Eres lo que aficionas

Aficiones
Aficiones

En muchos de los CV que veo a lo largo del día aparecen, en su parte final, las aficiones del candidato. Salvo algún caso excepcional, siempre aparecen enumeradas, sin profundizar y detallar, y que no van más allá de la lectura, ir al cine, correr o senderismo, entre otras.

Otros candidatos, no obstante, optan por no reflejar absolutamente nada relacionado con las aficiones, dejando a la interpretación del reclutador si ciertamente es que no las tienen o, si las tienen no las incluyen por considerarlas una información inútil o bien por timidez, que también ocurre.

La verdad es que la información relativa a las aficiones no va a inclinar la balanza por una candidatura frente a las otras, pero sí que aportan una información muy valiosa sobre la personalidad de los candidatos, sobre sus inquietudes y gustos, sobre su estilo de vida, sobre su interacción en su entorno, sobre sus aspiraciones, sobre sus relaciones sociales, etc…y que son muy tenidas en cuenta por los reclutadores y cada vez más por las empresas, que se interesan por el estilo de vida de los empleados.

En definitiva, las aficiones pueden aportar más información de la personalidad que hay detrás de ese CV que las titulaciones y experiencias obtenidas a lo largo de su trayectoria profesional. Además, pueden ser contrastadas por la información que compartan en sus redes sociales.

Hay que tener en cuenta que un CV hay que leerlo “entre líneas”. Los reclutadores analizamos entre la información meramente técnica determinados signos que nos puedan indicar el tipo de personalidad del candidato, como la forma de comunicar, la ortografía, el orden, la claridad de la información reflejada, la coherencia, etc.… Cada vez más los candidatos reflejan las competencias que se tienen y los logros conseguidos y que lógicamente hay que contrastar en entrevista y en referencias, pero también buscamos y contrastamos si la personalidad que nos ha transmitido el CV se corresponde con la que muestra el candidato en la entrevista, conversación telefónica o videoconferencia y, cómo no, en el 2.0. No olvidemos que la personalidad es clave para evaluar la adaptación de un candidato a un equipo de trabajo, cuestión clave para una incorporación exitosa, tanto como su cualificación técnica y experiencia.

Es por ello que no sólo incluir, si no desarrollar un apartado de aficiones facilita el trabajo a los reclutadores, pero es que además aporta personalidad al CV, lo humaniza. Lógicamente este aspecto también se debe proyectar en la Marca Personal, que, como su nombre indica, proyecta tu personalidad, tu huella como persona, tanto en la vida offline como en la online.

¿Cómo reflejar las aficiones?

Habría que ver primero cuáles son los elementos que hacen que una afición sea realmente eso, una afición:

1- Ha de ser una afición de verdad, constante en el tiempo. Ha de formar parte de tu vida y conformar tu estilo de vida, es decir, tiene que estar tan interiorizado en tu agenda que no eres tú si no puedes dedicarle tiempo.

2- Te tiene que aportar. Es lógico como consecuencia de lo anterior, hacer algo por hacerlo no tiene sentido, si lo haces es porque te aporta, ya sean habilidades intelectuales, físicas o ambas, e incluso emociones. En definitiva debe aportar aprendizaje… La clave aquí es ser consciente de lo que te aporta practicar esa afición.

3- Capitalizar lo aprendido practicando esa afición en tu vida privada y en la profesional, y explicarlo.

Por otro lado, no sólo se trata de reflejar las aficiones que practicas actualmente, yo también incluiría las que practicabas en el pasado pero que por diversos motivos ya no haces. La vida se escribe por etapas y lo que somos no es más que la suma de esas etapas y cómo las vamos afrontando.

Pongamos un ejemplo, si durante 6 años de tu vida has hecho danza, piensa qué es lo que te ha aportado: coordinación cuerpo-mente, disciplina, trabajo en equipo, concentración, autoconocimiento, constancia, capacidad de mejora, vencer la timidez…. Apostaría lo que fuera a que estas habilidades adquiridas con esa afición son válidas en cualquier entorno laboral. Aparte denota por parte del candidato sensibilidad y humanismo entre otras. La clave es destacar esas competencias y sensibilidades adquiridas con la práctica de esa afición y que estén relacionadas con las que pueden ser válidas al puesto al que se opta, si lo piensas bien, siempre encontrarás la relación.

