al conocimiento mutuo, sobre lo que necesitan las empresas y sobre el perfil profesional existente en el Mercado. Menos “charlas” y más conversaciones, en definitiva.

Impulso

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Baila, anda, juega

No queda otra que bailar la danza que nos toca, pero tú puedes marcar el ritmo.

No queda otra que andar el camino, pero tú puedes marcar la ruta.

No queda otra que jugar el partido, pero tú puedes marcar la estrategia.

No queda otra…

Esperar, condicionar, excusar, no es más que perder tiempo.

Equivocarte es más fácil que acertar, no te quepa duda, nos pasa a todos.

Intentarlo es el principio, pero también puede ser el final, ¿qué más da?, siempre hay alternativas, siempre hay otras danzas, otros caminos, otro partidos. Después de bailar mal, tienes dos opciones, hacerlo peor o hacerlo mejor. Después de andar por un camino equivocado, quedan dos opciones, o perderte más o reconducirte. Después de perder un partido, te quedan dos opciones, no jugar más o jugar otro, que quizás ganes.

Se trata de bailar, se trata de caminar, se trata de jugar partidos.

No queda otra que seguir, no queda otra que avanzar, porque perder y equivocarte también es avanzar, entra dentro del guión.

Coger impulso, provocar movimiento, tener la voluntad de hacer cosas, no lo marca las empresas, ni la Sociedad, ni los políticos, ni siquiera la Naturaleza, lo marcas tú. Siempre tienes opciones, puedes elegir. Es el Libre Albedrío.

Ahí está la clave, ahí reside el misterio, ahí está el nudo, de ahí nacen los miedos. Elegir e impulsarte.

Elige el ritmo que quieras.

Elige el camino que quieras.

Elige la estrategia que quieras.

Pero baila, anda, juega.

Elige, e impúlsate. Adelante.

Aprender de dos generaciones

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Hace poco cumplí 40 años, por lo que pertenezco a una generación que está, en estos momentos, inmersa de pleno en el proceso de toma de las riendas de la Sociedad a todos los niveles, públicos y privados, es nuestro turno.

Estamos en medio de dos generaciones muy potentes, la de nuestros padres, que armaron la Sociedad actual prácticamente de la nada, sobreviviendo a un duro periodo de posguerra, no sólo enfocado en España, si no en todo el mundo y, por otro lado, la de nuestros hijos, los cuáles, sin ninguna duda, veo mucho más espabilados que nosotros a su edad, el mundo interconectado es su hábitat, ya lo dominan, y la inmediatez es su lema.

Como digo, es nuestro turno, pero la sociedad que estamos cogiendo no es la Sociedad que nos dibujaron, no es la Sociedad en la que nos enseñaron a vivir, está cambiando, ha cambiado, seguirá cambiando. Vaya turno, hemos estado treinta y pico de años preparándonos un papel que, llegado el día del estreno, nos lo cambian. ¿Y ahora qué? Se supone que con nuestra edad la vida debería estar resuelta ¿no?, pues resulta que no. Nos toca seguir aprendiendo, nos toca adaptarnos, nos toca trabajar duro, nos toca ver la vida como si siempre estuviéramos en 1º de EGB, nunca la tendremos hecha, pero siempre la estaremos haciendo, hasta el final. Afortunadamente tenemos dos buenos espejos donde mirarnos, el de nuestros padres y el de nuestros hijos, la clave es encontrar el equilibrio y, una vez encontrado, marcar los pasos. Ahí radica el problema, encontrar el punto de equilibrio, y no quedarnos en fuera de juego.

No hay “Ninis”, no hay generaciones perdidas, no hay generaciones agotadas, lo que de verdad no hay es equilibrio, sólo excesos, sólo radicalismos, sólo etiquetas, sólo blanco o negro. Los mayores se resisten a los cambios, quizás por las cosas de la edad, quizás porque lo que han conseguido les costó mucho esfuerzo, y aunque lo hayan perdido, siguen haciendo las cosas como siempre lo han hecho, sin ver que eso ya no funciona en el nuevo escenario. Los pequeños quieren cambios, constantemente, porque lo monótono les aburre, porque lo establecido no conjuga con sus gustos e inquietudes, porque el dar por hecho las cosas no genera resultados, van más rápido que nosotros, se cuestionan las cosas más que nosotros.

En esta encrucijada estamos. Nosotros, que hemos mamado y vivido la cultura del esfuerzo y del sacrificio para alcanzar una estabilidad, nosotros, que estamos viviendo el cambio de paradigma en toda su magnitud, nosotros, que nos hemos agarrado al tren de la revolución tecnológica del Siglo XXI educados en los valores y normas del Siglo XX, nosotros, tenemos un papel duro, pero apasionante, el de seguir aprendiendo, el de construir, de dos pensamientos generacionales, en muchos casos antagónicos, nuestro propio pensamiento, adaptándolo a la evolución social que vivimos, de tal modo que no nos quedemos en mera transición, si no en verdadero motor del cambio, en el escalón generacional que transformó la Sociedad, llevando lo bueno de nuestros padres para optimizar lo bueno de nuestros hijos

Creo firmemente que tenemos capacidad sobrada para ello, nos hemos preparado y formado muy bien, llevamos en la mochila esos valores universales y atemporales que debemos adaptar a esta nueva era, sabemos dialogar y tenemos sentido crítico. ¿Cómo lo hacemos?, no lo sé, no soy filósofo, aunque me considero una persona muy observadora, quizás ahí esté una de las claves, la de observar, la de analizar, la de tomarnos el tiempo necesario para reflexionar en ello, la de tomarnos el tiempo necesario para comunicarnos con ellos, con nuestros padres y nuestros hijos, tomarnos el tiempo necesario para escucharles. El tiempo, ¡ah! el Tiempo, cómo nos hemos complicado la vida con tal de no tener tiempo, cuando el tiempo no es algo que se tiene, si no que se dedica.