Se podría decir que un perfil profesional no sólo se adquiere con la titulación y con la experiencia en empresa, también en tu tiempo, en la práctica de tus actividades favoritas, puedes adquirir las competencias necesarias para el mundo laboral. Estas actividades pueden ser físicas o intelectuales o mixtas, pero son igualmente válidas si sabes reflejar cómo capitalizas lo aprendido con ellas, da igual que sean deportes, voluntariados, manualidades, actividades culturales, en Naturaleza, bien en equipo o bien en solitario.

Por lo tanto, no incluyas aficiones por incluir algo, sin un sentido claro. Desarróllalas y arguméntalas, dale valor añadido a tu CV y en las entrevistas reflejando y argumentando lo que te han aportado en tu vida y que aplicas en diferentes entornos y que, por lo tanto, te complementan como persona. Eso sí, no incluyas las aficiones comenzadas y no terminadas o consolidadas (como los clásicos propósitos de año nuevo o de vuelta del verano). Cuidado, pueden denotar que eres una persona que se rinde fácilmente, que te falta constancia o que careces de capacidad de planificación, de todas formas, no han llegado a ser una afición, si no un intento.

“Este artículo fue publicado en la revista La Publi el pasado 20 de septiembre”

Anuncios

El autoaprendizaje, un valor añadido

IMG_20150903_180145
Comportamiento autodidacta

Estamos sin duda ante uno de los comportamientos que más valor está adquiriendo en hoy en día, y de los que más en cuenta se está teniendo en la búsqueda de profesionales. Aprendemos desde el mismo momento en que nacemos, a través de la escucha, del tacto, de la lectura, de probar, de investigar, de la experiencia… Es algo innato en nosotros. Podríamos decir que somos autodidactas desde el primer minuto de nuestra existencia. Y en base a nuestros gustos e inquietudes vamos curioseando, seleccionando y profundizando en aquello que más nos interesa, gusta y realiza como personas.

Hemos llegado a un momento en el que para acceder a la gran mayoría de las profesiones es necesario certificarse o titularse para poder incorporarnos en el Mercado Laboral. Hoy en día la gente gasta mucho dinero en los miles de cursos que el Mercado ofrece y que, si bien permiten adquirir unos conocimientos específicos de un área en cuestión, ese título o certificado obtenido no garantiza el acceso al Mercado Laboral, aunque se estaría “burocráticamente” capacitado para ello.

Sin embargo esto ya no es suficiente, el hecho en sí de obtener un título prácticamente lo puede hacer cualquiera, lo diferenciador, lo realmente importante, es adoptar una actitud de aprendizaje continuo que no necesariamente ha de estar ligado a la obtención de un título que te capacite. Un título no es más que eso, un papel que certifica que has estudiado “equis” horas una determinada materia, pero no demuestra realmente que seas apto hasta que no se te vea poniendo el conocimento adquirido en práctica.

Desde que entramos en el “círculo educativo”, nos enseñan a aprender un número determinado de materias al año, independientemente de que fueran de tu interés o no. Había que aprobar sí o sí para pasar al siguiente curso. Con el paso de los años vas seleccionando ramas más acordes con tus inquietudes pero todas dentro de un cajón estanco del que no te podías salir. Esta “imposición” ha provocado que muchas personas hayan abandonado la actitud de autoaprendizaje (por no mencionar su formación en general) ciñéndose a lo estrictamente académico, a conseguir una nota en definitiva, y bien por falta de tiempo, de interés o por puro agotamiento nos dejamos llevar y dejamos de lado el aprender por amor al aprender, como un acto responsable de tu formación y desarrollo como persona.

Hemos olvidado que el aprendizaje no está sólo en las escuelas, institutos, universidades o centros de formación. El aprendizaje nos rodea y acompaña allá donde nos movamos, y ese aprendizaje “fuera de catálogo” puede ser tan o más importante que el meramente académico, entre otras cosas porque tú decides qué, cómo, dónde y cuándo aprender, en base a tus inquietudes personales y/o profesionales. Es lo que llamamos autoaprendizaje.

Una de las mayores críticas al autoaprendizaje es que la persona al ejercer control total sobre su desarrollo formativo, se alimente de fuentes no autorizadas o no debidamente contrastadas, cayendo en el error de adquirir conocimientos incompletos o equivocados, fuera aparte que al no acabar con la obtención de un título oficial, no obtendrá por tanto reconocimiento en el Mercado de Trabajo.

Sin embargo, los reclutadores no nos debemos fijar ya tanto en una titulación oficial (aparte de en esas profesiones en las que es una exigencia para ejercerlas, como Medicina o Abogacía por poner un par de ejemplos). Nos debemos fijar más allá de ese reconocimiento oficial a lo aprendido mediante el autoaprendizaje, a ese intangible que es la actitud de aprender con visión a largo plazo, con el objetivo de enriquecerte como persona, lo que en consecuencia tendrá su impacto en el entorno laboral, aportando valor añadido y transversal a todas las competencias que se deben poner en juego en el desempeño profesional y, por supuesto, y las personas que te rodean.

En cuanto a las ventajas de un comportamiento autodidacta, destaco aquí 10 de ellas:

1- Hacerte responsable de tu formación y de la forma en la que adquieres ese conocimiento.

2– En consecuencia, analizas el Mercado de tal modo que te permita saber qué conocimientos son necesarios en la profesión que quieres ejercer o ya estás ejerciendo, cuáles son las nuevas tendencias, qué piden las empresas, en qué especializarte, en donde puedes empoderar tus habilidades.

3- Por lo mismo, se hace necesario, tras adquirir esa visión global que te proporciona la ventaja anterior, el marcar una estrategia de aprendizaje acorde con los objetivos y con el tiempo con el que dispongas para dedicarle.

2- Comparar fuentes y verificar la validez, vigencia y aceptación de los contenidos.

3- Obtener sentido crítico y opinión y no dejarte llevar por lo que te digan.

4- Obtener visión global y a largo plazo, compartiendo y contrastando tus conocimientos en un blog, en una charla, en conversaciones cotidianas, en las redes. De nada vale lo que aprendes si no lo compartes, si no lo expones a los demás, que puedan rectificar, complementar o ampliar lo aprendido por ti.

4- Aplicar conocimientos y habilidades intangibles de otros campos al tuyo, por analogía.

5- Volver a dejarte sorprender por el Conocimiento Humano, cuya evolución va en paralelo al Pensamiento de cada época en que vivimos, de manera ineludible. Te hace estar al día en tu época y entorno.

6- Descubrir más inquietudes de las que crees que tienes, dar luz a tu rutina y salir de la comodidad y del que “me las den aquí todas”.

7- Adquieres seguridad, integridad, sensatez, riqueza en la conversación y perspectiva, generando debate. Eres capaz de hacer que visualicen tu perfil profesional y personal en un contexto laboral o personal determinado.

8- Cambias tu concepción de la Educación, la que te ha sido “impuesta” por lo componentes sociales, económicos, laborales del entorno en donde has vivido, para darte cuenta de que hay una “nueva” forma de aprender, la natural, en realidad la que has tenido siempre desde que naciste, aunque la olvidaste.

9- Darte cuenta de que equivocarte es uno de los mejores sistemas para aprender, y, de paso, te quitas el miedo a equivocarte, uno de los que más paraliza.

10- Por último, hoy en día, con el 2.0 y todas las herramientas de las que se dispone, ese autoaprendizaje puede salirte gratis (TED, MOOC , Blogs, publicaciones,….). Estamos en una era en la que las Nuevas Tecnologías están cambiando el entorno educativo y las maneras de aprender y obtener conocimiento. Ese entorno educativo, poco a poco, tendrá que adaptarse a ellas, y de hecho ya lo está haciendo.

En definitiva, el aprendizaje autodirigido o la conducta autodidacta te permite generar valor añadido en ti, en tu entorno y por supuesto, en un contexto laboral, y eso se reconoce. En un CV y en tu Marca Personal no cuentes sólo lo que has hecho, también cómo lo has hecho y por supuesto, qué has aprendido de ello y qué puedes aplicar en ese trabajo, ya sea de un contexto laboral y personal, y por supuesto de cualquier afición o inquietud que realmente forme o haya formado parte de tu crecimiento como Persona.