Quizás no se trate de que nuestra generación sobrevivamos esta época de cambios, si no de que seamos nosotros mismos el Cambio, pero para ello hay que dedicar tiempo, porque se es Cambio comunicándonos y actuando, porque se es Cambio aprendiendo.

Dime, soy Recursos Humanos

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Hace unos años, un jefe que tuve me reprochó que hablara demasiado con los empleados, que no hay que escucharles tanto si no todo lo contrario. Esto significó, a corto plazo, mi “traslado” a un proyecto externo cuyo objeto era prestar orientación a los alumnos que realizaban determinados cursos programados, con la consiguiente penalización en contrato y salario, eso sí, sin dejar las tareas propias del departamento de Recursos Humanos, aunque con foco en la parte Laboral, que, por otra parte, no es mi especialidad.

Debo reconocer que esta circunstancia causó mella en mí, hasta tal punto que decidí irme de la empresa, con la idea, incluso, de abandonar mi carrera en este campo que tanto me apasionaba, por mera frustración y cansancio. Afortunadamente recapacité y decidí iniciar mi aventura actual, mi propio camino, en Talento Local y Personas.

He tenido siempre la suerte de trabajar en lo que me gusta y en donde me gusta, en cada etapa de mi trayectoria profesional, pero pocas veces he podido desempeñar mi profesión como yo la entiendo, hasta ahora.

No soy el mejor profesional de Recursos Humanos, por supuesto, pero tampoco lo pretendo, no compito con nadie, sólo conmigo mismo, tratando de mejorar a diario, pero hay una cosa que tengo clara, que nuestra profesión, tal y como yo la entiendo, requiere el ejercicio de una competencia por encima de las demás, la de la Escucha.

Al fin y al cabo, y contrariamente a la idea, en mi opinión, equivocada, que se tiene de nuestro departamento como un mero ejecutor de las órdenes que vengan de arriba, debemos trabajar desde las bases, desde el conjunto de los empleados, que son nuestra “Materia Prima”. Éstos, son los que hacen que la empresa funcione diariamente, son los que tienen información de primera mano de nuestros clientes, de la calidad de nuestros productos o servicios, los que detectan los problemas internos de la empresa, los que transmiten las sugerencias de mejora, los que dan forma a la Cultura de Empresa, los que toman las pequeñas decisiones que permiten que las cosas se resuelvan, los que crean el “Know-How”, los que generan y desarrollan las ideas, los procedimientos… en definitiva, son personas, son profesionales.

Un buen gestor, de cualquier rama de la empresa, tiene como una de sus responsabilidades más significativas la toma de decisiones ante cualquier aspecto que le atañe, y debe tomar en cuenta, entre otras variables, las opiniones, propuestas y quejas de sus colaboradores. Lógicamente no todas las opiniones son acertadas, no todas las propuestas son adecuadas, y no todas las quejas son fundamentadas, pero tampoco todas las opiniones son desacertadas, todas las propuestas son inadecuadas y todas las quejas son infundamentadas. Ellos se pueden equivocar sí, pero también los gestores, directores o gerentes, simplemente porque todos somos personas y profesionales, y, por otro lado, el compromiso no va ligado necesariamente al nivel de responsabilidad. No por tener el puesto más bajo implica tener carencia de compromiso.

En este sentido he escuchado de todo, pero la frase que más me ha llamado la atención es la de “quien tiene una queja tiene un tesoro”. No puedo estar más de acuerdo con eso, aunque no en el sentido en que se dijo. Creo que en una empresa no puede haber algo más triste que los empleados lleguen a tal punto que ni eleven sus quejas, propuestas u opiniones. Esa, para mí, es una empresa perecedera. Todo es queja cuando no se escucha, todo molesta cuando no hay interés en lo que te transmite la gente, todo lo que sea valorar lo que te llega de abajo es una pérdida de tiempo cuando no quieres valorarlo, por que quien decides eres tú.

Lo más grave, aún, es cuando hasta el propio departamento de Recursos Humanos se dedica sólo a ejecutar sus tareas como un autómata, cuando deja de lado a los empleados, cuando piensa que todo lo que venga de ellos son quejas, cuando piensa que no se debe hablar con ellos. Os digo que conmigo no contéis si funcionáis así.

El Cambio, el verdadero cambio empresarial, parte de la Escucha, no de la introducción de una tecnología o de una maquinaria determinada, o de crear una Intranet o de introducir las Redes Sociales, o en definitiva de ser modernos e innovadores. De nada sirve si no se escucha a quienes participan en la empresa, a quienes alquilan sus vidas para procurar el crecimiento de la misma. La Comunicación Interna es más simple que todas las sofisticaciones que nos venden, es tan sencillo como sentarte con un colaborador y decirle: “Dime”, es hablar con la persona que hay detrás del profesional. Recursos Humanos, sin duda, tiene mucho que aportar en este terreno, es más, DEBE.