Otra cuestión es que las empresas creen el caldo de cultivo adecuado para que los profesionales puedan realizar autoaprendizaje en ellas y sean apoyados y reconocidos en esa actitud, pero esta es otra guerra que sin duda ya se está llevando a cabo, aún de manera paulatina, pero ineludible a medida que se vaya consolidando el relevo generacional.

Expertos

Expertos
Expertos

Las Redes Sociales nos han permitido proyectarnos a una serie de profesionales “expertos”, cada uno en su ámbito de actividad, de tal forma que con las herramientas antiguas habríamos tardado años y años de esfuerzo. Por otro lado ha permitido a otras personas el acceder a información y conocimientos y a contactar con personas referentes en su sector o profesión o ámbito de interés, que de otra manera hubiera sido casi imposible.

Para perfiles con una alta orientación hacia las personas como los que nos dedicamos a los Recursos Humanos en todos sus ámbitos, el poder sacar a la luz nuestras reflexiones, nuestros pensamientos, nuestra forma de entender determinadas cuestiones, todas ellas basadas en nuestra experiencia y años de consolidación mental, es a mi parecer un auténtico hito. Ahora bien, esta vocación por orientar, ayudar, aconsejar o acompañar no vale si detrás no hay personas no solamente dispuestas a escuchar, si no que además estén dispuestas a actuar.

Hay un principio básico que también se da en las Redes Sociales, y es que nadie le va a sacar “las castañas del fuego a nadie”, que no hay ayuda si no existe la voluntad de ser ayudado. Esa voluntad de ser ayudado no significa decir sí a todo lo que te digan, no significa hacer todo lo que te dicen que tienes que hacer para encontrar empleo, formarte, o crearte una red de contactos. Este café no es igual para todos. Es necesario para que exista verdadera voluntad de ser ayudado el poner tu parte, el interiorizar todos los mensajes que te llegan, llevarlos a tu terreno, ponerle tu sello personal y por supuesto actuar.

No conozco a nadie que haya logrado su objetivo siguiendo al pie de la letra lo que proponemos en nuestras entradas, pero sí conozco a mucha gente que ha logrado ponerse en marcha a raíz de éstas, a realizar un cambio por pequeño que sea, pero siempre, eso sí, adaptándolas a su forma de ser, a su entorno, a su actividad… a multitud de variables que solo atañen a ellas.

En mi opinión nosotros, más que expertos en una materia, somos expertos en aplicar todo lo que aprendemos en nuestro entorno poniéndole nuestro trabajo de interiorización y por tanto nuestra manera de entenderlo, somos expertos en enfocar nuestra actividad en el pilar del aprendizaje constante, somos expertos porque sacamos nuestras conclusiones a partir de nuestra experiencia y porque revisamos estas conclusiones a partir de las experiencias de otros, a quienes preguntamos, con quienes colaboramos, con quienes prestamos un servicio. Somos expertos porque compartimos lo que decimos, hacemos y opinamos, somos expertos porque no nos da miedo fracasar. Lo que realmente nos da miedo es el no aportar, el estar parados, el no seguir con nuestro apasionante camino. En definitiva el ser experto o no no es un resultado, es una actitud, que necesariamente ha de ser compartida, no hay experto si no hay contraste, si no hay interacción.

Las matemáticas exactas y lo absoluto no valen para las personas, aunque sí las probabilidades. Éstas las podemos manejar, sobre ellas estimamos futuribles y posibles, pero lo que realmente hace que lo que compartimos funcione es que el receptor coja lo que le sirva, le ponga su sello, lo adapte a su “ecosistema”, lo ponga en práctica y, por supuesto, lo comparta, entonces también se convertirá en experto, entonces manejará sus probabilidades.

“Mens Sana”

Deporte y Vida
Deporte y Vida

Que el deporte forma parte de nuestra vida es algo ya por todos sabido, que cada vez más personas lo practiquen en mayor o menor medida se comprueba todos los días en las calles, gimnasios, parques, playas, piscinas etc… y que los beneficios que tiene la práctica deportiva sobre nuestra salud física y mental están más que demostrados.

Ahora bien, me gustaría destacar en este artículo el ejemplo que pueden suponer cada una de las 10 disciplinas deportivas que enumero para nuestra vida personal y/o profesional, por las habilidades y valores que te permiten adquirir y desarrollar en cada una de ellas y que sin duda son de gran utilidad y aplicabilidad en nuestro día a día. Todas las disciplinas deportivas tienen en común virtudes tales como el esfuerzo, la dedicación y la superación, entre muchas otras, además del dominio de una técnica específica para cada una de ellas adquirida a base de mucho entrenamiento y sacrificio. No obstante me gustaría destacar los valores y habilidades que veo más relevantes en cada deporte que he escogido, independientemente de que también están presentes en el resto de las disciplinas aunque con diferente nivel de relevancia.

FÚTBOL: Una de las habilidades imprescindibles de este deporte es la capacidad de anticipación, tanto para despejar un balón, desmarcarse o bien lanzar un pase, lo que te exige altas dosis de concentración y visión de juego, saber leer y ver lo que va a suceder en la jugada para actuar de inmediato. Para los emprendedores, por ejemplo, de cara a diferenciarse en un Mercado cada vez más competitivo, es estrictamente necesario, como también lo puede ser en una estrategia de búsqueda de empleo a la hora de reconducir tu carrera profesional hacia un área o sector en auge o que te apasione.

TENIS: Destaco sobre todo el autocontrol, la fuerza mental. Un partido de Tenis pasa por varias fases de juego, las cuáles te van provocando un estado de ánimo determinado, es por ello que equilibrar las fases de euforia y bajón exige un buen trabajo mental previo que procure estabilidad y equilibrio, procurando una cierta continuidad en el juego. Esto se hace indispensable para ganar el partido. Al igual que en la vida, esos altibajos hay que saber gestionarlos basándonos en el control de nuestras emociones y en un buen autoconocimiento.

BALONCESTO: De él destaco el trabajo en equipo, pues obliga a cada uno de los jugadores, independientemente de sus características técnicas y físicas, a trabajar tanto en defensa como en ataque, en rebote como en estrategia, a sacrificar su individualidad en pro del equipo o viceversa, que el equipo trabaje para un jugador determinado cuando está en la fase de juego más lúcida. El engranaje del equipo, la generosidad y solidaridad de cada unos de los miembros se hacen necesarias para el éxito. ¿Acaso no sucede lo mismo en un equipo de trabajo?

CICLISMO: Pienso que la concentración física es decisiva, y no sólo la concentración mental. Me explico: En este deporte no hay más maquinaria que tu cuerpo, que ejerce de motor del vehículo, el cual se comunica constantemente con tu mente durante el recorrido dándote alarmas como pueden ser la fatiga, un pinchazo muscular, tensión en la espalda, un músculo recargado, etc… Estos mensajes del cuerpo provocan sensaciones en los ciclistas que han de gestionar mientras suben un puerto, o realizan una contrarreloj, o están escapados en cabeza de carrera. El concentrarse en esa parte del cuerpo que te avisa para paliar el problema se hace indispensable para superar una etapa, fuera aparte de la concentración mental que hay que tener para el resto de incidencias de carrera. En la vida pasa igual, el no prestar atención a esa parte de tu cuerpo que te avisa constantemente provoca debilidad física y por ende mental, teniendo como resultado una bajada del rendimiento en cualquier ámbito, y a una pérdida de atención a todo lo que te rodea.

ATLETISMO: En un deporte dominado por las “marcas”, los “tiempos” y los “récords” en cada una de sus variantes, se me antoja el afán de superación como la virtud más decisiva en él. El imponerte retos, objetivos a corto plazo para alcanzar el objetivo a largo, el entrenar a diario con foco en esos objetivos, mejorando en todos los aspectos que sobre el papel parecen ya inmejorables, evolucionando estilos de lanzamiento, de salto o de carrera, son una señal evidente de la constancia y disciplina que exige esa capacidad de mejora. Creo que en la cabeza de todos está que tanto en el trabajo como en la vida, si no posees afán de superación, estás dejando pasar de largo todo lo que te rodea.

RUGBY: Un deporte de equipo en la que tiene cabida cualquier persona, sea cual sea su envergadura y tamaño, no puede tener un valor más destacable que el de la humildad, entre otros. El aceptarte no sólo a ti mismo tal y como eres si no aceptar también a tus compañeros, con sus defectos y virtudes, y trabajando por un fin común, cada uno en su rol. ¿No lo consideráis imprescindible en cualquier entorno de vuestras vidas? Aquí no hay cabida a individualismos, o se esfuerzan todos, cada uno dentro de sus capacidades y responsabilidades o el equipo no logra los objetivos.

NATACIÓN: De este deporte destaco la coordinación tanto física como mental para lograr el éxito. Es un deporte en donde trabajan todos los músculos prácticamente al unísono, lo que requiere un trabajo pormenorizado y específico para cada uno de ellos, limando las “posibles asperezas” para “rascar” esos segundos que te pueden dar una medalla. Esta coordinación individual se multiplica considerablemente con la natación sincronizada, en donde todas las participantes se acoplan de tal manera al ritmo que marca la música que actúan como un sólo ente, con una plasticidad y belleza tal que en mi humilde opinión lo incluiría dentro del Arte por derecho propio, al igual que la Danza. Extrapolado a la vida, no hay nada que te haga sentir con plenitud el “sentido de pertenencia” a un grupo, una de las escalas de la Pirámide de Maslow, que el sentirte coordinado con tu entorno y con la época que te haya tocado vivir, pero para ello debes haber trabajado y alcanzado tu propia coordinación, es decir, la coherencia entre lo que dices y haces.

BOXEO: Es curioso que en opinión de muchos este es el deporte más violento, no obstante es donde el respeto juega un papel crucial para ganar un combate. Una vez trabajado el “rival” que cada boxeador tiene dentro de sí con un entrenamiento adecuado, el paso siguiente es equilibrar esa confianza en uno mismo con el máximo respeto al rival, pues de sobra saben que esa falta de respeto o subestima son el peor “gancho” que tú mismo te puedas hacer. Te hace perder concentración, velocidad y foco en el combate, lo que te puede llevar al “KO”. La vida exige lo mismo, sé fuerte, mejora, lucha por tus intereses y objetivos, pero jamás pierdas el respeto a nadie, porque estarás mostrando al mundo que quien no te respetas eres tú, y perderás el combate de la vida.

GIMNASIA: Sin duda sacrificio. Si no el que más, es de los deportes más sacrificados que hay. Empiezan desde muy corta edad llevando una vida muy disciplinada y estricta, pues un “desliz” puede echar abajo meses de entrenamiento. Y se retiran muy jóvenes, sin prácticamente haber tenido infancia y adolescencia y en algunos casos descolocados de la vida real. Por tanto el entrenamiento integral del cuerpo y la mente son totalmente indispensables para la consecución de los objetivos, tanto a nivel individual como en equipo, en todas sus disciplinas. Una de las claves del éxito en la vida como en el trabajo, cada uno en función de sus expectativas, requiere de disciplina, una vez trazada la hoja de ruta con un objetivo claro. Aunque no veas resultados a corto plazo (esto es lo difícil) has de mantener la disciplina, pues es la única forma de conseguir la meta.

AUTOMOVILISMO: Aplicable a cualquier deporte de motor es la concentración mental máxima, ya que o bien vayan rápido o bien por trazados inverosímiles y de alto riesgo, una décima de desconcentración puede llevarte a un final no deseado. Extrapolado al trabajo, a un proyecto o a cualquier actividad de tu vida privada el estar concentrado al 100%, el evitar distracciones, el minimizar errores y hacer una buena gestión del tiempo pueden ser garantía de éxito.

BALONMANO: Si no quieres que te piten “pasivo” has de actuar con determinación y decisión. El Balonmano, como deporte de equipo, se caracteriza por elaborar una jugada en la que participan todos los jugadores con el objetivo de encontrar la oportunidad adecuada para encararse a la portería contraria y lanzar la pelota. Es aquí en donde entra en juego la determinación, la decisión, la valentía de lanzar a portería, el arriesgar antes de que el árbitro levante los brazos y dejes escapar la oportunidad dejándosela en manos del equipo contrario. ¿Cuántas veces hemos dejado una oportunidad en el trabajo o en la vida por falta de decisión, por falta de determinación, por no verlo claro, por no arriesgar, por no perder, y al final te han pitado “pasivo”?.

Queda claro que en la vida y en el trabajo, todos debemos ser “decathletas”, si me permitís el símil deportivo.

Me dejo en el tintero muchos deportes, habilidades y valores. Es por ello que os invito, si os apetece, a que incluyáis en este listado los que consideréis, y así enriquecerlo.

Difícil

Incertidumbre
Incertidumbre

Vaya palabra, la de cosas que se han dejado de hacer a lo largo de la Historia porque eran “difíciles” de acometer. Y no hace falta ir tan lejos ni remontarse mucho en el tiempo; ¿cuántas cosas has dejado de hacer en tu vida porque te resultaban “difíciles”, aunque te hubieran gustado hacerlas e incluso tenías pasión por ello? ¿Por qué lo dejaste? ¿Por qué lo dejamos?

Démosle la vuelta a la argumentación: ¿Cuántas cosas ha conseguido la Humanidad superando esa barrera de lo “difícil”?, ¿cuántos logros y avances de cualquier índole han sido sencillos de conseguir, o crear, o inventar?, juraría que ninguno. Todos han costado un precio: personal, colectivo, dinero, salud, conflictos, muertes…. Pero el caso es que se han hecho, se han conseguido, y además se siguen mejorando. Seguro que tú también has conseguido logros que requerían un esfuerzo extra por tu parte, el superar una barrera “infranqueable”, el ponerte al límite, y seguro que en muchos de esos casos porque era estrictamente necesario, o porque se acababa el plazo o porque te lo mandaron hacer, y seguro que también algunos de ellos (los menos) por orgullo personal o porque elegiste y decidiste hacerlo. (Estos últimos son los que te generan una plena satisfacción, ¿no?).

Sin embargo, ¿cuántas veces utilizamos la palabra “difícil” como excusa para no hacer lo que queremos o debemos hacer? no digamos ya cuando utilizamos la palabra imposible, menuda losa de palabra, contundente, apaga y vámonos.

¿Qué hay realmente detrás de la excusa?

Lo resumiría en una palabra, RIESGO. No nos han enseñado a asumir riesgos, riesgos de verdad, sin red. Hemos vivido una época en la que los riesgos siempre eran controlados, estaban calculados, siempre había una red por debajo por si nos caíamos. Íbamos eligiendo y si nos equivocábamos elegíamos lo otro, sin sacrificar mucho, sin precipicio.

Pero resulta que nos han cambiado el escenario. Esta “crisis de todo” nos ha puesto en otro camino que poco o nada tiene que ver a lo que nos prepararon desde niños. Nuestras expectativas y metas, forjadas en el escenario pasado, no se corresponden con la nueva realidad, y nuestros viejos sueños se convierten en fantasmas que, lejos de motivar, frustran y generan impotencia, autodesconfianza e incertidumbre.

La incertidumbre forma parte de la vida, pero no nos han enseñado a gestionarla, no nos han enseñado a tener enfoque. Vamos del “blanco” al “negro” y nos olvidamos de los grises, de las alternativas. Estamos acostumbrados a elegir pero nos cuesta mucho decidir, el tomar la responsabilidad, el arriesgarse, el mojarse, el perder para ganar.

Sin embargo estamos ante una oportunidad única:

Oportunidad de tomar decisiones de verdad, que cambien nuestras vidas.

Oportunidad de, una vez habiendo perdido lo que cada uno de nosotros hemos perdido, volver a ganar, con nuevos caminos, nuevas maneras de ver la vida, de hacer las cosas de otra manera, a nuestra manera.

Oportunidad de liderar tu vida, de retarte, de superarte, de aprender nuevas cosas, de conocerte de verdad.

Es ahora cuando más que nunca todo depende de ti, de cómo enfoques la realidad y de qué decidas hacer ante ella. Este nuevo escenario no es tan cómodo como el de antes, pero desde luego sí que más apasionante y, quién sabe, si necesario.

Nuestros jóvenes

Jóvenes resignados

La semana pasada tuve la oportunidad de dar una charla en un instituto sobre estrategia de búsqueda de empleo y preparación del currículum a chavales de entre 16 y 18 años.

En esas edades tienen otras preocupaciones lógicas de la adolescencia y que sin duda deben vivir y sentir para conformar su personalidad y madurar. Sin embargo percibo que esta generación se ha encontrado con un escenario mucho más complicado que el que me tocó vivir a mí a su edad, hace ya 20 años. No sólo me refiero a la situación económica y de desempleo si no también a la pérdida de ciertos valores, sobre todo aquellos que apelan al amor propio y espíritu de superación y, en definitiva, los que te permiten que te pongas en valor. No voy a entrar a profundizar en los factores que han llevado a la pérdida de esos valores pues son muchos y me llevaría mucho tiempo, tan sólo quiero centrarme en la realidad que vi aquella mañana.

Esta generación, que tomará los mandos de la Sociedad dentro de unos 20 años, está perdida y muy poco estimulada, están rendidos ante la realidad y no tienen intención de hacer nada para remediarlo. Por otro lado creo que no les corresponde a ellos, al menos de momento. Es una generación muy poco escuchada, además de ser una generación muy abandonada a su suerte. Cuando acaben el instituto y se encuentren en la calle les llamaremos “Ni-Nis”  y les haremos responsables de su desidia cuando ni siquiera hemos sido capaces de dotarles de un entorno en donde puedan demostrar sus aptitudes y desarrollarse como personas y profesionales. Ante este escenario, te encuentras con unos chavales que lejos de querer comerse el mundo y demostrar, como debiera ser a su edad, sólo quieren divertirse y no hacer nada que suponga un esfuerzo ante la cruda realidad que les rodea, hasta tal punto que ven casi imposible crecer y prosperar, pensando en que hagan lo que hagan, estudien lo que estudien, nunca encontrarán empleo y, si lo hacen, éste no les aportará más que unos meses de experiencia y, si se da, un poco de dinero para sus fines de semana y sus móviles de última generación. Claro que hay excepciones, como siempre, pero este es el pulso general que tomé aquel día.

Por otro lado están viendo, cosa que me aterra, y gracias a la televisión en mayor medida, que no es necesario esfuerzo para triunfar y convertirse en ídolos (no necesito dar nombres), y perciben a un Rafa Nadal, por ejemplo, como un bicho raro que se tortura constantemente para lograr éxitos, y aun así no siempre gana. En definitiva, les noto perdidos y desmotivados.

Por otro lado, no quiero ser demasiado negativo, pues cuando les “tocas” de manera individual, valores y principios de antaño y de siempre, cuando les haces ver en qué contextos han demostrado su valía y determinadas competencias y en qué contextos podrían demostrarlas y desarrollarlas, dan un respingo sobre su silla y empiezan a interesarse por lo que  les comentas, y notas como perciben y se dan cuenta de que realmente valen, que pueden hacer algo importante. Es entonces cuando ven que pueden ponerse en valor.

Ellos no quieren falsas promesas y todo teorías. Quieren utilidad, quieren resultados, y algo o alguien que les sirva como un resorte. Se tienen que dar cuenta que pueden conseguir pequeños logros y que, con el tiempo y mucha constancia, esos pequeños logros pueden transcender en éxitos, pero para ello deben saber quiénes son, saber quiénes quieren ser y saber a dónde quieren llegar. A partir de ahí necesitan personas inspiradoras, padres, profesores y personas de su entorno, que les ayude a encontrarse a sí mismos y a ponerse en valor. Han aprendido teoría, han aprendido qué cosas se hacen y qué cosas se pueden hacer, pero no han visto o no han aprendido cómo lo pueden hacer ellos, cada uno de ellos. Ver el cómo hacer las cosas les hace percibirlas como posibles y, por tanto, verlas cercanas. Les ayudan a darse cuenta de sus virtudes y de sus aspectos de mejora y, en función de eso, pueden ver qué son capaces de hacer y pueden ponerse en acción.

Más allá de cuestiones teóricas, siempre necesarias, necesitan reafirmar sus valores individuales, verlos en funcionamiento y en su aplicación diaria. Necesitan creer y necesitan ver resultados a corto plazo. En esa edad se tiene un concepto de utilidad de las cosas muy cortoplacista, lo que no les sirva de inmediato, les aburre y lo abandonan.